viernes, 14 de marzo de 2008

6.- Toque a reloj suelto

BATALLA DE ARAPILES
HUIDA FRANCESA A TRAVES DE ALBA
22 – 23 de julio de 1812
Tres años después del combate de Alba de Tormes de nuevo se produce en sus inmediaciones un hecho histórico de innegable importancia. Apenas a 15 kilómetros de distancia de los antiguos campos de batalla de 1809, en el paraje de los Arapiles, se enfrentan ahora dos prestigiosos generales al mando de dos formidables ejércitos.
Wellington dispone de 52.000 hombres del ejército aliado integrado por tropas inglesas, portuguesas, españolas y alemanas. Su posición se extiende desde San Cristóbal de la Cuesta, Cabrerizos y los vados de Santa Marta hasta el Arapil Chico, y desde éste, casi en ángulo recto, hasta el pueblo de Los Arapiles.
Frente a él, el general Marmont encabeza la fuerza francesa compuesta por 47.000 soldados de diferentes armas que integran el ejército de Portugal y que se encuentra desplegado a lo largo de las posiciones de Huerta, Calvarrasa de Arriba y el Arapil Grande.

El día 22 de julio amanece con una fortísima tormenta estoicamente soportada por los 100.000 hombres y 10.000 caballos que despiertan en los campos de los Arapiles. A medida que avanza la mañana se producen ligeras escaramuzas en distintos puntos del frente y un desplazamiento hacia el sur, y después hacia el oeste por parte de las fuerzas de ambos ejércitos que defendían los vados del Tormes a la altura de Santa Marta y Huerta.
Las tropas invasoras ocupan un amplio arco de unos 8 kilómetros. En su interior se concentra el ejército aliado a cuyo frente lord Wellington sopesa la posibilidad de una rápida retirada hacia Ciudad Rodrigo. Esta idea parece imponerse y se emiten órdenes para que el bagaje del ejército, escoltado por un regimiento de dragones portugueses emprenda camino hacia Mirobriga.
Marmont interpreta el movimiento de este convoy y el desplazamiento de las tropas que cubrían los vados del Tormes hacia Aldeateja como el inicio de una retirada generalizada y ordena que el flanco izquierdo de su ejercito se posicione sobre el monte de Azán y, desde él, hostigue a las tropas aliadas en un intento de cortar su retirada o, al menos, de apoderarse de una parte de sus bagajes.
El ala izquierda, mandada por el general Maucune, no solo ocupó la posición ordenada sino que, imprudentemente continuó su avance hacia el oeste dejando sin cobertura un enorme hueco que le separaba del centro del ejército.
Wellington, que durante toda la mañana había organizado y desplegado cuidadosamente sus tropas, observó el movimiento de las divisiones francesas y la posición vulnerable en que se encontraban. Consciente de la oportunidad única que tenía ante sí ordenó un ataque inmediato por parte de la 3ª división inglesa junto a las tropas de reserva1, estratégicamente desplegadas, y toda la caballería.
Al darse cuenta del peligro de la situación Marmont dio ordenes urgentes ocupar los 1.600 metros que separaban el Arapil Grande del ala izquierda de su ejercito.Cuando se disponía a montar a caballo para supervisar personalmente los movimientos tácticos que acababa de ordenar, resultó gravemente herido en su brazo y costado derechos por el cascote de un obús de artillería. Debía sustituirle el general Bonnet, quien asumió la comandancia del ejército francés por breves instantes ya que igualmente fue alcanzado por una bala. En estas circunstancias la responsabilidad del mando recaía sobre el general Clausel quien, también herido, se encontraba en retaguardia.
La confusión, el desorden, la incertidumbre… cundió entre los soldados franceses. El ala izquierda de su ejército acababa de ser completamente derrotada y cuando al fin el general Clausel, cuya herida no revestía excesiva gravedad, logró tomar el mando ya no era tiempo sino de pensar en la retirada. No obstante aún se producirían feroces combates entre las tropas apostadas sobre el Arapil Grande y el Arapil Chico hasta que, al finalizar la tarde, se lograse la completa victoria aliada y las tropas francesas iniciaran una ordenada retirada hacia Alba de Tormes2.
Wellington, convencido de que Alba continuaba ocupada por una guarnición española creyó que los franceses estaban atrapados y no puso demasiado empeño en su persecución3. Sin embargo la villa había sido desalojada el 20 de julio, al parecer sin haber notificado esta circunstancia al mando aliado.
Lo cierto es que mientras el derrotado ejército de Portugal cruzaba el puente de Alba de Tormes e iniciaba camino hacia Peñaranda, Wellington enviaba su caballería a Huerta y Encinas4, culpando posteriormente del fracaso en la persecución, como en él era habitual, a las tropas españolas5.

El día 23, en las proximidades de Garcihernández, las fuerzas de caballería aliadas dieron alcance a la retaguardia francesa quien tendría que enfrentarse a la Legión Alemana del Rey que conseguiría romper varios de los cuadros formados por los soldados de infantería de Foy infligiéndole un número muy considerable de bajas6 y adquiriendo renombre internacional. Un siglo después de esta acción, durante la I Guerra Mundial, muchos de los soldados de la Legión Alemana del Rey llevaban inscritos en sus cascos la leyenda “Honor de batalla de Garcihernandez”.
A partir de este combate el ejército francés protagonizaría una rápida y magistral retirada a través de Peñaranda y Medina del Campo hasta las ciudades de Valladolid y Burgos poniéndose a salvo detrás de la línea del Duero7. Mientras, las tropas aliadas, cansadas en demasía, dieron por terminada la persecución el día 25 a la altura de Flores de Ávila.
De la retirada y persecución de las tropas francesas a través de Alba de Tormes el general Carlos de España, que ejercía el mando de las fuerzas españolas integradas en el ejército aliado, informaría a sus superiores mediante el siguiente despacho emitido en Alba el día 23:
“ … En la mañana del 23 el Ejército aliado, por varias columnas contiguas, fue dirigido sobre Alba de Tormes y la caballería pasó los vados de Encinas y Huerta para venir a tomar al revés las comunicaciones de Alba hacia Peñaranda por donde el enemigo había emprendido su retirada en la noche del 22 al 23 después de haber perdido la batalla. Al entrar en Alba con la División de mi cargo he sabido que el Mariscal Marmont se halla verdaderamente herido de un casco de metralla en un brazo, de modo que ha sido preciso sacarle en andas con cuatro granaderos y ha salido de esta villa hacia Peñaranda al romper de este día. El General de División Ferrey ha salido, igualmente, mortalmente herido, y de menos consideración los Generales de División Maucune y Clausel. Muchos oficiales de graduación se hallan en igual situación, y todo el Ejército en bastante consternación. Acabo de saber que la caballería del ejército aliado ha alcanzado la retaguardia enemiga hace dos horas y a pesar de su cuadro ha dado una carga brillante entre Garcihernández y Peñarandilla resultando un gran número de prisioneros.Todas las Divisiones de Infantería nos hallamos reunidas sobre el Tormes en esta villa y tenemos orden de estar prontos a marchar antes de romper el día de mañana 24 dirigiéndose todas las columnas hacia Peñaranda.He tenido orden de dejar un batallón para hacerse cargo del gran número de prisioneros que han resultado de la batalla y de sus consecuencias.Tendré el honor de informar a V.E. del resultado de las operaciones ulterioresNuestro Señor guarde a V.E. muchos años. Campamento sobre Alba de Tormes, 23 de julio de 1812.”

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1.- Estas tropas, formadas por la brigada portuguesa de Bradfor, la división española de Carlos de España, la brigada de caballería pesada de Le Marchant y la caballería ligera de Anson, se encontraba situadas en las inmediaciones del pueblo de Las Torres.

2.- Aunque no se dispone de datos exactos las bajas francesas en la batalla, entre muertos, heridos y prisioneros se cifran en unos 12.500 hombres. Por la parte aliada se calculan unas 5.220 bajas: 694 muertos, 4.270 heridos y 256 desaparecidos.

3.- Esta circunstancia será comentada por Wellington en los siguientes términos en el despacho que desde Flores de Avila cursa el día 25 al teniente general sir Thomas Graham:

“…Me habría gustado que los españoles siguiesen ocupando el castillo de Alba de Tormes. Lo habían evacuado antes de conocer mi deseo y creo que no se atrevieron a decírmelo. Yo no supe nada hasta que no encontré al enemigo en los vados del Tormes. Cuando los perdí de vista en la oscuridad marché a Huerta y Encinas y ellos fueron por Alba. De haber sabido que no había guarnición en Alba me habría dirigido allí…”

4.- Encinas de Abajo, situada al norte de Alba de Tormes.

5.- En descargo de la guarnición que ocupaba Alba de Tormes y la desalojó ante el empuje del ejercito francés cabe decir que nadie sabía, ni siquiera Wellington que más bien pensaba en una retirada, que se iba a producir una batalla y la importancia que ese enclave adquiriría en la retirada de las fuerzas derrotadas.

6.- Los dragones alemanes perdieron 127 hombres entre muertos y heridos. Las bajas francesas, incluyendo prisioneros, fueron unas 1.100.

7.- El periódico El Conciso, en su edición del 15/09/1812 reproduce, no sin cierta ironía, el relato que de esta batalla y de la retirada de las tropas francesas realiza la publicación El Monitor de París el día 18 de agosto.



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