lunes, 31 de diciembre de 2012

81 aniversario de la muerte de José Sánchez Rojas

Responso civil a José Sánchez Rojas.

«Cuatro palabras tan categóricas y tajantes como inesperadas: Sánchez Rojas, ha muerto. Y una desolación auténtica y fulminante en quien esto escribe.
¡Mal regusto nos deja, en su despedida, este año inmortal de 1931, tan simpático y fértil para nosotros!
Se nos lleva en su mutis al penúltimo romántico –el lector se dará cuenta de que nunca se va el último de veras, por más que se diga–, al que era una efectiva supervivencia de la bohemia literaria y periodística española, al escritor cultísimo, ágil, brillante, que ofrecía el vivo contraste de una prosa pulquérrima y cristalina, con su extremado abandono personal.
Sánchez Rojas y su prosa eran el vivo ejemplo del lodo y la flor. Un lodo humano, en el que podía estudiarse todo un curso de etimología y del cual surgía, maravillosamente, una flor de esplendida belleza.
¡Pobre Sánchez Rojas! Vida asendereada, zozobrante, salpicada de altibajos –el agobio tras la opulencia, la tiniebla tras el resplandor-, sufrida y filosófica.
Con tu desprecio de la exterioridad, de la prestancia social y de más elemental asepsia, eras causa perenne de vayas y diretes, de repulsas y aspavientos.
Paisano y cantor de Teresa de Cepeda, has ido a morir, como ella, junto a esa Alba de Tormes, florón de la Salmantica renacentista, junto al castillo ducal del hoy simple ciudadano don Jacobo Stuar, en plena tierra de señorío.
¡Quien había de decírtelo hace pocos días, cuando la Republica, haciendo honor al oro de tu estilo, te nombraba cronista oficial de la proclamación y promesa del nuevo Jefe de Estado!
Cuando en los días –para ti felicísimos y redentores- en que la Dictadura jerezana te confinó a la hospitalaria Huesca, recuerdo me decías paseando por el Claustro de S. Pedro el Viejo:
- Ya ves, la Dictadura ha creído castigarme desterrándome, y me ha hecho un gran favor. Escribo más, gano más dinero, madrugo, me baño todos los días, tengo novia… ¡Quien sabe! A lo mejor, si viene la República un día, acaso queriéndome hacer un favor, me perjudica de veras. ¿Ha sido así, querido Pepe?
No. La República no te preparó la emboscada de esa bronconeumonía que ha rendido tu organismo depauperado, en pocas horas. La República quería tu vida regenerada, digna y fácil. Ha empezado ya a darte la mano, cuando tú, en una escapada al rincón natal, te pierdes definitivamente, escondiéndote en el regazo de la tierra que te alumbro y que te sepulta, avara de tu pobre barro, satirizado siempre.
Con tu muerte, Sánchez Rojas, las letras españolas –ahora si que es verdad la eterna mentira–, pierden un artífice poderoso; la Republica, su cronista oficial; Salamanca y Ávila, su cantor dilectísimo; don Miguel de Unamuno, su fervoroso exégeta; el Café Colonia, su cliente de peor atuendo; Sánchez Ocaña y Pérez Bauces, la más socorrida válvula de su humorismo –«me levanto, me visto, me baño»– y nosotros, tus amigos, tus lectores de siempre, un camarada comprensivo y bueno que disculpa nuestra esquivez y un manantial de prosa límpida y castiza que fluía, inagotable sobre las ásperas hojas de nuestros periódicos.
Adiós, compañero. ¿Hasta cuando? ¿Hasta nunca? Misterio.
El que esto escribe solo sabe que contigo se le va un pedazo de su vida.»


Un Republicano

domingo, 30 de diciembre de 2012

Homenaje a José Sánchez Rojas

La prensa provincial, concretamente El Adelanto en su edición de hoy, informa de la intención del Consistorio de Alba de Tormes de celebrar un homenaje al escritor y periodista albense José Sánchez Rojas al cumplirse el 81 aniversario de su muerte

Según esta fuente, el acto tendrá lugar a las 10:30 horas de  mañana, día 31, y consistirá en una ofrenda floral en el cementerio, continuando las 11:00 con un homenaje infantil en el salón de plenos del Ayuntamiento.

Desde luego se trata una iniciativa digna de elogio por la que desde aquí felicitamos a sus promotores, aunque no por ello dejamos de lamentar el hecho de que nos hayamos enterado por la prensa, al tiempo que nos preguntamos para que necesita nuestro Ayuntamiento dos páginas Web si ni siquiera es capaz de informar a través de ellas de esta conmemoración,  como tampoco lo ha hecho a los Amigos de la Cultura de Alba a quienes, en ocasiones, se notifica mediante correo electrónico la celebración de unos actos y se omite la de otros.

viernes, 21 de diciembre de 2012

El brazo incorrupto de Santa Teresa viene a visitaros

Con este lema, y para conmemorar  el IV centenario de la reforma carmelitana, en el mes de agosto de 1962 el brazo de Santa Teresa inicia un peregrinaje por pueblos y ciudades de España con la intención de visitar todos los conventos y monasterios de la orden.

El viaje, que se prolongaría durante  un año -hasta agosto de 1963-, serviría también para realizar una cuestación nacional con el objetivo de obtener fondos para la reanudación de las obras de la Basílica Teresiana en Alba de Tormes. Sin embargo, a pesar de los masivos recibimientos y de las aclamaciones de que fue objeto la reliquia teresiana en todas las localidades por las que pasó, el resultado es de todos conocidos: las obras permanecieron paralizadas y de aquel viaje solo nos han llegado imágenes curiosas como éstas que ofrecemos   a  continuación.  

   
Alba de Tormes (Agosto 1962) La población y la imagen de Santa Teresa despiden la reliquia que inicia su peregrinar por España (Fotografías publicadas en el Libro de Fiestas de 2008)

    
Écija (Noviembre 1962). El Alcalde y el Coronel del Depósito de Recría y Doma portan la reliquia del  brazo de Santa Teresa que procesiona escoltado por la Guardia Civil y la Guardia del Honor de la policía municipal.




Zafra                                         Valencia (Enero 1963)                                   Barcelona

 

                                Cádiz (Diciembre 1962)                                               Tortosa


Baeza                                             Corella (Julio 1963)                                    Barbastro

 
Boñar (Julio 1963) El Alcalde recibe la reliquia que posteriormente procesionaría a hombros de mujeres de la localidad y escoltada por la Guardia Civil.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Mejorando en transparencia

«En el marco del programa POCTEP, REGTSA colabora en el Proyecto RED TRANSDIGITAL desarrollando nuevos servicios electrónicos para la Provincia de Salamanca. En este sentido, se elaboran los Portales de Transparencia Municipales, que buscan acercar las administraciones al ciudadano, haciéndolas más transparentes y generando confianza en la ciudadanía; además de cumplir con la Ley de Transparencia.» (http://www.transparenciasalamanca.es)

Hasta hace unos días obteníamos un rotundo suspenso en Transparencia Municipal: Tan solo 4 puntos.
Tras la publicación de este baremo, propio y de otros Ayuntamientos de nuestro entorno, se ha producido un cambio radical  y actualmente alcanzamos una puntuación de 22.
Aún nos queda mucho camino por andar, aunque hay que reconocer que la mejora ha sido sustancial. 


miércoles, 19 de diciembre de 2012

Presentación del último trabajo de la Banda de música.

Así sonaba la Banda de música de Alba de Tormes en la presentación de su último disco “Pasodobles taurinos” el pasado sábado en el Teatro de la Villa.
Reportaje emitido por TV Salamanca en su programa Salamanca es así


martes, 18 de diciembre de 2012

Banda de música de Alba de Tormes: Menuda Banda

A Jerónimo Cotobal –MITO In memoriam

Extracto del programa Vamos a Ver emitido por el canal Castilla y León Televisión el pasado viernes (14-11-2012). Contiene un reportaje dedicado a la Banda de Música de Alba de Tormes y una entrevista al que fuera el más veterano de sus componentes.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Las fiestas de Alba de Tormes en CyL Televisión

Videoreportaje sobre las pasadas fiestas de Alba de Tormes emitido en el día de ayer por el canal autonómico Castilla y León Televisión en su programa El Pasacalles.
La secuencia no es continua, y en ella se entremezclan escenas de celebraciones albenses con otras correspondientes a las de las fiestas de la localidad abulense de El Arenal.



lunes, 10 de diciembre de 2012

Nuevo olvido histórico

Atrás quedó el mes de noviembre y con él, el 200 aniversario de la defensa y evacuación del castillo. Como ya ocurriera en noviembre de 2009 con el de la batalla de Alba, ambos bicentenarios transcurrieron para los albenses con más pena que gloria y sin ningún recuerdo institucional.

Era de esperar, sobre todo si tenemos en cuenta la parcialidad del equipo de gobierno municipal que con una actitud impropia de un Ayuntamiento laico y aconfesional se centra únicamente en la preparación de centenarios teresianos dejando de lado la conmemoración de otros acontecimientos en los que Alba   adquirió una relevancia histórica ahora olvidada.

No es de recibo, e incluso, por paradójico, resulta poco ético, que una corporación que considera que el desarrollo de nuestra localidad depende de la actividad turística olvide éstas efemérides a las que en alguna ocasión, en documento poco afortunado, ha calificado como una de las actuales motivaciones de ese turismo tan necesario para Alba de Tormes. 

Sencillamente, lamentable.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Aniversario de Luis Bello

«En un Estado bien regido, el pobre tiene tanto derecho a la instrucción como el rico…»
(Luis Bello. Viaje por las escuelas de España)

Es curioso comprobar cómo la problemática educativa perdura, con las lógicas salvedades, a lo largo del tiempo.
Hoy, profesores, estudiantes, asociaciones de padres y madres de alumnos… se echan a la calle reivindicando una educación de todos y para todos, y en franca oposición al giro involucionista que experimenta la enseñanza pública en nuestro país. Antaño, un albense, Luis Bello, se lanzaba a recorrer las escuelas de España y clamaba contra la penuria y el abandono en que se encontraban.
Coincidiendo con el 140 aniversario de su nacimiento -lo hacía un día como hoy del año 1872- tratamos de recordar a este coterráneo olvidado y para ello recuperamos un artículo -que oportunamente nos hace llegar Ángel González- publicado por La Vanguardia el 6 de diciembre de 1972 en el que, además de unas pinceladas biográficas, se describe la lastimosa situación de la escuela pública a la que entonces, al igual que ahora, se le aplicaban recortes sin miramiento alguno.





domingo, 2 de diciembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Miércoles, 2 de diciembre de 1812

«Día 2. Cómo la columna se hallase con mas necesidad de equipo que de descanso, el comandante dispuso continuar la marcha á Plasencia persuadido á que en dicha capital tendría los auxilios que no podrán prestarle cortos pueblos; y verificándolo el día 5, tuvo el disgusto de que su autoridad le manifestase no poder socorrerle en cosa alguna más que por un día con raciones; pero los habitantes de esta ciudad, penetrados de la poca consideración del juez comandante de armas para unos soldados cuyo valor y constancia los presentaba héroes, tomaron por si el medio de abrir una suscripción voluntaria, para con ella calzar desde el comandante hasta el último individuo que se hallaban en la mayor necesidad, y ese rasgo de generosidad surtió tal efecto, que á muy pocas horas no solo fueron calzados, si también mucha parte habilitados de camisas, y algunos con pantalones. Sabiendo ya el comandante que el cuartel general del señor duque de Ciudad-Rodrigo se hallaba en Fresneda, pueblo de Portugal, y el del sexto ejercito en Galicia, el día 8 guió la marcha por Coria y Sierra de Gata con objeto de recibir el pasaporte para por dicho reino continuar a Galicia; y verificándolo el día 13, sin embargo de hallarse el referido Fresneda enteramente arruinado, y el generalísimo haber salido el 9 para Cádiz nada faltó á la columna por dejarlo así ordenado, como el que concurriesen á su casa todos los generales y gefes de graduación para acompañar á comer al comandante de la guarnición del castillo de Alba de Tórmes, lo que se verifico con todo jubilo y alegría: allí fueron entregados los dos cazadores de caballería rescatados por la guarnición el día 20. El 14 se rompió la marcha por Portugal sin faltar el menor utensilio á la columna que llegó el 26 á la ciudad de Orense en Galicia, siendo casi una sorpresa para  este país y el ejército, pues carecía de toda noticia  favorable: el 27, se incorporaron á sus compañías nueve soldados de los que quedaron de escolta en el castillo y de los tenidos por muertos á la salida, los cuales hacia cinco días haber llegado á sus casas fugados del enemigo desde la ciudad de Salamanca: estos declararon que los rancheros sin las acémilas, asistentes, y hasta el número de diez y siete soldados se volvieron inmediatamente al castillo; que los enemigos estuvieron en confusión mucha parte de la noche, y por ultimo colocaron los puestos en el mismo orden que los tenían, aumentando algunas escuchas sobre las mismas tapias del castillo; que la escolta sostuvo el fuego hasta el día; que reuniendo todos los soldados en el patio el teniente Solar mando al sargento Silva á la villa con una carta para el general francés, de cuyas resultas á muy corto tiempo vinieron tres compañías, y ellos conducidos al pueblo les suministraron ración de pan, carne y vino, trasladando los enfermos al hospital, y tratándolos á todos con la mayor consideración, por mandarlo así el general. Seguidamente vieron salir á la ligera seis compañías con la caballería, que decían ir á buscar la guarnición. Que al día siguiente con otros prisioneros ingleses los llevaron á Salamanca, desde donde se escaparon muchos, y en ella oyeron decir á franceses, y aun á españoles, que la tropa fugada del castillo había sido degollada la mañana del 25 por la caballería del ejército. El 29 quedando las compañías en Orense,  salió el comandante para  el cuartel general que se hallaba en la ciudad de Lugo, á presentarse al excelentísimo señor comandante general interino del ejército conde de Belveder, quien á consecuencia del parte que dirigió por los puestos el de la segunda sección de la tercera división acantonada en Orense, circuló al ejército la orden que se inserta al nº 10, y á  continuación lo hizo con la de que es copia el nº 11, á fin que fuesen recibidos por todos los batallones con banderas y oficiales en el orden de parada, cuya sinigual distinción se hizo  al comandante en Lugo por los regimientos de Benavente y Lugo, que se hallaban formados en el campo de Montiron con asistencia de un inmenso concurso; y luego que regresó á Orense, se verificó al todo de la columna por la mencionada sección compuesta de los regimientos Voluntarios de Santiago, Compostela, y Guadalajara: se dieron dos pagas á cada individuo, y licencia á los que tenían sus casas inmediatas: se celebró una misa en acción de gracias á la Virgen del Carmen, patrona del regimiento  de Monterrey, y los emolumentos fueron costeados gratuitamente por aquel clero. A últimos de enero  la compañía de Voluntarios del Rivero salió á incorporarse en su cuerpo que se hallaba en el Bierzo, y las de Monterrey para el suyo al Cantón de Verin. El generalísimo ordenó se recibiesen las pruebas de esta acción con arreglo al decreto de 31 de agosto de 1811, en las cuales se incluyeron todos los documentos originales, debiendo constar en ellas más por menor las ocurrencias que promueven este diario, respecto á que solicitó el comandante, que luego que el fiscal recibiese las declaraciones señaladas por reglamento, pasase á interrogar á la justicia y sugetos de carácter de la villa de Alba de Tórmes, y aun de sus pueblos inmediatos, quienes deberían deponer mas circunstanciadamente no solo de las operaciones de la guarnición si también de las del enemigo. En consecuencia de todo, y del juicio abierto contradictorio, se condecoró al gefe con la cruz laureada de la benemérita y real militar orden de san Fernando. = Es copia. = José de Miranda.»
[...]



«NÚMERO 10
Cuartel general de Lugo. = Orden al ejército el 28 de, diciembre de 1812. = El benemérito teniente coronel del regimiento de Monterrey don José de Miranda, que con las compañías de granaderos y cazadores de su cuerpo y la de Voluntarios del Rivero defendió enérgicamente el castillo de Alba de Tórmes, ha tenido la gloria de haber llegado con ellas á Orense abriéndose paso por medio de los enemigos, y superando las dificultades que ofrece una marcha de ciento y treinta leguas en la estación actual. Luego que se sepa el pormenor de este acontecimiento militar que tanta honra hace al que lo ha conducido, como á los que lo han ejecutado, se hará saber al ejército, al cual no quiere el excelentísimo señor comandante general retardar tan grata nueva, para que no se ignore están salvos y cubiertos de gloria sus compañeros de armas, sobre cuya suerte tenia fijada la memoria. S. E. se propone determinar la pompa y honras militares conque han de ser recibidos por todos los batallones unos soldados tan dignos del sexto ejército. = El gefe de estado mayor general = Estanislao Salvador.


NÚMERO 11
Cuartel general de Lugo. = Orden general del 30 de diciembre de 1812.
A consecuencia de lo que se sirvió disponer el excelentísimo señor capitán general en gefe acerca de las formalidades y honores militares con que debía recibirse cuando se incorporase en el ejército el teniente coronel don José de Miranda, y tropa que tan gloriosamente defendió el castillo de Alba de Tormes, ha acordado S. E. el excelentísimo señor comandante general interino del ejército, que la segunda sección de la tercera división que se halla en Orense proceda á efectuar esta honrosa y singular distinción, verificándolo con la solemnidad y forma siguiente: convenidos entre el señor comandante general de la sección y el teniente coronel don José de Miranda el día, hora y parage mas á propósito para la formación de los cuerpos de la sección y compañías del mando de dicho gefe, distando los unos de las otras ciento y cincuenta pasos próximamente, y presentada la sección en batalla con banderas desplegadas, pasará al orden de parada presentando seguidamente las armas. Al ejecutar este movimiento emprenderán las compañías la marcha tambor batiente en columna por mitades, y al paso redoblado, dirigiéndose en esta forma á pasar por delante de la batalla, á cuyo tiempo saludarán todos los cuerpos con tres aclamaciones diciendo: vivan los defensores de Alba: vivan nuestros compañeros de armas: vivan los valientes del sexto ejército. Alejadas algún tanto las compañías de la batalla, pondrán sobre la marcha armas á discreción, y desfilando por la derecha se regresarán á su cuartel, ejecutando lo mismo la sección después de volver al orden de batalla. = El gefe de estado mayor general = Estanislao Salvador.»


sábado, 1 de diciembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Martes, 1 de diciembre de 1812

«Día 1º de diciembre. Al amanecer la columna paso á la villa del Hoyo, donde llegó entre nueve y diez; y como hasta entonces hubiese sido imposible al comandante dar el parte de la evacuación del castillo y demás ocurrencias ulteriores, lo verificó en aquella tarde, despachando al sargento de cazadores don José Noval con oficios para el generalísimo, general en gefe y  gefe del estado mayor general, cuyos contenidos eran iguales al que se manifiesta al nº 9º. El teniente Narváez se incorporó sin los efectos: asimismo llegó aviso de Monbeltran y Arenas, que el enemigo caminaba al Puerto por reconocer era imposible alcanzar la guarnición del castillo de Alba de Tormes.»
 [...]



 «NÚMERO 9º
No sé si habrá llegado á manos de V. S. el parte que le dirigí con fecha del 16 indicándole lo ocurrido después de la retirada de las tropas que se hallaban en Alba de Tórmes á las ordenes del general John Tameter: en aquel instante aunque de paso ocupó el pueblo y campo todo el ejército enemigo, remitiéndome un parlamento para que les entregase el fuerte que se hallaba á mi cargo, cuyo contenido y el de la contestación notará V. S. al nº 1º: sus ideas eran facilitar el puente que acababa de cortarse, y para ello hicieron varios reconocimientos que les fueron bien caros: parte del día 15, 16, 17 y 18 puedo decir tuve libres; pues en la tarde del último ya se me presentaron trescientos dragones con nueva intimación demostrada al nº 2º Al día siguiente lo verificó una brigada de infantería, cuyo gefe repitió la tercera; y en la tarde llegó otra  brigada al mando del general de división Sarru quien me pasó la cuarta intimación, con otra contestación que le acompaña emanada de la que dí á su escrito: éste no demoró el circunvalar mi posición con veinte y tres puestos en avanzadas desde la orilla del rio hasta las alturas del frente de la villa de Alba, trazando la línea de éstas con el convento, y como punto central colocados en él unos cien hombres de infantería; á retaguardia del pueblo un batallón y la demás fuerza con su cuartel general, en la villa, donde ocuparon las torres y demás edificios altos, con el fin de descubrir á mis valientes soldados que como fieras se defendían tras de sus parapetos, y muchas veces fuera de ellos, para buscar mas á lo claro sus enemigos que andaban por las calles. Así continuaron, sin perdonar fatiga alguna hasta el día 24 por la noche en que les dí la orden de estar prontos para salir á atacar al enemigo, y seguidamente previne á don Nicolás Solar, teniente de granaderos de Voluntarios del Rivero, que con un sargento, dos cabos y diez y ocho soldados debía cubrir los puntos principales del castillo, siguiendo sus fuegos por el orden acostumbrado y algo mas vivos, para que el enemigo no echase de ver la gente que se extraía de los puestos: también encargué los veinte y tres enfermos de la guarnición, y los ciento cuarenta y tres prisioneros hechos en la salida el día 15, entregándole una carta para el general Sarru que debería remitirle al día siguiente, siempre que yo no volviese al castillo. En esto municioné la tropa á sesenta cartuchos y los sobrantes inutilizados en parage donde no sería dable al enemigo descubrirlos. Seguidamente abrí un portillo y formada la guarnición en masa con bayoneta armada y prevención á mis oficiales y soldados, despreciando los fuegos del enemigo y colocándome á la cabeza de esta columna emprendí la marcha á paso redoblado con tanta suerte, que en breve arrollé todos los obstáculos y mis enemigos; en el mayor desorden sin servirles de nada los toques y señales de alarma, solo se oían las voces que se dejaban entender, los españoles se van; y sus fuegos me indicaban el desorden en que se hallaban. A la media legua empecé á apostar partidas en escalones por si trataban de seguirme; mas estas nada tuvieron que hacer, y continué sin novedad hasta ser de día, que llegando al lugar de Carpio-Medianero se me avisó por la justicia hallarse al cuarto de legua seiscientos caballos enemigos, por lo que me fue forzoso desfilar sobre el flanco izquierdo, y emboscarme en la dehesa de Garcigrande, donde pasé el día haciendo exploraciones hasta las tres de la tarde, que se presentaron á reconocerme como á tiro de fusil treinta caballos, los que se corrieron, al parecer para descubrir bien mi retaguardia; pero sin dar lugar á ello rompí una marcha maquinal que sostuve hasta haber obscurecido, que cambie el rumbo con resolución de tomar á toda costa las barcas de las Romanas y aceña inmediata; mas por personas fidedignas se me dijo en el camino de Orcajo Medianero no haber barca alguna por haberlas destruido todas el enemigo; y viendo frustrada mi empresa, contramarché para salir por algún claro, que como sus fuerzas eran muchas, no pude conseguir en los dios 25, 26, 27, hasta el 28, que habiendo hecho los enemigos movimiento en Peñaranda y demás puntos que ocupaban, aprovechándome de él, salí del círculo en que me hallaba, y por medio de una marcha rápida en la noche pillé el Puerto del Pico que se me avisó tenían descubierto.   
Omito manifestar á V. S. cual ha sido la conducta de mis oficiales y soldados, pues todos á porfía se han esmerado en demostrar su heroísmo desde el día que entraron en el titulado castillo, que no es otra cosa que las ruinas de un palacio: así se observó, cuando empezaron las aguas, desplomarse las paredes: su recinto era desproporcionado para la pequeña fuerza de trescientos hombres, y por lo tanto han permanecido en los puntos sin relevo, ni otro descanso que el cambio de soltar el fusil para tomar la pala ó pico; mas con todo sus semblantes me indicaban la confianza que debía tener en ellos, y el gusto con que sufrirían la suerte que les inspirase el deber: durante el bloqueo solo tuve un granadero de Monterrey muerto al golpe, un sargento del Rivero herido, y el soldado portugués Manuel González del regimiento nº 2º, que cuando quiso seguir su cuerpo, ya el puente estaba cortado, y despreciando el fuego del ejército enemigo, se refugió al castillo. En la salida solo tuve trece á catorce muertos ó heridos, que por el objeto de mi marcha pasé con el dolor de dejarlos en el campo: la pérdida del enemigo no me es fácil expresarla, pero los campos de Alba y calles de este pueblo solo presentan cadáveres y sangre vertida de heridos, entre los que fueron algunos gefes y oficiales. El Rey intruso que pasó en seguimiento de su ejército el 16, tuvo que separarse á alguna distancia del camino y de sus soldados: el que fue atrevido, y no lo hizo, pagó con la vida. Dios guarde á V. S. muchos años. Hoyo en Extremadura 1° de diciembre de 1812. = José de Miranda. = Señor don Pedro Agustín Girón.»


viernes, 30 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Lunes, 30 de noviembre de 1812

«Día 30. Como a las cinco de la mañana recibió el comandante carta del lugar de las Cuevas comunicándole habían llegado á la garganta tres regimientos de infantería y uno de caballería enemigos preguntando por la columna, y que positivamente bajaban el Puerto; confiado en la hermosa localidad que ocupaba, el buen día, y cinco leguas de ventaja al enemigo, llevó adelante su idea de que la tropa se lavase y limpiase algún tanto la inmundicia que la cubría: que se pusieran los ranchos, y comidos, pasar lista a las dos de la tarde, como si hubiera de marcharse a aquella hora: á las doce del día llegó parte de Monbeltran manifestando hallarse a la vista el enemigo, y consecutivamente otro de ir entrando en la villa: ya fuese por los conductores de estos pliegos, o por las gentes que venían emigradas, el pueblo de Arenas se hallaba conmovido, y atribuyendo á la columna los males que presagiaba: en este estado de cosas el comandante dirige con un paisano oficio al ayuntamiento de Monbeltran diciéndole remitiese los zapatos y camisas á Almaraz, por tener orden de reunirse al tercer ejercito que había llegado a aquel punto, cuyo papel fue interceptado. Inmediatamente, y en seguida soltaron al paisano conductor, ordenándole el gefe de aquellas tropas volviese á decir á Miranda no ser fácil engañarlo á el después de haberlo hecho al general Sarru, y que sus circunstancias no le permitían seguir el camino de Plasencia; que fue el que tomó la columna tan luego como despacho el precitado oficio, haciendo noche en Candeleda, adonde vino el paisano con el mensage como á las nueve de la misma.»



jueves, 29 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Domingo, 29 de noviembre de 1812

«Día 29. Á las siete de la mañana se hallaba en lo alto del  Puerto del Pico cantando su victoria y descendiendo para el lugar de las Cuevas, donde hizo un largo descanso, adelantando ya itinerario que pasó á la villa de Monbeltran, para donde salió la columna, dejando el comandante encargado le avisasen toda ocurrencia de enemigos respecto á que sospechó de unos paisanos con quienes hablo antes de subir el Puerto. Como á las dos de la tarde llegó á Monbeltran, habiendo salido á recibirla el ayuntamiento y el oficial don Antonio Gómez de Arellano; que se hallaba comisionado por el general don Carlos España. La columna formó pabellones en la plaza, recibiendo sin dilación su ración de pan con un cuartillo de vino, y los vecinos gratuitamente lo hicieron á razón de una libra de higos por soldado. El comandante y oficiales en la casa consistorial fueron obsequiados con dulces y licores, brindando por el Rey y la nación, en cuyo acto pidió al ayuntamiento algunos zapatos y camisas, el cual contestó que pasándole un oficio, y descansando al siguiente día, vivía seguro de poder remediar alguna parte de tan urgente necesidad á aquellos héroes de la patria; pero el comandante ocultando sus recelos, y conociendo debía situarse mejor, manifestó precisarle pasar á la villa de Arenas, en donde descansaría dos días; que no solo les pondría el oficio, sí también dejaría al teniente don Andrés Narváez con cuatro soldados para recibir aquellos artículos, y encargando reservadamente al dicho oficial activase mucho al ayuntamiento, como el que estuviese con cuidado por si venia el enemigo, rompiendo su marcha llegó la columna a Arenas dos horas después de anochecido; y como tuviese hecho el alojamiento sin mas prevención que de al toque de llamada todos con sus armas acudiesen á formar al atrio de la iglesia, se fueron á descansar.»



miércoles, 28 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Sábado, 28 de noviembre de 1812

«Día 28. Al medio día conociendo el comandante iba poseyendo á la columna  un estado de debilidad por las continuas aguas, enormes fríos y marchas, sin estar á cubierto desde los Cantones de Burgos, hizo el arrojo de ponerse en marcha á la una, y se introduce en el pueblo de Hoyo-Quesero, encierra la tropa en su iglesia, hace que todos los vecinos le lleven lumbre, y que en las casas condimentasen un buen rancho para que lo comiesen á las ocho de la noche: los oficiales se colocaron en una casa frente á la misma iglesia. El pueblo se esmeró con sus auxilios, todos comieron y enjugaron el único equipo que llevaban, y el comandante á las nueve de la noche los entusiasmó diciéndoles: "vamos á concluir el peligro que tantos días hace nos rodea: á cuatro leguas nos hallamos del Puerto del Pico, y la Extremadura libre de enemigos nos proporcionará el descanso y medios para reunirnos al ejército, que debe estar ya en Galicia."Los soldados contestaron: estamos prontos, y nuestro mayor sentimiento desde el día anterior á la salida del castillo ha sido verlo á V. enfermo. A las once en punto de la noche, llevando bagages los enfermos de gravedad, rompió su marcha la columna.»



martes, 27 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Viernes, 27 de noviembre de 1812

«Día 27. Siguió la columna en este bosque, donde aunque muy  próxima al enemigo, su espesura y escabrosidad la ocultaba. Como á las diez del día los enemigos se reunieron en el llano de Peñaranda: los que salieron de esta villa con el rey intruso tomaron la misma dirección que los del día anterior; otros entraron en ella para acuartelarse, y los demás volvieron á sus  puestos, resultando quedar ya algunos evacuados. A todo esto un paisano que se hallaba escondido en dicho bosque con cuatro pellejos de vino, se brindó á venderlos si se le pagaban, y aunque sin medidas todos bebieron, y aquel muy  contento por el orden y hermandad que vio reinar en esta tropa. Al ponerse el sol llegó don Pedro Díez, cura del lugar de Gallegos, llamado por el comandante, y confirmando hallarse libre de enemigos aquel, al obscurecer se puso en movimiento para él la columna, donde saco guías, y continuándolo por Grajos, Martin Dominguez, Santa María del Arroyo, Maoja, y Menga, tomó una famosa posición al romper del día, haciendo llevar á ella de este último pueblo ración de pan por plaza, y cuartillo de vino del que tenia pedido el enemigo.»



lunes, 26 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Jueves, 26 de noviembre de 1812

«Día 26. A pesar del grande cansancio, mojados y descalzos todos, se hallaban tan animados que hubieran pasado á Ávila si no la ocupase el enemigo, como lo acreditó el mayoral del caserío; quien admirado y compadecido de tanta constancia y sufrimiento facilitó libra de pan por plaza, y cuanto tenia. A las doce del día avisaron las observaciones que el enemigo salía de Peñaranda; y luego que de este movimiento se enteró bien el comandante, trasladó su columna al bosque inmediato de Santa María del Espino, donde pasó tarde y noche cruelísimas.  Aquellos varios cuerpos tomaron su dirección hacia Valladolid.»


Ruta de evacuación



domingo, 25 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Miércoles, 25 de noviembre de 1812

«Día 25. Poco antes de amanecer llegó la columna al lugar de Carpio-Medianero, cuatro leguas largas de la villa de Alba de Tórmes; y cuando creía verse libre de enemigos, se halla interceptada por todo el ejército que la tarde anterior había repasado el Tórmes por un puente que echó próximo al lugar de Congosto: motivo que la obligó á tener que correrse sobre la izquierda, y emboscarse en el monte Dehesa de Garci-grande, por no tropezar al golpe con 600 caballos. Situada la columna en esta formación, y colocadas observaciones de oficiales y sargentos que con anticipación avisasen toda novedad, sin dejar las armas de la mano, comenzó á descansar. El comandante auxiliado por el montaraz de la Dehesa Sebastian Vela no cesó en todo el día de explorar y reconocer el terreno, mandar algunos porqueros que halló á distintos pueblos, tanto para que viesen la fuerza enemiga que había en ellos, como la dirección que llevaban si estuviesen en movimiento: de estas diligencias solo consiguió saber que ocupaba con tranquilidad todos los de aquellas inmediaciones, menos el lugar de Orcajo, y que el Rey intruso se hallaba en Peñaranda. Como á las tres y medía dieron parte las observaciones aproximarse cuarenta dragones por la vereda que pasaba al frente del punto que tenía la columna; y aunque hicieron un pequeño alto, según venían desfilando, continuaron por la misma su marcha: el comandante persuadido en que parecía casi imposible no le hubiesen visto, en seguida se puso en marcha, y en dirección opuesta, llevando nuevos guías, por haber dado libertad á los que sacó del castillo, y tenía en él desde el día 16, cuyo movimiento maquinal sostuvo hasta e1 obscurecer, que tomó el rumbo de ir á Orcajo, y en la noche sorprender á los enemigos que se hallaban, en las barcas de las Romanas para por ellas pasar el Tórmes: el tiempo riguroso de lluvias y fríos al mismo tiempo que protegía tan críticas circunstancias, imposibilitaba cualquiera ejecución; los arroyos iban fuera de su centro y mientras la tropa pasaba por un árbol que servia de pontón, al que se halla á la salida de Gallegos de Crespos; por el dueño del caserío fue instruido el comandante de que el enemigo había destruido las barcas, y que positivamente iba á encontrarse con seis compañías y trescientos caballos de las tropas de la villa de Alba de Tórmes que, al mediodía estuvieron allí, y le dijeron ir buscando los españoles que la noche anterior escaparon del castillo. Conociendo que de no pasar el  río en  la noche, irremisiblemente era  perdido y expuesto á un sacrificio, deliberó retroceder, esforzar la marcha, y antes de amanecer pasar el camino real de Peñaranda, emboscarse en el monte de Pajarillas y desde él reconocer á Ávila: en efecto lleva adelante su proyecto, y al paso por el lugar de Alaraz manda hacer alto, y llama á una casa, que casualmente era la del alcalde, le pregunta que tropa había en él, y contestando que cincuenta dragones para á la mañana llevar raciones, inmediatamente  de ellas le hizo dar trescientas, que sobre la marcha fueron repartidas, llevándose de guía al mismo alcalde á fin no alarmase a los dragones que dormían en sus alojamientos, y dejaron de apresarse por el objeto de la marcha, el de no comprometer al pueblo y exponerse á ser descubierto cuando las circunstancias eran andar entre innumerables fuerzas enemigas. En Malpartida pudo hacerse otro tanto, y aún tomar cuatro cargas de dinero, siete oficiales y cuarenta soldados, pero solo se sacaron guías, y con cautela fue despachado el alcalde de Alaraz. Sin embargo de lo mucho que se aceleró la marcha en noche tan cruda, ya era de día cuando la columna penetró por frente de Peñaranda, y sin quedarle otro arbitrio; pero  con tanta suerte, que á pesar de hallarse el rey intruso con dos divisiones, y otras acantonadas en los lugares inmediatos, logró colocarse en Pajarillas sin ser vista, contando nueve leguas andadas desde las cuatro de la tarde del día anterior, y sin haberse desmayado individuo alguno.»


sábado, 24 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Martes, 24 de noviembre de 1812

«Día 24. Amaneció sin novedad en la línea enemiga ni en la guarnición: el comandante ordenó se matasen cuatro bueyes, y repartiesen á las compañías, encargando estuviese cocida la carne para las tres de la tarde, seguidamente hizo dar ración doble de ron á la tropa: como las doce del día, sin embargo de no estar uniformes los votos de oficiales en punto á la salida, comunicó la orden que se manifiesta al nº 6º, y en su consecuencia todo estuvo pronto al obscurecer, á cuya hora el comandante entregó á don Nicolás Solar, teniente del Rivero, encargado de sostener el castillo, las instrucciones por escrito que se incluyen al nº 7º, como también una carta para el general francés, que debía remitirle la mañana del 25 siguiente, y se acompaña al nº 8º, sin quedar duda alguna á dicho oficial, y lo mismo al sargento José Silva, de cuanto tenían que practicar. La noche era algo clara, y helando; la salida fue dando las doce el reloj de la villa; pues aunque aquella prevenía á las once, el no haberse visto un foso que había delante de la puerta que se abrió, hizo detener el movimiento hasta allanar el obstáculo con colchones, por cima de los cuales salió la columna que á muy cortos instantes alarmó, arrolló, y dispersó en confusión todos los puestos enemigos, que decían los españoles se van. Los ocho cazadores dispararon sus tiros como se les había encargado, por cuyo motivo se introdujo el desorden en términos de hacerse fuego entre ellos mismos: los que ocupaban el convento, le abandonaron y corrieron hacia el vado, con lo cual dejaron expedito el paso á la columna que continuó su marcha; y aunque colocando partidas en escalones para contener cualquiera otra del enemigo que saliese en seguimiento, fueron éstas replegándose sin novedad, y lo mismo el cabo Juan Fernández Maroto, que con dos caballos se sostuvo hasta la una y media en observación del campo enemigo, cumpliendo con tanto tino su encargo, que se incorporó cuando todos habían descansado, y debía romperse la marcha, manifestando que las centinelas del castillo seguían el fuego como se les había prevenido, y el enemigo aun en confusión: trece fueron los muertos ó heridos de las tres compañías que quedaron en el campo, y dos caballos de los once habilitados con ginetes, á consecuencia de las descargas que varios puestos enemigos hicieron al ser arrollados: los tres rancheros y once asistentes ó se volvieron al castillo, ó perdieron el rumbo y cayeron en manos del enemigo, El objeto del comandante en dejar escolta fue, no desamparar los veinte y tres enfermos imposibilitados; que en incidente desgraciado hallasen asilo los que lograran volver al castillo; y por último, que consiguiendo introducir la confusión en el enemigo cuando saliese de ella, llamase su atención el ver continuaba haciendo fuego el castillo en iguales términos que las noches anteriores, siéndoles suficientes á no destacar fuerzas algunas, como sucedió.»
[...]



«Orden para la salida del castillo.
NÚMERO 6°
Mediante se cumplieron los días que debíamos guarnecer esta posición, y llenado en ella bien cumplidamente el deber haciéndonos respetar de un numeroso ejército enemigo, he dispuesto que en esta noche hagamos una salida, y arrollar los enemigos que nos circundan, animándome para ello el valor y demás virtudes militares de los dignos oficiales y granaderos que el día 10 tuve el honor de elegir para acompañarme en esta honrosa comisión; y por lo tanto soy mas obligado á buscar el medio de salvarlos cuando una suerte desgraciada se les acerca, y  á aumentarles una segunda gloria que perpetúe su memoria en la milicia. No dudo conseguirla, y aun la miro como ya adquirida, si todos á una contribuyen á mis ideas; mas desgraciado aquel que se separe de ellas, pues que solo hallará su ruina: la base principal de todo militar es obedecer y sufrir la suerte, conforme la disponga el gefe que le mande: de este modo sirve á Dios, al Rey y á la patria.
El cabo primero Juan Fernández Maroto escogerá ocho soldados, y con los dos cazadores ingleses formará una partida de caballería, que vestirá y armará con el equipo de los dragones prisioneros; y de los caballos, inclusive el mío, elegirá los once con sus monturas que sean mas á propósito en el concepto de que cada oficial recogerá el suyo para usar de él después de la marcha de esta noche, conduciéndose los equipages en el mayor número de caballerías que hay sobrantes.
El sargento don José Noval nombrará ocho cazadores que deben marchar por cabeza de la columna, cuidando sean de los mas acreditados en valor y serenidad.
Siendo forzoso quede una escolta encargada del castillo, tenia ideado solo se compusiese del sargento de1 Rivero José Silva, en razón á su valor y despejo, con dos cabos y diez y ocho soldados; mas el crecido numero de veinte y tres enfermos imposibilitados, incluso el soldado portugués, ha movido mi reflexión á ordenar se caracterice dicha escolta con el teniente del mismo cuerpo don Nicolás Solar, y sea en caso quien responda al general francés, después de remitir con Silva la carta que para él dejo al efecto. Como los soldados de esta escolta no tienen que hacer la violenta marcha, y solo sostener el fuego á pie firme en el castillo durante la noche, se nombrarán los mas débiles en resistencia, sin que note yo parcialidad por uno u otro estilo: de estos individuos y de los enfermos los señores comandantes de compañías formarán una relación nominal que entregarán á don Nicolás Solar para por ellas deducir el total de los que quedan á su cargo, y el teniente don Andrés Narváez lo hará de las equivalentes á prisioneros.
Para la hora de las ocho se hallarán las compañías prontas á marchar, habiendo comido el rancho, y cada individuo en su morral la ración de carne cocida y la de galleta que se han distribuido para el día 25, y municionados á sesenta cartuchos, teniendo cuidado al propio tiempo de cambiar cualquiera fusil que se halle inútil: es de toda necesidad el numerar de nuevo para poder pasarse lista á toda hora de la noche; y á fin de evitar la menor equivocación, no se incluirán los ocho soldados y el cabo elegidos para hacer el servicio de á caballo; los ocho cazadores que deben ir por cabeza de la columna, tres rancheros, y un solo asistente de cada oficial, graduando ya de baja los enfermos y escolta que quedan en el castillo.
Las compañías se formarán en dos pelotones, y á dos de fondo, colocándose en cada uno sus respectivos oficiales y sargentos á los costados de las filas, de manera que en el derecho de la primera y izquierdo de segunda vayan oficiales, y en los opuestos sargentos:  al subteniente don José Diez, y al teniente don Nicolás Solar, el primero por ir dirigiendo los ocho cazadores sueltos, y el segundo por quedarse en el castillo, resultará substituirles los sargentos primeros, bajo el supuesto de que las filas han de ir encajonadas, y sus colaterales responsables de la menor falta que en ellas se note. Cazadores de Monterrey formarán el primero y segundo pelotón de la columna, granaderos del mismo tercero y cuarto, y granaderos del Rivero quinto y sexto: todos llevaran sus armas cargadas con la bayoneta armada, teniendo mucho cuidado en que no se dispare fusil alguno, particularmente luego que se haya pasado el convento, pues resultaría manifestar al enemigo el rumbo ó dirección de la guarnición. El subteniente don José Diez con el sargento Noval y los ocho cazadores formarán una fila delante del primer pelotón, siendo su objeto guiar la columna,  desordenar los puestos enemigos sin pararse por pretexto alguno, y llegando al convento disparar los fusiles á derecha é izquierda para que los tiros se dirijan al pueblo y campo de san Francisco, debiendo hacerlo sobre la misma marcha. El cabo Juan Fernández Maroto con los diez caballos cubrirá la retaguardia del sexto pelotón, y pasando del convento, como á tiro y medio de fusil, se situará y permanecerá en observación del campo enemigo una hora, después de la cual romperá su marcha al trote hasta alcanzar la columna. Los rancheros y asistentes seguirán con el bagage á la caballería hasta pasar el convento, y luego que aquella se separe, á la columna, pero siempre á retaguardia. Pífano, corneta y tambores formarán una fila entre tercero y cuarto pelotón. Los tres guías irán uno con don José Diez, otro conmigo á la cabeza, y el tercero á retaguardia con el capitán don Ramón Sanjurjo.    
El teniente don Andrés Narváez remitirá un cajón de municiones á la torre, y los restantes, luego que todos se hallen municionados á sesenta cartuchos, deberá tenerlos preparados para arrojarlos al pozo en el momento de avisarlo yo. El oficial de guardia en el rastrillo principal, retirada que sea la tropa de los parapetos exteriores, echará su llave y la entregará al oficial Solar, cuidando de correr el madero pasador, y acuñarlo para que no haga movimiento.
Por el orden expresado se hallará formada la guarnición en el huerto á las diez de la noche, para que la salida sea á las once en punto, y omito hacer otras prevenciones mas que las de encargar mucha unión y silencio, como el que debiendo marchar la cabeza al paso redoblado hasta llegar al monte, es forzoso que la retaguardia violente mucho el suyo. = Castillo de Alba 24 de noviembre de I812. = José de Miranda.


NUMERO 7º
Instrucciones al teniente de granaderos del Rivero don Nicolás Solar encargado de sostener el castillo hasta la mañana del 25, que se  rendirá prisionero.

Queda de escolta el sargento José Silva, dos cabos, y diez y ocho soldados colocados en el orden siguiente: el cabo José Campos con cuatro soldados por la parte exterior del castillo, situados en centinelas desde el primer rastrillo hasta el parapeto del horno, haciendo fuego toda la noche, sobre el pueblo: en el parapeto alto dos soldados que harán el mismo fuego; y en caso de ser atacado el cabo Campos, se replegará á este punto, que sostendrá con energía, respecto se halla con toda seguridad; retirando la escala de mano luego que suban los soldados: en el malecón sobre el puente estará el sargento Silva con cuatro soldados que harán sus fuegos por aquella parte, y en observación de los del cabo Campos;  pero si éste se retirase, por ser atacado, al punto indicado, será todo su objeto batir el frente del rastrillo principal del castillo: en el parapeto interior, o depósito del ganado, se colocarán dos soldados para observar al cabo Campos; y retirándose éste harán fuego por las aspilleras á cuantos objetos se aproximen, en cuyo caso serán reforzados por el cabo Mateo, con cuatro soldados que defenderán todo el frente sin el menor riesgo. El oficial con el cabo y seis soldados se colocará en el tramo que baja al huerto; y tan luego como observe que la columna no vuelve al castillo, cerrará el postigo, arrojando sobre él los escombros que al efecto le quedan preparados, y dejando dos soldados para que hagan fuego á los que por aquel frente se aproximen, deberá retirarse al patio y rastrillo principal.

El sargento herido Tomas Alvarez en el cubo de la torre, que sirve de hospital, queda encargado de no permitir la salida de enfermo alguno, del armamento de estos, de un cajón de municiones, y de las tablas que sirven de puente para entrar al depósito de prisioneros, con prevención de las funestas consecuencias que le resultarían si llegasen á salir del fuerte calabozo en que por sí solos están custodiados.
Todo el cuidado del oficial Solar será vigilar que los puntos sigan un fuego sostenido durante la noche para persuadir al enemigo de que la guarnición está dentro; y si por algún incidente se arrojase á las obras exteriores, como el malecón, parapeto interior y el alto hagan sus fuegos, no podrá conseguir mas que alojarse en la ermita arruinada, casa del horno y su corral; pero como su objeto sea sostenerse en la noche, no debe imponerle aun logrando tal ventaja: para visitar los puestos deberá hacerlo por las comunicaciones interiores sin necesidad de abrir el rastrillo, supuesto quedan situadas las escalas de mano. Si por algún incidente desgraciado volviese la columna al castillo, lo verificará inmediatamente.
Luego que haya amanecido el día 25, dispondrá que el sargento José Silva con su fornitura, armamento, y un pañuelo en la mano pase á la villa para entregar al general francés la carta que dejo al efecto, encargándole no lo verifique á otra persona alguna, ni indique haberse marchado la guarnición. Seguidamente reunirá toda la escolta en el patio, y por las noticias de compañías se cerciorará de si son los mismos individuos, aumentando en ellas cualquiera otro que por casualidad apareciese en el castillo. Las listas de prisioneros deberá darlas al oficial francés que se presente y le acompañará al cubo depósito para que el se entregue de ellos, pues de sacarlos antes se expondría á desórdenes. Todas estas precauciones y formalidades harán honor y respetar al teniente Solar. Castillo 24 de noviembre de 1812 = De Miranda.



NÚMERO 8º
Señor general: las reglas de la guerra deben seguirse en todas sus partes, y así es que emprendo la salida con mi guarnición: si las fuerzas de V. me encontraren, siendo compatibles, nos batiremos en campo raso. Dejo un oficial para entregar á V. el castillo con los enseres que encierra, particularmente los prisioneros á quienes he mirado con toda consideración, y omito suplicar á V. tenga la suya con el oficial, enfermos y escolta, supuesto que sus escritos me han hecho ver la generosidad de su corazón. Dios guarde á V. muchos años. Castillo de Alba de Tórmes á las once de la noche del 14 de noviembre de 1812. = José de Miranda».
 


viernes, 23 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Lunes, 23 de noviembre de 1812

«Día 23. Entraron y salieron en la villa varias partidas: el comandante del castillo reunió los oficiales á las once del día y les dijo: "señores, hemos llenado nuestro deber en este punto: mi opinión es hagamos una salida de noche, arrollar los puestos enemigos, y seguir la marcha sin cesar hasta apoderarnos del monte, donde elegiremos con mas certeza que aquí el rumbo que debemos llevar antes que regrese el ejército enemigo, en cuyo caso no solo nos vemos expuestos á ser estrechados con artillería, sí también a tener que rendirnos por falta de víveres, supuesto solo hay carne para dos días, y pan para tres; sin embargo espero que vms. se sirvan poner por escrito, y bajo la firma de cada uno, su parecer, entre tanto que yo voy á los parapetos exteriores, donde espero el aviso de V. señor capitán Sanjurjo." A la hora se verificó, y el comandante guardándose los votos sin leerlos,  mandó traer ron: todos bebieron, y cada cual se fue á su puesto.»


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Sábado, 21 de noviembre de 1812

«Día 21. Por la mañana se hizo una salida con cincuenta hombres de la guarnición para reconocer la clase de trabajos que el enemigo hacia en dirección al castillo por la parte del pueblo, en la cual fueron heridos el sargento del Rivero Tomas Álvarez, y el soldado portugués refugiado el día 14.»



martes, 20 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Viernes, 20 de noviembre de 1812

 «Día 20. Apenas se hizo fuego, la línea de circunvalación continuó en iguales términos; y solo á las tres de la tarde llegando por la ribera del Tórmes una columna de prisioneros ingleses, al entrar en la villa, fueron rescatados dos cazadores de caballería por soldados de la guarnición que se habían apostado, los cuales aseguraron haber caído en poder del enemigo sobre Tamámes.»


lunes, 19 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Jueves, 19 de noviembre de 1812

«Día 19. Como á las diez de la mañana volvió á presentarse la caballería, y se sostuvo á la vista del castillo: Á las doce llegó al mismo campo una brigada de infantería con algunos carros de batallón, cuyo gefe sin dilación dirigió al del castillo la carta que se inserta al nº 3º, é igualmente la contestación: como pasadas dos horas se presentó otra brigada de infantería, reuniéndose todas estas fuerzas en el campo de san Francisco, que es el de la altura opuesta al castillo, mediando el pueblo entre ambos puntos: desde él destacaron cuatro compañías á la pradera, con las que situaron desde el vado hasta el camino que sale de la villa de Alba diez y siete puestos de á seis hombres en línea de circunvalación, y la restante tropa de ellas como reserva se colocó en las tapias ó ruinas del convento. Seguidamente pasó á la villa un batallón que apostó guardias en todas las boca-calles salientes al castillo y bajada al puente, adelantando una á la aceña ó molino de él: treinta caballos pasaron el río  y se colocaron en san Lázaro. En el dicho campo de san Francisco quedó un batallon con los carros, y la demás infantería se acuarteló en la villa, verificándolo la caballería en el lugar de Amatos, dejando solo una pequeña guardia. Como á la hora después de haber anochecido con dos sugetos decentes de Alba enviaron al comandante la carta que se demuestra al nº 4º, por los cuales supo ser la cuarta división que venia destinada á tomar el castillo, y que el general les había suplicado admitiesen aquella comisión: el comandante los despachó diciéndoles asegurasen al general francés tendría su contestación, que fue en los términos expresados á continuación de aquella, y por olvido sin firmar, remitiéndola con el teniente don José Montanos, acompañado del corneta y un granadero de hermosa figura: este oficial iba encargado de contestar al general Sarru que todo lo ignoraba, en caso de apurado con preguntas, y solo manifestase parecerle que el castillo no se entregaría sin ser atacado repetidas veces por tener muchos víveres en razón á los apresados el día 16; que galleta solo un día se había dado en parte de ración por no alcanzar el pan fresco para todos los prisioneros: el general obsequió mucho á Montanos; el de brigada y ayudante hicieron subir al granadero y corneta para que también los viese y preguntase; pero solo se redujo á decirles que el castillo no tenia recurso, y que era doloroso se vertiese sangre; mas no saliendo estos de sus premeditadas contestaciones, después de dos horas fueron vueltos al castillo con otra carta que se inserta al nº 5º, y conseguido el objeto no solo de haberlos explorado, sí también de saber el alojamiento del general, y colocación de sus guardias interiores, por si convenía atacarlos y envolverlos alguna noche.»
[...]



«NÚMERO 3º

Señor comandante: Vengo mandando una división francesa, y le intimo á V. en nombre de mi general en gefe de salir del mal reducto adonde V. se obstina hacer resistencia: le doy á V. una hora para decidirse; espero vuestra respuesta, y  tiemble V. si es negativa. = El general barón de Ansenah. = Alba de Tórmes 19 de noviembre de 1812.


Contestación. Señor general: Déjese V. de intimaciones, y haga su deber, que yo haré el mío: muchos prisioneros á quienes doy el mejor trato, serian víctimas de cualquier atentado que V. hiciese cuando la suerte de las armas le favoreciese mas que á mí. Castillo de Alba 19 de noviembre de 1812. = José de Miranda



NÚMERO 4°

Señor comandante: He llegado con la última brigada de la división que mando, y he sabido que el comandante de caballería y el general de brigada Ansenah han escrito á V. para intimarle de entregar el castillo á las tropas imperiales: ignoro cuál era el contenido de las cartas de aquellos dos oficiales; pero vuestras respuestas me fueron entregadas: ellas me persuaden, señor comandante, que V. ignora el estado presente del ejército inglés y de sus aliados: ya no debe V. esperar mas auxilios: su retirada mas allá del Agueda con precipitación, y las pérdidas que ya recibieron, deben privar á V. de todas esperanzas. En este estado de cosas sin dudar sobre los modos de resistencia que tiene V. y los que tengo contra V. le suplico piense bien en el caso que se halla. Si V. toma á bien, señor comandante, de enviar á uno de vuestros oficiales, hablaremos sobre la posición respectiva de los dos ejércitos; ó si V. desea enviar á alguno á Salamanca para informarse positivamente del estado actual de las cosas, me ofrezco dar á V. señor comandante, todas las seguridades y escoltas que V. puede desear: le ruego á V. señor comandante, de recibir las vivas expresiones de mi estimación y perfecta consideración. = El general de división = Sarru = P. D. Un músico de nuestro ejército se me ha presentado, y me ha dicho que V. le dio libertad á él y á su hijo: me ha dicho además que muchos militares franceses caídos en vuestro poder, eran tan bien tratados como sus situaciones pueden permitir: le ofrezco por ello, señor comandante, todas las expresiones de mi agradecimiento. Alba de Tórmes 19 de noviembre de 1812.


Contestación. Señor general: Es constante haber recibido dos escritos del comandante de caballería y del general de brigada Ansenah; uno y otro me pedían el castillo; mas el segundo ignorando la entereza de mi carácter, indica en su última expresión de que tiemble si me niego á ello. Ahora recibo la favorecida de V. y desentendiéndome de cuanto impone la carrera militar, en el caso que me hallo sería seguir el estilo ordinario, valiéndome de un seco modo de contestar á su relato merecedor de la mas atenta expresión; y así paso á hacer las mas verdaderas reflexiones para convencer á V. de que por todos medios estoy en el caso de llenar el deber. ¿Cómo podré desentenderme de la educación militar adquirida en 19 años, y desde mi juventud siempre en ellos con alguna opinión, rindiendo un fuerte que es asequible á la mayor defensa, cuanto que siempre tendrá en dudas al sitiador, y mucho más conservando intacta una bizarra guarnición de oficiales y soldados? ¿Será posible, señor general, acceder yo á rendir el fuerte sin sufrir antes centenares de asaltos? No creo que V. me pida el fuerte por el estilo que indica, supuesto es inconexo al deber  que me compete llenar, y sí por el que á V. le impone su encargo, ni por interés de recompensar mi gratitud en lo benéfico que soy á la humanidad; pues solo la ejerzo cuando no es en detrimento de la conducta militar: tal ha sido dar libertad al músico, su hijo, un cantinero, y los heridos abandonados que coloqué sin dilación en el hospital. No dudo dejen de ser ciertas las noticias que me da del ejército de que dependo, aunque anoche las he recibido que no me anuncian concluida la dependencia, y por último, señor general, mi deber he de llenarlo sosteniendo el honor militar; repito á V. y aun le ruego el que me ataque cuando guste; y si V. tuviese mas suerte en sus armas que yo en las mías, con gusto sufriré la que me quepa. Lo único á que me resuelvo es á acceder conservemos treguas el término de ocho días; yo no adelantaré mis obras ni V. el que se facilite el puente, y concluidos éstos trataremos del particular. Me ofrezco con toda voluntad á las órdenes de V. reiterándole el afecto propio de su mas apasionado s. s. q. s. m. b. Castillo de Alba de Tórmes 19 de noviembre de 1812 á las siete y media de su noche. = José de Miranda.



NÚMERO 5º

Alba de Tórmes 19 de noviembre de 1812 á las nueve y media de la noche. = Señor comandante: El oficial que me envía V. me ha entregado la carta que me hizo V. el honor de mandarme, y supongo venia de vuestra parte porque responde á la que yo le mandé á V. mas por distracción sin duda se le olvidó firmarla. No tome V. á mal si no me extiendo mas sobre su contenido, y si me paro en decir á V. que las noticias que puede haber tenido ayer noche no destruyen lo que tuve el honor de decirle sobre el estado actual de vuestro ejército: yo le he propuesto á V. modos para convencerse: treinta y un años de vida militar me han enseñado también lo que un soldado debe á su honor; mas en las circunstancias que V. se encuentra, pienso ha hecho bastante por uno y otro. Al fin, señor comandante, dejaremos nuestras comunicaciones hasta que otras circunstancias nos las hagan volver á tomar. Os ruego de agradecer, señor comandante, las nuevas pruebas de mi consideración. El general de división = Sarru»




domingo, 18 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Miércoles, 18 de noviembre de 1812

«Día 18. En la mañana no hubo novedad hasta las tres de la tarde que se presentó una columna de 300 caballos, y aproximándose á la villa, hizo salir al corregidor con otras, personas, en cuyo caso el comandante del castillo destacó dos partidas de cazadores para hacerlos dejar el punto en que se habían situado, lo que tuvo todo efecto, y á muy corto tiempo remiten por un clarín la carta que se manifiesta al nº 2º, y la contestación que llevó, subsistiendo esta caballería en observación hasta dos horas después de anochecido, que la obscuridad de la noche privó descubrir el punto adonde se acogió.»
[...]

«NÚMERO 2º

Del campo de Amatos 18 de noviembre de 1812. =Jovert, comandante en gefe de las tropas que componen dicho campo, al señor comandante del fuerte de Alba de Tórmes. = Señor comandante: Tengo el honor de prevenir á V. soy encargado de parte de S. M. C. el rey de España para intimar á V. entregue el castillo que ocupa, y de rendirse V. y la guarnición prisionera de guerra: os aviso que la artillería é infantería van á llegar; y que por lo consiguiente si quiere V. capitular conmigo, no podré ser mas que en su favor. = Jovert. =

P. D. Sobre vuestra respuesta daré parte á S. M.

Contestación. Señor comandante de las tropas del campo de Amatos: No me es dable acceder á su proposición de V. por ser un militar que me intereso en el honor de mis oficiales y soldados, quienes resueltamente con su gefe desean llenar el deber que les compete; para ello tienen los enseres necesarios, y son tropas disciplinadas, habituadas á oír el eco del cañón y á batirse con los primeros soldados: estas reflexiones hacen á V. ver que del fuerte será poseedor el que decida la suerte. Es de V. su afectísimo servidor, castillo de Alba de Tórmes 18 de noviembre de 1812, = José de Miranda.»



sábado, 17 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Martes, 17 de noviembre de 1812

«Día 17. No ocurrió cosa particular mas que como á las once del día llegar al puente, por no vadearse el río, dos paisanos que llevó de guías el ejército enemigo, los cuales bajaron por la escala de mano, y conducidos al castillo manifestaron que el ejército Inglés y el Español habían tenido mucha pérdida en la retirada, y que se hallaban sobre Ciudad-Rodrigo; y que el del enemigo se replegaba al Tórmes. Estos paisanos subsistieron en el castillo.»


viernes, 16 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Lunes, 16 de noviembre de 1812

«Día 16. Amaneció sin descubrirse un alma á todo el alcance del castillo; el teniente Montanos regresó á las ocho habiendo entregado los pliegos al juez del lugar de Martin-Amor, quien se encargó de dirigirlos al señor duque de Ciudad-Rodrigo o Castaños. Como á las doce del día se descubrió un grueso convoy de coches y otros carruages escoltados por caballería con dirección al vado, y colocándose cien hombres de la guarnición sobre, las tapias y cercas, sin ser vistos, tan luego como se aproximaron, por una descarga general fueron puestos en dispersión los coches, y algunos hubieran sido prisioneros si la caballería no se replegara y contuviera la infantería en aquella grande llanura: los guías que llevaban se les escaparon á la villa, y conducidos al castillo manifestaron venir en el coche delantero el Rey intruso. Lo demás del día y la noche se pasó sin novedad.»