martes, 14 de febrero de 2012

Otra visión del Carpio

Cada día son más los que al toparse con documentos o informaciones referentes a Alba de Tormes o a sus tierras contactan por nosotros para, desde esta página, hacer extensivo a cuantos la visitan el interés que en ellos haya podido despertar. De este modo, nos han llegado noticias de un trabajo de investigación, publicado originariamente en la Web terrae antiquae, en el que su autor, Santiago Zamarreño, nos ofrece una novedosa visión del Carpio que ahora reproducimos y que se aleja por completo de los tradicionales relatos épicos del legendario Bernardo o de aquellas creencias de nuestros tiempos niños en los que fantaseábamos con la existencia de pasadizos subterráneos que enlazaban el Castillo de Alba  con los restos fortificados de la Meseta y continuaban hasta el Arapil de Amatos permitiendo los furtivos encuentros de dos amantes condenados a un amor imposible.


Posible conjunto ritual en Carpio-Bernardo (Salamanca)
Por Santiago Zamarreño

1- Introducción:

A modo de protuberancia de una de las, al menos, cuatro amplias terrazas cuya escalada conduce a la cumbre de la denominada Mesa del Carpio (situada en la pedanía de Carpio-Bernardo, término municipal de Villagonzalo de Tormes, en la provincia de Salamanca) abriéndose paso en el aire, nos encontramos con una roca de orientación principal Oeste-Este que recoge diferentes cazoletas, hoyuelos y pocetas comunicados, estando todo el conjunto ligeramente inclinado hacia el Oeste, hacia donde vertería el contenido de todo lo recogido desde las partes este, norte y sur.
 En el entorno, destaca, además de la ya citada meseta, el Castillo de Carpio-Bernardo, con leyendas acerca del personaje mitológico de Bernardo del Carpio, quien habría tenido aquí su cuna.
 Tanto la Mesa del Carpio (con una cota máxima sobre el nivel del mar de 941 m., y más de 430 m. de extensión) como el Castillo de Carpio-Bernardo, fueron asentamientos humanos desde, al menos, el Paleolítico. También existen cerros próximos con evidentes huellas de rico patrimonio prehistórico, aún por sacar a la luz.
 De estos lugares han salido valiosos objetos que han ido a parar a manos privadas (espero que la mayoría sea consciente de lo que un día sacaron de las tierras y lo conserve bien, al menos); también son evidentes los trabajos de los que, en vez de respeto y cámara de fotos, buscametales en ristre, expoliaron, y hay otros, menos mal, amantes de la arqueología, que visitaron estos arapiles y recogieron sus hallazgos en museos (también hicieron intercambio entre ellos). A este respecto, recomiendo, con todo mi cariño, la visita (mejor llamar por teléfono para asegurarse del horario al público) al Museo Arqueológico del Padre Belda, en Alba de Tormes: un verdadero privilegio la suma del continente, el contenido y el polifacético humanismo del Padre Belda. Grande el Padre Belda, enorme…

Parte norte de La Mesa del Carpio, vista desde el llano; la más inexpugnable, por lo abrupto de la orografía.

En primer plano, parte de la Mesa del Carpio. En segundo plano, el Castillo del Carpio.


 2- Descripción de la roca:

La roca a estudio, su cara angulosa, vista desde el Este. Tras ella, el sol.

Panorámica del posible conjunto ritual.

En esta última foto, de derecha a izquierda, se pueden ver:
  • Contorneado oeste que recoge el sol del poniente, -A-
  • Varios hoyuelos -B-
  • Dos pocetas. La primera, circular -P1-, vaciaría en la contigua, de unos 50 cms. de largo -P2-. A su vez, este recipiente vaciaría, mediante dos canalillos -CC-, en la pila de mayor tamaño -P3-, con paredes inclinadas, trabajadas, y receptora de otros dos canales -CC1-, en frente uno de otro. Este último receptáculo vacía fuera de la roca mediante una estría bien marcada -V-
  • Otros elementos de interés son tres cazoletas (una circular y dos en forma de pie humano), -Z-.
  • Tres hoyuelos alineados con la cazoleta circular y unidos entre sí por un canalillo -h-. De estos, el último, vierte al último recipiente, y el otro a una de las cazoletas en forma de pie más definido.
  • Otros dos hoyuelos no alineados -i-, próximos a los otros, que vierten en la poza mayor.

Vista casi cenital de la roca.

Alineación de la cazoleta circular con los tres hoyuelos, más las otras dos, con forma de pie humano.

Medición de la cazoleta con forma de pie.

Medición de la otra cazoleta con forma de pie humano, más definido.

En primer plano, el agua de la pila más grande; más arriba, sobre el
musgo, la "V" que forma uno de los dos desagües de la segunda poceta de
mayor tamaño.

Acanaladura de vertido (fuera de la roca) del contenido de la pila mayor, vista desde arriba.

Macro. Toma del final del mismo canalillo de la foto inmediatamente superior.


3- Mi interpretación:

Dos son las funcionalidades que puedo deducir, desde la mayor de las reservas, sobre esta roca:
  1. Lugar de trabajo, a escala pequeña, de aprovechamiento de mineral o fabricación de cerámica (área muy rica en caolín), por decantación o machacadura.
  2. Lugar de rituales pre-proto e/o históricos.

Quiero añadir, además, que muy próximo a esta roca en cuestión, se aprecia un solado de su misma naturaleza, regular y generoso, que podría ser complemento de la función que tuviera la misma, cuyo estudio no tengo aún pormenorizado.

Los últimos rayos de sol otoñal acarician la corona de la roca.


4- Posible trono ritual:

A aproximadamente a cuarenta metros de lo expuesto con anterioridad, se alza otra roca con forma de tronco de árbol en su orientación sur, con ocho hoyuelos verticales que miran al Este, y otro que lo hace hacia el Sudeste, además de un asiento inclinado. Inserto tres fotografías que ilustran la explicación anterior. Esta pieza podría ser un sitial o trono:

Desde una orientación "frontal".

Detalle de los hoyuelos, en aparente desorden, que miran directamente a la salida del Sol.

Toma lateral. Al fondo, desenfocado, el Castillo del Carpio.


5- El castro, labrado y amenazado: SOS. 

Parte de la superficie de la Mesa del Carpio.

Aún se cultiva en La Mesa del Carpio. Hasta ella llega maquinaria pesada, año tras año, para arar, abonar, cosechar… La última vez que estuve allí, vi un molino barquiforme, de pequeño tamaño, destrozado por algún tractor; no partido en dos o tres piezas, sino, literalmente, hecho añicos. Una lástima. Sí, ya sé que molinos barquiformes hay muchos, pero… Me consta que de este yacimiento se han obtenido piezas valiosas y aún quedarán otras tantas.

No ha habido ninguna excavación sistemática y hay zonas que ni han sido removidas por los arados mecánicos, así que es casi seguro que bajo la tierra se oculten vasijas y demás utensilios prehistóricos. La dejadez impera y no corren buenos tiempos para invertir en cultura. Si al menos se conservara como está, ya sería mucho, pero no, la última amenaza, peor que la de la maquinaria agrícola, es el proyecto que existe de colocar allí, al menos, dos molinos eólicos. Dicen que darán dinero… Y las autoridades políticas autonómicas, provinciales y locales lo apoyan.

Si este, para mí, dislate se lleva a cabo, se habrá perdido un filón de identidad más. Cierro los ojos y “veo”, por un lado, una excavación en condiciones, un Centro de Interpretación… Por otro lado, veo laderas destruidas, los molinos de viento ocupando lo que no les pertenece, tras haberlo hecho desaparecer….

Me pregunto qué dirán a sus hijos los responsables (irresponsables) que den paso a la plantación de energía “limpia” en lugares tan entrañables, valiosos y únicos como este.

Me pregunto qué dirán los hijos de sus hijos cuando alguien les cuente que ahí vivieron muchos pueblos cuyos vestigios quedaron amputados, cuando no borrados del mapa, por la inconsciencia, torpeza o estúpido interés de unos pocos que se ampararon en la legitimidad hecha a medida para destrozar miles de años de historia con sus ilustrísimas firmas…

...O quizás están a tiempo de rectificar y actuar con inteligencia y visión de futuro… Quizás yo sea demasiado ingenuo pensando esto último…

Lo que sí tengo muy claro es que van a encontrar en mí toda la oposición de la que sea capaz.

Alba de Tormes entre la bruma y desde la Mesa del Carpio.

Santiago Zamarreño

Agradecemos la colaboración recibida de José Luis Miñambres, que nos informó sobre la existencia de esta publicación, de José Vicente Ledesma, quien nos facilitó el contacto con su autor, y del propio Santiago Zamarreño, que gentilmente nos ha permitido reproducir su trabajo de investigación.

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