domingo, 25 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Miércoles, 25 de noviembre de 1812

«Día 25. Poco antes de amanecer llegó la columna al lugar de Carpio-Medianero, cuatro leguas largas de la villa de Alba de Tórmes; y cuando creía verse libre de enemigos, se halla interceptada por todo el ejército que la tarde anterior había repasado el Tórmes por un puente que echó próximo al lugar de Congosto: motivo que la obligó á tener que correrse sobre la izquierda, y emboscarse en el monte Dehesa de Garci-grande, por no tropezar al golpe con 600 caballos. Situada la columna en esta formación, y colocadas observaciones de oficiales y sargentos que con anticipación avisasen toda novedad, sin dejar las armas de la mano, comenzó á descansar. El comandante auxiliado por el montaraz de la Dehesa Sebastian Vela no cesó en todo el día de explorar y reconocer el terreno, mandar algunos porqueros que halló á distintos pueblos, tanto para que viesen la fuerza enemiga que había en ellos, como la dirección que llevaban si estuviesen en movimiento: de estas diligencias solo consiguió saber que ocupaba con tranquilidad todos los de aquellas inmediaciones, menos el lugar de Orcajo, y que el Rey intruso se hallaba en Peñaranda. Como á las tres y medía dieron parte las observaciones aproximarse cuarenta dragones por la vereda que pasaba al frente del punto que tenía la columna; y aunque hicieron un pequeño alto, según venían desfilando, continuaron por la misma su marcha: el comandante persuadido en que parecía casi imposible no le hubiesen visto, en seguida se puso en marcha, y en dirección opuesta, llevando nuevos guías, por haber dado libertad á los que sacó del castillo, y tenía en él desde el día 16, cuyo movimiento maquinal sostuvo hasta e1 obscurecer, que tomó el rumbo de ir á Orcajo, y en la noche sorprender á los enemigos que se hallaban, en las barcas de las Romanas para por ellas pasar el Tórmes: el tiempo riguroso de lluvias y fríos al mismo tiempo que protegía tan críticas circunstancias, imposibilitaba cualquiera ejecución; los arroyos iban fuera de su centro y mientras la tropa pasaba por un árbol que servia de pontón, al que se halla á la salida de Gallegos de Crespos; por el dueño del caserío fue instruido el comandante de que el enemigo había destruido las barcas, y que positivamente iba á encontrarse con seis compañías y trescientos caballos de las tropas de la villa de Alba de Tórmes que, al mediodía estuvieron allí, y le dijeron ir buscando los españoles que la noche anterior escaparon del castillo. Conociendo que de no pasar el  río en  la noche, irremisiblemente era  perdido y expuesto á un sacrificio, deliberó retroceder, esforzar la marcha, y antes de amanecer pasar el camino real de Peñaranda, emboscarse en el monte de Pajarillas y desde él reconocer á Ávila: en efecto lleva adelante su proyecto, y al paso por el lugar de Alaraz manda hacer alto, y llama á una casa, que casualmente era la del alcalde, le pregunta que tropa había en él, y contestando que cincuenta dragones para á la mañana llevar raciones, inmediatamente  de ellas le hizo dar trescientas, que sobre la marcha fueron repartidas, llevándose de guía al mismo alcalde á fin no alarmase a los dragones que dormían en sus alojamientos, y dejaron de apresarse por el objeto de la marcha, el de no comprometer al pueblo y exponerse á ser descubierto cuando las circunstancias eran andar entre innumerables fuerzas enemigas. En Malpartida pudo hacerse otro tanto, y aún tomar cuatro cargas de dinero, siete oficiales y cuarenta soldados, pero solo se sacaron guías, y con cautela fue despachado el alcalde de Alaraz. Sin embargo de lo mucho que se aceleró la marcha en noche tan cruda, ya era de día cuando la columna penetró por frente de Peñaranda, y sin quedarle otro arbitrio; pero  con tanta suerte, que á pesar de hallarse el rey intruso con dos divisiones, y otras acantonadas en los lugares inmediatos, logró colocarse en Pajarillas sin ser vista, contando nueve leguas andadas desde las cuatro de la tarde del día anterior, y sin haberse desmayado individuo alguno.»


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