lunes, 28 de septiembre de 2015

Programa de fiestas 1991

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El inicio de una nueva actividad –el concurso de Play-Back– que aún perdura y mantiene su atractivo y la expectación despertada por el pregonero de aquel año, el periodista deportivo José María, que congrego en torno suyo numerosos asistentes no solo de Alba sino también de localidades cercanas, fue posiblemente lo más destacado de nuestras fiestas patronales de 1991 a las que hoy nos acercamos con la edición digital de su Libro-programa de fiestas.

lunes, 14 de septiembre de 2015

A propósito del traslado del párroco.

Polémica ha resultado la decisión episcopal de trasladar a la vecina localidad de Peñaranda de Bracamonte a Lauren Sevillano. Al menos eso parece a tenor de los comentarios recibidos al respecto (algunos de los cuales no han sido publicados por resultar por completo improcedentes o por acusar, desde el anonimato y sin prueba alguna, a determinados  particulares de incitar este cambio de destino).
En relación con ello, y sin ánimo de avivar la polémica, presentamos hoy un escrito que, con el ruego de su publicación, nos remite una seguidora de esta página en el que, no sin cierta dosis de humor, manifiesta su protesta por el traslado del párroco albense.


CARTA PAL SEÑOR OBISPO
Mu güenos días señor Obispo tenga uzté:
Espero qal recibo e la presente ande uzté bien. Yo ar momento bien grasias a Dios.
Lezcribo a uzté pa indicirle qando mu esgustao porque menterao que quita daqui, destos pueblos y dAlba al señor cura, el señor Lauren, y la notisia no ma gustao na, pero na de na, porque es un cura mu majo, pero que mu remajo, qami y más gente nos ayudao, y ya vamos a la misa, y en cuantis habla ice cosas mu bonitas que tos entendemos porque las ice pal pueblo. Y las entiende mu rebién el qastudiao y el que nastudiao, y tos indicimos que señores curas como el señor Lauren son los qacen falta.
Mieuzté si enserá güeno, que no tie na pael, que to lo da, y lo que no da se lo roban, que ya lan quitao dos paratos telefónos al escuido y por confiao, en mientras iba an busca e lemosna, qhay gente mu mala iesagraesia. A nuestro cura (nuestro porque lo qamamos es e nuestra propiedá), el señor Lauren, lo mismo se sube a un tejao parreglar goteras y que no le cuesté na a la Iglesia, qhase bodas, y to lo demás qhacen los otros curas. O sea qhase de to: de cura, dhombre, dhermano, de to, que vale el solo más que muchos juntos. No sastá quedo nunca pair ayudar al nesesitao, y a los qandan malos en cama y en casa, y a los quandan solos, y a los mozos, y a to er mundo, y lo mismo bebe un chato con uno del pepe que del soe que lo que sea, porque ice qel se debe a Dios y qa la mesa de la iglesia están tos invitaos qes onde shace la paz y tos nos convertimos en hermanos, hijos dun mismo Padre, y que iglesia somos tos, no solo los curas.
A más ha empesao muchas cosas en Alba y no pue endejarlas a medias pairse a Peñaranda, que esvestir un santo pa vestir otro no me paice a mí acertao.
Había pensao mandar esta carta al señor Papa, que es el que más manda, pero digo yo que al ser cosa dun cura, basta con mandarla al Obispo, que es como el coronel de los curas en Salamanca. Si fuera pa defenderle a uzté se la mandaba al señor Papa, pero como es pa que shaga justisia con el señor Lauren, digo yo que un Obispo es sufisiente.
Reso a Dios pa que linspire a uzté y deje al señor Lauren ande está, questá mu bien puesto y tie mucho qhacer y mucho cariño e la gente.
Mespido duzté señor Obispo, que Dios le dé mucha salú, y que deje al cura señor Lauren en Alba, ande está, questá mu bien puesto y no son güenos los remiendos.
Ezte que loes,
Un parroquiano.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Oposición al doctorado de Santa Teresa

No es esta la primera vez que hacemos mención al nombramiento de Santa Teresa como doctora honoris causa por la Universidad de Salamanca, nombramiento, solicitado por el obispado salmantino y acordado por el claustro universitario, que se materializaría el 6 de octubre de 1922 con un solemne acto celebrado en el paraninfo de la universidad y el día 8 en Alba de Tormes donde la imagen procesional de la Santa recibiría de manos de los Reyes de España –Alfonso XIII y Victoria Eugenia– la pluma y el birrete doctoral.

Sin embargo  no habíamos comentado que la aceptación de este nombramiento no fue generalizada y que, aun a pesar de que fue acordado por aclamación por el claustro de la universidad  –presidido por el entonces vicerrector, Miguel de Unamuno–, algunos intelectuales de la época se opusieron al mismo.
Así lo hizo nuestro paisano –por entonces ya afamado escritor y periodista– José Sánchez Rojas en un artículo titulado Santa Teresa, doctora publicado el 29 de abril de 1922 en las páginas del diario Heraldo de Madrid en el que expone los motivos que, a su juicio, desaconsejan esa «mojiganga cívico-académico-religiosa».
Menos conocido fue el desacuerdo de Antonio Machado, quien también se opuso, aunque en este caso de forma privada, rechazando actuar como mantenedor de la fiesta universitaria del ya mencionado 6 de octubre y cantar las glorias de Santa Teresa en el acto de proclamación de un doctorado que él consideraba «…una trivial materialización del concepto mucho más elevado que la Iglesia y la cultura había formado de la sabiduría de la Mística Doctora».
Dos opiniones estas que en ningún momento ponían en duda los méritos de la que sería primera doctora por la universidad salmantina y que, de modo testimonial, hoy traemos a estas páginas reproduciendo en formato digital sus soportes originales al tiempo que agrademos la colaboración de Asún y Juan Soto Martín al proporcionarnos copia de la reseña de El Adelanto donde se publicaba la, hasta entonces desconocida, renuncia de Antonio Machado.

                       

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viernes, 4 de septiembre de 2015

Pan y Toros

Fue esta (Pan y Toros) una revista taurina que, con periodicidad semanal, se publicó en Madrid los últimos años del siglo XIX. La revista salía a la luz los lunes y contenía artículos literarios, algunas composiciones poéticas, retratos de toreros, vistas de plazas de toros, historiales de ganaderías… y reseñas de corridas y festejos taurinos entre las que hemos encontrado esta curiosa crónica, publicada en su nº 82 de 27-10-1897, en la que se comentaba la accidentada novillada celebrada en Alba de Tormes el 17 de octubre de aquel año, que transcribimos a continuación:


DESDE SALAMANCA
NOVILLADA EN ALBA DE TORMES
UN TORO QUE NO SALE, DANZARINES, BRINDIS, BRONCAS, PALOS, PEDRADAS, DESACATOS A LA AUTORIDAD, ETC. 

No recuerdo cómo, llegó a mis manos un programa en el que se anunciaba que el día 17 de Octubre se celebraría en Alba de Tormes una gran corrida de novillos, lidiándose tres por la cuadrilla del valiente Anastasio Castilla y soltando luego otros tres para los aficionados.
Por entretener la afición y por dar noticia a PAN Y TOROS de lo que allí ocurriera, me acomodé en el ferrocarril y presénteme en Alba.
A poco de llegar me enteré de que Castilla no podía torear por hallarse indispuesto en Valladolid.
Un tanto disgustado ya con la noticia, me dirigí a la plaza, y en ella me encontré con mis tíos los vizcondes de Graci-grande, que tuvieron la amabilidad, que yo agradecí infinito, de invitarme a su palco, donde estuve agradabilísimamente en compañía de señoritas tan bellas y simpáticas como Romanita y Filomena Villapecellín,
Comenzó la corrida con un novillo negro zaino, el que luego de varios capotazos y cinco banderillas (ninguna en su sitio), pasó a manos del Madrileño, que después de dos pinchazos malísimos le mandó al desolladero de una corta y baja.
El segundo era negro, veleto y corredor. Capotazos sin arte, un par bueno por chamba y dos más en las paletas, fue el preámbulo para que tomara el Madrileño por vez segunda los trastos. Brindó la muerte del toro al palco en que me hallaba yo, y después de doce pases, notables por lo malos, echó a rodar al bicho de un soberbio bajonazo, recibiendo como premio un guante del Vizconde con 25 pesetas dentro.
Suenan los clarines, abren la puerta y el torete tercero sin salir. Pasan diez minutos, quince, veinte, y nada, no hay quien le haga dejar el chiquero. Los danzarines se arrojan a la plaza y danzan para entretener al pacientísimo público; toca la música, y por fin, viendo la imposibilidad de sacarle, dispone el alcalde que salga el primero (bicho de cinco años) de los destinados al público, y que le maten los novilleros. El ganadero se opone con razón, el público grita, los cabestros salen, se llevan el toro, y después de titánicos esfuerzos sale el torete que antes no quería.
Capeado y banderilleado por lo mediano, pasó a manos del Gaditano, que brinda la muerte del torete a D. Luis de Zúñiga. Sin atreverse a pasar de muleta se tira a la media vuelta y no pincha; pasa el tiempo, el alcalde dispone que salgan los bueyes y el torero no se retira hasta que el teniente de alcalde, don Ricardo Perlines, lo lleva a la barrera, detenido por desacato a la autoridad.
El público se arroja al redondel y se opone a la salida de los mansos; la Guardia civil se baja al ruedo disponiéndose a matar al toro, cosa imposible por la aglomeración de gente. Después desacatos a la autoridad, ocho detenidos, el tumulto que crece, hasta que ya, de noche, una turba de bárbaros se arrojan a la arena y acaban con el infeliz torete a palos, pedradas y puñaladas.
¡Qué espectáculo para un pueblo civilizado!
Y aquí termino dando las más expresivas gracias a mis tíos, igual que a las distinguidas señoritas de Villapecellín, por la amabilidad con que fui tratado.
PEDRO SÁNCHEZ OCAÑA

martes, 1 de septiembre de 2015

Alba a debate

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