sábado, 24 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Martes, 24 de noviembre de 1812

«Día 24. Amaneció sin novedad en la línea enemiga ni en la guarnición: el comandante ordenó se matasen cuatro bueyes, y repartiesen á las compañías, encargando estuviese cocida la carne para las tres de la tarde, seguidamente hizo dar ración doble de ron á la tropa: como las doce del día, sin embargo de no estar uniformes los votos de oficiales en punto á la salida, comunicó la orden que se manifiesta al nº 6º, y en su consecuencia todo estuvo pronto al obscurecer, á cuya hora el comandante entregó á don Nicolás Solar, teniente del Rivero, encargado de sostener el castillo, las instrucciones por escrito que se incluyen al nº 7º, como también una carta para el general francés, que debía remitirle la mañana del 25 siguiente, y se acompaña al nº 8º, sin quedar duda alguna á dicho oficial, y lo mismo al sargento José Silva, de cuanto tenían que practicar. La noche era algo clara, y helando; la salida fue dando las doce el reloj de la villa; pues aunque aquella prevenía á las once, el no haberse visto un foso que había delante de la puerta que se abrió, hizo detener el movimiento hasta allanar el obstáculo con colchones, por cima de los cuales salió la columna que á muy cortos instantes alarmó, arrolló, y dispersó en confusión todos los puestos enemigos, que decían los españoles se van. Los ocho cazadores dispararon sus tiros como se les había encargado, por cuyo motivo se introdujo el desorden en términos de hacerse fuego entre ellos mismos: los que ocupaban el convento, le abandonaron y corrieron hacia el vado, con lo cual dejaron expedito el paso á la columna que continuó su marcha; y aunque colocando partidas en escalones para contener cualquiera otra del enemigo que saliese en seguimiento, fueron éstas replegándose sin novedad, y lo mismo el cabo Juan Fernández Maroto, que con dos caballos se sostuvo hasta la una y media en observación del campo enemigo, cumpliendo con tanto tino su encargo, que se incorporó cuando todos habían descansado, y debía romperse la marcha, manifestando que las centinelas del castillo seguían el fuego como se les había prevenido, y el enemigo aun en confusión: trece fueron los muertos ó heridos de las tres compañías que quedaron en el campo, y dos caballos de los once habilitados con ginetes, á consecuencia de las descargas que varios puestos enemigos hicieron al ser arrollados: los tres rancheros y once asistentes ó se volvieron al castillo, ó perdieron el rumbo y cayeron en manos del enemigo, El objeto del comandante en dejar escolta fue, no desamparar los veinte y tres enfermos imposibilitados; que en incidente desgraciado hallasen asilo los que lograran volver al castillo; y por último, que consiguiendo introducir la confusión en el enemigo cuando saliese de ella, llamase su atención el ver continuaba haciendo fuego el castillo en iguales términos que las noches anteriores, siéndoles suficientes á no destacar fuerzas algunas, como sucedió.»
[...]



«Orden para la salida del castillo.
NÚMERO 6°
Mediante se cumplieron los días que debíamos guarnecer esta posición, y llenado en ella bien cumplidamente el deber haciéndonos respetar de un numeroso ejército enemigo, he dispuesto que en esta noche hagamos una salida, y arrollar los enemigos que nos circundan, animándome para ello el valor y demás virtudes militares de los dignos oficiales y granaderos que el día 10 tuve el honor de elegir para acompañarme en esta honrosa comisión; y por lo tanto soy mas obligado á buscar el medio de salvarlos cuando una suerte desgraciada se les acerca, y  á aumentarles una segunda gloria que perpetúe su memoria en la milicia. No dudo conseguirla, y aun la miro como ya adquirida, si todos á una contribuyen á mis ideas; mas desgraciado aquel que se separe de ellas, pues que solo hallará su ruina: la base principal de todo militar es obedecer y sufrir la suerte, conforme la disponga el gefe que le mande: de este modo sirve á Dios, al Rey y á la patria.
El cabo primero Juan Fernández Maroto escogerá ocho soldados, y con los dos cazadores ingleses formará una partida de caballería, que vestirá y armará con el equipo de los dragones prisioneros; y de los caballos, inclusive el mío, elegirá los once con sus monturas que sean mas á propósito en el concepto de que cada oficial recogerá el suyo para usar de él después de la marcha de esta noche, conduciéndose los equipages en el mayor número de caballerías que hay sobrantes.
El sargento don José Noval nombrará ocho cazadores que deben marchar por cabeza de la columna, cuidando sean de los mas acreditados en valor y serenidad.
Siendo forzoso quede una escolta encargada del castillo, tenia ideado solo se compusiese del sargento de1 Rivero José Silva, en razón á su valor y despejo, con dos cabos y diez y ocho soldados; mas el crecido numero de veinte y tres enfermos imposibilitados, incluso el soldado portugués, ha movido mi reflexión á ordenar se caracterice dicha escolta con el teniente del mismo cuerpo don Nicolás Solar, y sea en caso quien responda al general francés, después de remitir con Silva la carta que para él dejo al efecto. Como los soldados de esta escolta no tienen que hacer la violenta marcha, y solo sostener el fuego á pie firme en el castillo durante la noche, se nombrarán los mas débiles en resistencia, sin que note yo parcialidad por uno u otro estilo: de estos individuos y de los enfermos los señores comandantes de compañías formarán una relación nominal que entregarán á don Nicolás Solar para por ellas deducir el total de los que quedan á su cargo, y el teniente don Andrés Narváez lo hará de las equivalentes á prisioneros.
Para la hora de las ocho se hallarán las compañías prontas á marchar, habiendo comido el rancho, y cada individuo en su morral la ración de carne cocida y la de galleta que se han distribuido para el día 25, y municionados á sesenta cartuchos, teniendo cuidado al propio tiempo de cambiar cualquiera fusil que se halle inútil: es de toda necesidad el numerar de nuevo para poder pasarse lista á toda hora de la noche; y á fin de evitar la menor equivocación, no se incluirán los ocho soldados y el cabo elegidos para hacer el servicio de á caballo; los ocho cazadores que deben ir por cabeza de la columna, tres rancheros, y un solo asistente de cada oficial, graduando ya de baja los enfermos y escolta que quedan en el castillo.
Las compañías se formarán en dos pelotones, y á dos de fondo, colocándose en cada uno sus respectivos oficiales y sargentos á los costados de las filas, de manera que en el derecho de la primera y izquierdo de segunda vayan oficiales, y en los opuestos sargentos:  al subteniente don José Diez, y al teniente don Nicolás Solar, el primero por ir dirigiendo los ocho cazadores sueltos, y el segundo por quedarse en el castillo, resultará substituirles los sargentos primeros, bajo el supuesto de que las filas han de ir encajonadas, y sus colaterales responsables de la menor falta que en ellas se note. Cazadores de Monterrey formarán el primero y segundo pelotón de la columna, granaderos del mismo tercero y cuarto, y granaderos del Rivero quinto y sexto: todos llevaran sus armas cargadas con la bayoneta armada, teniendo mucho cuidado en que no se dispare fusil alguno, particularmente luego que se haya pasado el convento, pues resultaría manifestar al enemigo el rumbo ó dirección de la guarnición. El subteniente don José Diez con el sargento Noval y los ocho cazadores formarán una fila delante del primer pelotón, siendo su objeto guiar la columna,  desordenar los puestos enemigos sin pararse por pretexto alguno, y llegando al convento disparar los fusiles á derecha é izquierda para que los tiros se dirijan al pueblo y campo de san Francisco, debiendo hacerlo sobre la misma marcha. El cabo Juan Fernández Maroto con los diez caballos cubrirá la retaguardia del sexto pelotón, y pasando del convento, como á tiro y medio de fusil, se situará y permanecerá en observación del campo enemigo una hora, después de la cual romperá su marcha al trote hasta alcanzar la columna. Los rancheros y asistentes seguirán con el bagage á la caballería hasta pasar el convento, y luego que aquella se separe, á la columna, pero siempre á retaguardia. Pífano, corneta y tambores formarán una fila entre tercero y cuarto pelotón. Los tres guías irán uno con don José Diez, otro conmigo á la cabeza, y el tercero á retaguardia con el capitán don Ramón Sanjurjo.    
El teniente don Andrés Narváez remitirá un cajón de municiones á la torre, y los restantes, luego que todos se hallen municionados á sesenta cartuchos, deberá tenerlos preparados para arrojarlos al pozo en el momento de avisarlo yo. El oficial de guardia en el rastrillo principal, retirada que sea la tropa de los parapetos exteriores, echará su llave y la entregará al oficial Solar, cuidando de correr el madero pasador, y acuñarlo para que no haga movimiento.
Por el orden expresado se hallará formada la guarnición en el huerto á las diez de la noche, para que la salida sea á las once en punto, y omito hacer otras prevenciones mas que las de encargar mucha unión y silencio, como el que debiendo marchar la cabeza al paso redoblado hasta llegar al monte, es forzoso que la retaguardia violente mucho el suyo. = Castillo de Alba 24 de noviembre de I812. = José de Miranda.


NUMERO 7º
Instrucciones al teniente de granaderos del Rivero don Nicolás Solar encargado de sostener el castillo hasta la mañana del 25, que se  rendirá prisionero.

Queda de escolta el sargento José Silva, dos cabos, y diez y ocho soldados colocados en el orden siguiente: el cabo José Campos con cuatro soldados por la parte exterior del castillo, situados en centinelas desde el primer rastrillo hasta el parapeto del horno, haciendo fuego toda la noche, sobre el pueblo: en el parapeto alto dos soldados que harán el mismo fuego; y en caso de ser atacado el cabo Campos, se replegará á este punto, que sostendrá con energía, respecto se halla con toda seguridad; retirando la escala de mano luego que suban los soldados: en el malecón sobre el puente estará el sargento Silva con cuatro soldados que harán sus fuegos por aquella parte, y en observación de los del cabo Campos;  pero si éste se retirase, por ser atacado, al punto indicado, será todo su objeto batir el frente del rastrillo principal del castillo: en el parapeto interior, o depósito del ganado, se colocarán dos soldados para observar al cabo Campos; y retirándose éste harán fuego por las aspilleras á cuantos objetos se aproximen, en cuyo caso serán reforzados por el cabo Mateo, con cuatro soldados que defenderán todo el frente sin el menor riesgo. El oficial con el cabo y seis soldados se colocará en el tramo que baja al huerto; y tan luego como observe que la columna no vuelve al castillo, cerrará el postigo, arrojando sobre él los escombros que al efecto le quedan preparados, y dejando dos soldados para que hagan fuego á los que por aquel frente se aproximen, deberá retirarse al patio y rastrillo principal.

El sargento herido Tomas Alvarez en el cubo de la torre, que sirve de hospital, queda encargado de no permitir la salida de enfermo alguno, del armamento de estos, de un cajón de municiones, y de las tablas que sirven de puente para entrar al depósito de prisioneros, con prevención de las funestas consecuencias que le resultarían si llegasen á salir del fuerte calabozo en que por sí solos están custodiados.
Todo el cuidado del oficial Solar será vigilar que los puntos sigan un fuego sostenido durante la noche para persuadir al enemigo de que la guarnición está dentro; y si por algún incidente se arrojase á las obras exteriores, como el malecón, parapeto interior y el alto hagan sus fuegos, no podrá conseguir mas que alojarse en la ermita arruinada, casa del horno y su corral; pero como su objeto sea sostenerse en la noche, no debe imponerle aun logrando tal ventaja: para visitar los puestos deberá hacerlo por las comunicaciones interiores sin necesidad de abrir el rastrillo, supuesto quedan situadas las escalas de mano. Si por algún incidente desgraciado volviese la columna al castillo, lo verificará inmediatamente.
Luego que haya amanecido el día 25, dispondrá que el sargento José Silva con su fornitura, armamento, y un pañuelo en la mano pase á la villa para entregar al general francés la carta que dejo al efecto, encargándole no lo verifique á otra persona alguna, ni indique haberse marchado la guarnición. Seguidamente reunirá toda la escolta en el patio, y por las noticias de compañías se cerciorará de si son los mismos individuos, aumentando en ellas cualquiera otro que por casualidad apareciese en el castillo. Las listas de prisioneros deberá darlas al oficial francés que se presente y le acompañará al cubo depósito para que el se entregue de ellos, pues de sacarlos antes se expondría á desórdenes. Todas estas precauciones y formalidades harán honor y respetar al teniente Solar. Castillo 24 de noviembre de 1812 = De Miranda.



NÚMERO 8º
Señor general: las reglas de la guerra deben seguirse en todas sus partes, y así es que emprendo la salida con mi guarnición: si las fuerzas de V. me encontraren, siendo compatibles, nos batiremos en campo raso. Dejo un oficial para entregar á V. el castillo con los enseres que encierra, particularmente los prisioneros á quienes he mirado con toda consideración, y omito suplicar á V. tenga la suya con el oficial, enfermos y escolta, supuesto que sus escritos me han hecho ver la generosidad de su corazón. Dios guarde á V. muchos años. Castillo de Alba de Tórmes á las once de la noche del 14 de noviembre de 1812. = José de Miranda».
 


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