José Luis Miñambres
Es el final, como el Pozo de la Nieve, mirando al Occidente albense, todo se acaba, como esa cachapa del terreno. Para siempre, sin duda. Es la vida, o... ¿Acaso la muerte?... Dios lo sabe, solo Él.
José Luis Miñambres
Es el final, como el Pozo de la Nieve, mirando al Occidente albense, todo se acaba, como esa cachapa del terreno. Para siempre, sin duda. Es la vida, o... ¿Acaso la muerte?... Dios lo sabe, solo Él.
(Fotografía cedida por Miguel Manuel Martín)
(Fotografía de Fructuoso Barriego)
José Luis Miñambres
Como si la tierra brotara hacia los cielos en motivos circulares que se mezclan en sueños desordenados, algún día el pueblo los descubrirá transformados, hechos piedra mirando el cielo que los cubre. Es la vida, es el mundo y sus quehaceres, tan cerca de nosotros.
José Luis Miñambres
No conozco a los presentes de la imagen, tan elegantes y serenos. Son
sin duda la mejor representación de estas fiestas que, orgullosas, nos abre el
camino estival. Con elegancia lucen su palmito. En feliz consonancia, se cubren
las espaldas con piedras históricas del castillo, tan recio en su esplendor. Se
oye el mugido de los toros, el relincho de los caballos mirando absortos y el
recinto familiar de las tartanas. A sus pies, con humildad, el taller de Joroba
resucita viejas bicicletas, cansadas de correr. No dejarán de haber pasado camino
de Amatos, para ver de cerca la solemnidad de los Arapiles, tan soñados en su
historia.