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jueves, 29 de abril de 2021

El Pozo de la nieve

 


José Luis Miñambres

Es el final, como el Pozo de la Nieve, mirando al Occidente albense, todo se acaba, como esa cachapa del terreno. Para siempre, sin duda. Es la vida, o... ¿Acaso la muerte?... Dios lo sabe, solo Él.

martes, 30 de marzo de 2021

Plaza Mayor

(Fotografía cedida por Miguel Manuel Martín)

SUEÑOS
José Luis Miñambres

A veces surgen sueños en el cielo y... en nuestro corazón. O entre los pucheros... Teresa dixit. Como si el fervor tradicional viviera como el alma. Contemplados en la lejanía, sin embargo, transformamos la realidad diaria y el silencio de nuestros barbechos en el campo. ¡Qué pena las espigas! Pero ofrecen un perfil preciso, nítido, lejano... si miramos con el alma…
Y cuando su perfil se queda quieto, entre nuestras casas, tan históricas y nobles, surge una especie de espíritu celeste. Y ahí nace el símbolo, agarrado a la belleza de los cielos, tan próximos ahora en nuestro sueño.
Qué pena nuestra esencia, perdida en nuestras almas. O... en el desprotegido corazón. Sería difícil escoger. Pero... sic transit gloria mundi.

lunes, 15 de febrero de 2021

Tenerias

(Fotografía cedida por Miguel Manuel Martín)

Qué nombre tan bello, tan medieval, el elegido por el pueblo... “tenerías”. Y el espacio de la villa, con ese tono abigarrado de la variedad de sus tejados cambiantes en su color y protegidos casi por la falda próxima que viene y la verticalidad de la chimenea, tal vez de rojos ladrillos. El agua del Tormes (veloz desde los montes abulenses, ignorantes de su origen) cruzando lenta y sonora, el viejo puente. Tan cerca, en el río, ese par de chopos, contemplando desde su humildad el paso del agua hacia las tierras de Amatos y sus Arapiles, y la Mesa de Carpio y su castillo.
Son detalles geográficos cargado de hondo simbolismo, sobre todo si pensamos en que su destino se halla en Salamanca, en ese poniente donde nacen las torres. Tal vez como la vida.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Basílica en construcción: Año 1907

 

(Fotografía de Fructuoso Barriego)

José Luis Miñambres

Como si la tierra brotara hacia los cielos en motivos circulares que se mezclan en sueños desordenados, algún día el pueblo los descubrirá transformados, hechos piedra mirando el cielo que los cubre. Es la vida, es el mundo y sus quehaceres, tan cerca de nosotros.

viernes, 23 de octubre de 2020

Plaza Mayor

 


EL ENCANTO DE LAS CATEDRALES
José Luis Miñambres

También para mí la Plaza de Alba tiene el encanto de las grandes catedrales, como decía el escritor, como humildemente las catedrales se quedaron convertidas en la belleza de las torres mudéjares, con su ladrillo secular, y las torres góticas en su verticalidad.
     Cerca fluye la calle que brota de la Plaza, camino de los misteriosos verdes del Tormes. 
    Solamente, hierático y solemne en su sencillez, el Ayuntamiento muestra los tejados y relojes de la Historia. A su izquierda dormita, la vida burguesa de la villa, con sus románticos escaparates. 
     Por el este, como viniendo del Castillo, los soportales se transforman el día catorce de octubre por la noche, esperando los embates del Toro de fuego en la víspera de la Santa. ¡Qué miedo y qué alegría en el rostro de los niños, jugando con la cera de los cuernos! Entretanto..., en el centro de la Plaza, el mundo vegetal germina diferente. Palmeras altas exhiben su cabellera vegetal, protegiendo el rojo tierno y delicado de los tiestos rojos y delicados entre hierbas y tierra.
     Nace así ese bello contraste, como el que Alba se merece.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Ronda del Alcazar

(Mediados años 60)

VIEJOS CORAZONES DE PIZARRA
José Luis Miñambres

Alba fue siempre villa de pizarra dispersa. Felizmente dispersa por todos los espacios y caminos. Tal vez se lo enseñaron los siglos, en su andar, o la torre del Castillo, para que el rigor pétreo y eterno adornaran la historia.
Son abundantes los espacios, pulidos en los aires del castillo y creados con la piedra desnuda, que el musgo dignifica en su humildad con la llegada de las primeras aguas. Balcones y torreones rectilíneos, superpuestos...como bellos andamios. Pero el tiempo los ahormó con finura, señeros, inesperados, con piedras de variada extracción, desde las recias lanchas hasta los humildes rollos. Y creó paseos y calzadas y, sobre todo, muros hacia lo alto, como el de nuestra ilustración, perfilado con suaves lanchas pizarreras. El tiempo no pudo con ellos, ni el hielo de los recios inviernos, ni el rocío primaveral ni el duro sol del estío.
Algunos subsisten eternos y airosos, como el tiempo que brindan las calles de Alba.
He aquí la muestra accidental, labrada con primor y donosura. A lo lejos la torre enhiesta, mirando al cielo. Se ve solo un trozo de cruz, no es mal emblema. Y es además...bello símbolo...Y eterno

viernes, 28 de agosto de 2020

Calle Benitas

(Foto Cojo)

EL TRISTE CAMINAR HACIA PONIENTE
José Luis Miñambres

¿De dónde llegará este caminante, con el brillo de sus pasos en la tierra, en el barro desconsolado y brillante? Desde los campos del Este, a buen seguro, con el sol naciente a sus espaldas y el lodazal de sus pies y de su suelo. Más lejos, tal vez, piensa en paisajes viejos de la memoria, lejanos acaso: la Ermita del Otero, secular en su sombra, entre Palomares y Terradillos. Y más lejos, hacia Poniente, la eterna Mesa de Carpio y su castillo de Bernardo.
Sus pasos, su soledad y, tal vez, su tristeza, le han traído hasta las aguas del Tormes, con los restos de la muralla del Alba antiguo, soñando todavía. Y, sobre ella, la hermosura vegetal del Espolón, recinto floral, inmarcesible y eterno. Avanza el caminante en su desolación hasta el corazón urbano de la villa ducal, tan marcado por restos de lo histórico. Y en su caminar hacia el Oeste, ha cerrado sus pasos en la calle, dos edificios coinciden en su camino: a la izquierda, los monumentales sillares del muro, protegen la puerta del convento de Dueñas y sus recias columnas, alma de tantos sucesos del corazón de las pocas monjas que allá quedan. A la derecha de la calle, se mantiene el muro isabelino, recinto actual para la formación de mentes juveniles.
¿Hacia dónde se dirige el caminante? Ha dejado sus pasos y busca otro destino, entre los muros de la villa.  A lo mejor llega por la carretera de Aldeaseca, buscando otros caminos. O acaso… recorra la carretera de Garcihernández, tan lejana. O quizá recuerde Amatos, con sus Rolladales y Arapiles y con la belleza de desoladas y viejas alamedas.
Todo mientras el tiempo pasa… Y se van muriendo los recuerdos. Y, al final, solo el pensamiento del viajero, con toda su tristeza. 

viernes, 31 de julio de 2020

San Juan


DEL SUELO AL CIELO
José Luis Miñambres

Del suelo al cielo, donde crecen los grandes ideales. O los recuerdos más queridos. Todo ello emana de esa imagen albense, tan lejana y expresiva, nacida de la tierra, de la plaza, tal vez de los viejos y lejanos estratos minerales. Polvo en su origen, de los Coladeros probablemente. Se transformaron sus ladrillos mudéjares en la bella iglesia de San Juan, espíritu del pueblo y origen de la eternidad de sus sueños. No falta la belleza excelsa y humilde: el románico, custodia artística de tanta belleza en su interior. ¡Ay el Apostolado del altar mayor…! y tantos tesoros, próximos al misterio de la belleza!
     Y el tiempo que pasa, el tiempo que crece transformando el mudéjar en el religioso bastión de otro templo, mirando al cielo también en forma de torre esbelta, el milagro arquitectónico: la síntesis del arte subiendo desde la tierra de la plaza hasta el cielo, recordando el sueño albense.
●○○○●
     Pero el tiempo pasa con su destrucción incorporada: He ahí la celebración de la efeméride moderna: los cincuenta años de la nueva Iglesia de Amatos. Es más humilde en sus muros y espadaña, pero no en los sentimientos que la hicieron.

viernes, 26 de junio de 2020

Feria de Alba


José Luis Miñambres

No conozco a los presentes de la imagen, tan elegantes y serenos. Son sin duda la mejor representación de estas fiestas que, orgullosas, nos abre el camino estival. Con elegancia lucen su palmito. En feliz consonancia, se cubren las espaldas con piedras históricas del castillo, tan recio en su esplendor. Se oye el mugido de los toros, el relincho de los caballos mirando absortos y el recinto familiar de las tartanas. A sus pies, con humildad, el taller de Joroba resucita viejas bicicletas, cansadas de correr. No dejarán de haber pasado camino de Amatos, para ver de cerca la solemnidad de los Arapiles, tan soñados en su historia.


viernes, 29 de mayo de 2020

Antiguo Centro de Salud


EL “CLÍNICO”
José Luis Miñambres

Revolotean por el aire los recuerdos y el amor de los viejos papeles, las casas antiguas ... Y en el campo lejano, asentadas en la Dehesa, próximas a San Jerónimo y a la luz religiosa de su espíritu.
       En la Carretera de Piedrahita (que viene del este, de tierras lejanas y de la salida del sol) el pueblo nos dejó “El Clínico”, primer dispensario albense, inaugurado allá por los años ochenta. Breve, tal vez, fue su   existencia para aquellas largas penalidades de los médicos rurales, que dejaron de ser pasto de las benditas “igualas” de antaño, ejercidas por heroicos galenos de pan llevar. Galenos que cumplían su deber en recios caballos o débiles bicicletas...camino de los Coladeros y, sobre todo de las buenas besanas  amateñas. 
       Nuestra foto lo dice todo, en escritura en blanco y negro, con antenas de televisión, y ausencia de pardales y golondrinas. Descansando... viejos automóviles, próximos a la hierba y las plantas cercanas. Y altos, muy altos, los sueños de los viejos albenses; aquellos que construyeron los espacios deportivos en la Dehesa, el Pabellón, la Estación de autobuses y la casa de médicos...

jueves, 30 de abril de 2020

Capillas de la Basílica


TEMPUS FUGIT
José Luis Miñambres

La caseta al fondo, protegida por mínimos árboles, (tal vez sean los primeros aligustres) parecen observar el tímido neogótico, germen de futura belleza, pétrea y vegetal, en la limpieza de sus líneas en los ventanales góticos...flota la belleza de lo humilde y de lo trascendente del arte, de la estética futura, Y de la belleza albense, en la Basílica, neonata todavía. Los mínimos ventanales alcancen ya a divisar las corrientes de Tormes, siempre tan lejanas...
Parece que llega la primavera de todos los años, alegrando su caminar acuático y vegetal desde la Sierra “peñascalera” de Gredos y La Maya, geografía de múltiples vivencias y recuerdos.
Y todo el solar que se contempla, amparado por mínimos y silvestres vegetales de la primavera incipiente, anticipada casi en un enigma histórico, neogótico, un hastial que será el mejor emblema de la villa: “Tempus fugit”, pero bendita su huida hacia adelante, hasta la monumentalidad de la villa, de sus tejados y de sus campanas, camino de los Arapiles de Amatos, con el eterno sonar sus montículos.  

martes, 31 de marzo de 2020

Alba de Tormes: Vista general

(Edición: Pedro Regalado)

LOS CUATRO PUNTOS CARDINALES DEL AFECTO
José Luis Miñambres

Cuatro puntos que marcan y bordean mi vida... ¡tan frágil ya y tan...melancólica! Como el agua que corre sosegada camino del mar, que es... Salamanca. Es mejor desviar el recuerdo y pensar en los lavaderos de Alba, mirando a Carpio. Es mirada que se borra de mi corazón, sobre todo cuando, de niños jugábamos con nuestras piernecitas. Pero todo ha pasado demasiado rápido, sobre todo en nuestra alma. Ahora nos devora la rápida nostalgia, henchida de dolor, sobre todo cuando el respirar llega cargado de la muerte.
     Cómo no recordar la dureza de las piedras del puente, riéndose del agua que viene de la Maya inundando las huertas y los prados, tan cerca del Torreón y la Perdiz. Ahora que está llegando la primavera y las golondrinas hacen sus nidos en las viejas tenadas del olvido, o los arricágeles, debajo de los tejados de las monjas.
     Pero es triste el contenido del olvido, pura metáfora rediviva cada año. Ni siquiera descubrimos los pollos de perdiz en los Rolladales de Amatos. O el “prao guarrero”, siempre tan complejo de juncos y de cardos. Y de sueños rodados por la era ¿Picaban acaso? No lo sé, ni quiero ponerme a recordarlo.

viernes, 28 de febrero de 2020

La Estación

Antigua estación de ferrocarril de Alba de Tormes
(Tapiada y abandonada)

ESTÁN CLAVADAS DOS CRUCES…
José Luis Miñambres

     Ni siquiera dos cruces hubieran soportado ese tiempo de Alba, dejado de la mano del hombre y… ¡ay!, acaso  de la mano de Dios! O del suspiro del tren que, con su pasar torpe y mecánico, se dirigía cayendo hacia el olvido. Los muros humildes dejan señal casi eterna del tiempo que se fue, aunque sus puertas y ventanas luchen, enhiestas casi, por recuperar el recuerdo. No ha hay vida humana y la vida vegetal se esfuerza en renacer aunque las plantas no den señal de su biología. Unas ramas secas, pretenden dulcificar el suelo, pero no llegan a ser más que cascotes de zarzas en montón, restos tal vez de alguna mano piadosa que ejercía el centenario milagro de la poda. Pero todo parece herrumbre y abandono. Perviven, sin embargo, recios árboles, símbolo de la vida.Con todo, sus trazas heroicas parecen reanimarnos el corazón y, acaso, el alma que se fue. Y vive valiente el corazón, con los adioses lejanos, incrustados en sus muros y ventanas, con el verdor momentáneo de la plantas. Es posible que el encinar eternice su contorno, pero no brota junto a los muros de la estación. Será que tiene que ser así. Deo volente, llegará la primavera y las primeras horas cambiarán el paisaje y sus quehaceres. Y a ver si con ellas los albenses se apuntan al paseo en sus  huellas tan terrosas.
     Es el triste sino de la vida que nace, que vive, pero que nunca devolverá el alma a la estación, cerrada para siempre en sus perfiles. Es el paso de los tiempos, de nuestro tiempo, tan recio y afanoso. La vida, en fin y, sobre todo… la muerte.

viernes, 31 de enero de 2020

Casa de los Bordona


LA CASA DE LOS BORDONA
 José Luis Miñambres

Desde la subida de la puerta del Río, como camino de las tierras y de aguas lejanas, se yergue la mole de la Casona de los Bordona, un paquebote del ayer, que exhibe sus ventanas oscuras, con tristonas acacias, en la Plaza del Grano. Arrastra su triste pasado, mostrando sin miedo su volumen. Mira el mediodía y escucha las aguas del Tormes, respira el  espíritu de la Basílica, respetando el silencio y la recia armonía del Torreón. Y contempla con dolor a la Puerta del Río, un Tormes que sigue mirando hacia Poniente, camino de las besanas y de las tierras de Amatos, cerca de los Arapiles por el norte y la Mesa de Carpio, hacia poniente. En la casona, que se va con el tiempo y la vida, no importan sus desconchones desenjalbegados, ni las heridas horrendas de la vida, ni las resquebrajaduras del olvido.
A fin de cuentas, La Casona y esas marcas y grietas en el negro azogue de su rostro, discurre la callecita por medio, con los viejos torreones albenses y con sus marcas señeras, seculares, pasa el tiempo, rodeando esa plaza donde vegetan sus tristes palmeras. Y ahora, en los duros inviernos, acunando los rosales podados, que exhiben su calor.  Entre la plaza, las torres y los viejos tejados, la Casona, subsiste en la calle ya vieja, por donde llega la esencia de lo albense, con un triste y humilde recuerdo del tiempo tan lejano.  Pero la Casona se fue para siempre, aunque…¿permanecerán su espíritu y los recuerdos del ayer? Solo Dios lo sabrá…y acaso su lejana y eterna tristeza entre los hombres.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Baja de muros...


ALBA, SUS TORRES Y SU CARRO
José Luis Miñambres
En la foto de Alba, el universo, marcado por las eternas y bellas torres de siempre (San Juan, Las Madres, San Pedro, haciendo guardia humana y religiosa) acogen con pasión elementos dispersos, casi como la canción: tres eran tres, aquellas torrés…marcando el horizonte más alto y más lejano. Como contemplando y amparando la juventud de la Basílica, con su adorno  vegetal de tiernos árboles.
Por la orilla del río, aun sin plantas jóvenes ni juncos rebeldes, hacia el norte, hacia la muralla medieval, asiento del Espolón,  va un carro. Al carro se le intuye arrastrado por vacas, con carga pequeña e, incluso, con dos varas de tiro. No van a buen seguro camino de Amatos, si acaso al Pozo de la Nieve. Si fueran hacia Amatos, llevarían el carro de bueyes, bueyes rumbones…como dice la canción: eso sí que son signos de labradores. Y, antes de llegar a la carretera del Silo, pasarían cerca del Pozo de la Nieve, misterio para los niños de la posguerra. Entonces, todavía, seguro que guardaba en sus oscuras entrañas la imagen del invierno y de la nieve que, en la superficie se nos fue.

lunes, 28 de octubre de 2019

Plaza Mayor (Años 60)



DESDE EL SUR SE VE MEJOR EL CIELO
José Luis Miñambres

     Se ve mejor el azul del universo, rodeando las casas modernistas de la Plaza, especialmente con la espalda cubierta con el arquitectónico espacio de las Madres. Por el norte, llega volando el cierzo de Amatos y de los Arapiles. Hacia el mediodía, la Basílica, marca el camino del Tormes, sus aguas, sus juncos y espadañas. Por septentrión las nubes se disipan dejando un cielo arrebolado, áspero, seco. La cárcel del cielo, posada en el jardín, encierra un espacio cromático en el que lucen las lámparas municipales y se yerguen altivas las palmeras de Elche. Verdea el suelo y al lado de alguna palmera, brillan humildes florecillas que el hielo perdonó. Acaso canten los gorriones y los tordos, fieles a su costumbre.
     Todo brilla, pero las tejas (cubriendo con su tono rojizo lo alto de los tejados de la plaza) parecen desordenar la cromática igualdad de las alturas. No sabemos la estación en que estamos, pero el brillo del sur resulta sorprendente. Tal vez como la vida.

lunes, 30 de septiembre de 2019

Alba en el siglo XIX


(Imagen obtenida a finales siglo XIX, con las obras para
construcción de la Basílica Teresiana apenas iniciadas)

SIN TORMES NO SERÍA ALBA
José Luis Miñambres

No hay que olvidarlo:  desde el suelo, el mago Tormes (dominado fluvialmente ahora por el pantano de La Maya) dice adiós al puente, que discurre sereno, rizoso, fluido. Diciendo adiós al verdor de sus orillas, donde crecen inesperados vegetales y crían aves humildes.Pero con la llegada del estío, cuando llega el calor, el puente resalta en su cauce… y en sus riberas. Surge así la imagen de un Alba antigua, distinta. Aunque, mirando bien Alba, mirando bien la villa, no se identifican sus pies cargados de tierra, bajando al río.
     Pero la bajada de ese nivel es también la mirada hacia el rancio, urbano, antañón perfil de los tejados… Se transforma en una imagen airosa, serena, reflejo visual del abigarrado perfil de la villa, que la contempla desde lo alto, con las cabelleras de iglesias y conventos. Pero faltan los símbolos eternos: es extraña la ausencia del castillo y la mole pétrea del Torreón. La luz seca, veraniega, precisa, ha hecho el milagro, un variado perfil de calles, de casas y de plazas, arracimadas por doquier, que ofrecen una cara nueva de nuestro viejo Alba.
     Ni siquiera existe la moderna basílica, si acaso sus cimientos: está presente el trazado que empieza a contemplarse en su nacimiento. Pero…tiempos vendrán en que los muros recreados formarán parte de la esencia moderna y la belleza. Tal vez como un reflejo de los aires del cielo, a los que se dedica una parcela desde el fondo del alma. Y el sentimiento eterno del tempus fugit, pero no el espíritu.

miércoles, 28 de agosto de 2019

Plaza de toros



LOS VERDES DEL AYER
José Luis Miñambres

Los hombres acarrean el paso de los tiempos dejando en la tierra viejos ecos en forma material. Y se conforma así una mirada cercana, desde lo alto… que reduce el viejo coso taurino casi a un ojo histórico. Está  rodeado del reducto blanco de las grandes ocasiones y de la piedra inamovible, recia, de lanchas antiguas…Casi eterna. Como la esencia albense de antaño, resto primario y lírico del saber taurino. Pero el círculo es ahora, en la foto antigua, un mundo caduco, pétreo, duro, al que los trabajadores tratan de salvar su cara vieja y antañona con rudimentarias herramientas.

Sin embargo…todo permanece: los alrededores, el muro, el albero y las viejas talinqueras, rodeadas del verde del ayer: hierbajos vulgares, inclasificables, silvestres, efímeros… crecen humildes junto a las tablas, dando un nuevo color, extraño, inesperado, poco duradero. Como si la sangre derramada, de toros y toreros de otro tiempo, sirviera de humano abono y testimonio de gestas heroicas. Y como detalle didáctico y humano, la Escuela, de traza geométrica…distante y legendaria, como la infancia que se nos fue entre sus muros académicos. Y un poco más lejos…el Castillo, símbolo plástico y heroico de la ciudad albense. No figura en la foto pero se intuye su presencia espiritual.

Como siempre el documento fotográfico es la seña del ayer, cambiado ahora por tejados metálicos, efectivos pero fríos, oscuros distantes. Es el tiempo que se fue.

viernes, 26 de julio de 2019

El jardín ducal de Alba

(Foto: Ansede)

RELIGIO BELLI
José Luis Miñambres

Tempus fugit escribió el clásico y, desgraciadamente, sigue vivo el aforismo, tan próximo y tan pleno. Basta leer al teresiano albense Pepe Sánchez Rojas. En sus páginas, y viendo la imagen adjunta, es inevitable una desoladora y triste visión  del ayer. El muro, aunque deshecho, es un perfecto recuerdo clasicista del Duque. Tal vez disfrutaba abandonando las recias hechuras en el altozano del Castillo, contemplando el Torreón y otros encantos albenses. Pero… ¿por qué no iba a mostrar su respeto a la villa, su rendido homenaje él, dueño y señor de tantos mundos?
       Pero he aquí la humildad, y a veces la desidia, de las tierras de Alba. Frente a ellas, la zona acabó señoreada con el nombre de La Verbena y los trigales de  Alba, trigos candeales, fuente del pan de la villa como lo era por el norte, el trigo de las tierras de Amatos. Y, hacia oriente, la carretera de Aldeaseca sería el camino polvoriento hacía el espacio de las bellas iglesias románicas. Y la Dehesa al fondo, al lado de la villa.
       Tal vez, lo robó el tiempo, o los viejos anticuarios. O los ladrones de pan llevar… Pero los restos gráficos soportan la mentira de la desolación y el exterminio. Y observamos en la fotografía un recio muro, con ventanas de hierro, motivos artísticos, religiosos, mitológicos acaso, que desafiaron el paso del tiempo, apoyados en rudo y bello basamento. Es difusa y lejana la foto, pero se descubren motivos piadosos, símbolo de la Religio belli, tal vez testimonio de fervores ducales. Próximo, surge el fruto espontáneo de la tierra, la belleza arbórea de lo verde, cubriendo los restos, abrazando y acogiendo lo que el paso del tiempo no había destruido. 
       Solo nos queda la tristeza en la mirada. Como la vida, al fin, como la vida.

viernes, 28 de junio de 2019

Iglesia de San Miguel


La desaparecida iglesia de San Miguel                     
José Luis Miñambres

El paso del tiempo, y la desidia cruel de los humanos, desconocen la piedad del ayer lejano y el eco cruel en los ladrillos rojos de la torre antigua. La iglesia de San Miguel, joya románico-mudéjar, alejada del corazón centenario de Alba, sucumbió a los pasos amargos de la nocturnidad, y el olvido: el abandono cruel y despiadado. Y lo hizo en la sombría y desangelada noche de los tiempos.
No sería justo que el pueblo de Alba, ahora en tiempos tan veloces e informáticos, olvidara el valor testimonial de la lejanía del ayer, contemplando actividades evocadoras e ignotas en nuestros días.
El templo conservaba los judíos, los pasos de las procesiones de Semana Santa. Sus puertas cobijaban con fervor y pasión, en el Domingo de Ramos, el remate, económico de la subasta para llevar la procesión. Y…no importaba tanto el sentimiento religioso como la cantidad, en vil metal, que entonces era lo de menos: O tal vez, en limpias fanegas de trigo de la cosecha anterior, guardadas con celo en la panera.