viernes, 31 de diciembre de 2021

A diez años del centenario de Sánchez Rojas

Otro 31 de diciembre; los años, los lustros, las décadas, transcurren inexorablemente. Parece próximo el año 2006 cuando se inauguraba una exposición, en Alba de Tormes, conmemorando el 75 aniversario del fallecimiento de José Sánchez Rojas en Salamanca, en cuya organización participaron, entre otros, la Casa-Museo Unamuno, la Biblioteca General de la Universidad de Salamanca y la Diputación salmantina. En el centenario resulta obligado organizar otra más amplia, a desarrollar en la ciudad de Salamanca, que muestre las distintas facetas de su actividad a lo largo de sus cuarenta y seis años de vida. Y lo es porque cada vez son menos los que, de un modo u otro, conocieron personalmente a este autor unamunesco y salamanesco que ha dejado su huella en la historia del periodismo, de la bohemia, la literatura y la traducción de obras italianas. 

A pesar de todo, el calado de su obra, el contenido y la calidad de sus trabajos, su compromiso con el arte, la literatura, el periodismo, la libertad, Salamanca, España e Italia han dejado un rastro imperecedero. Sus relaciones literarias son innumerables; entre otros, con Unamuno, los hermanos Machado, Azorín, Emilia Pardo Bazán, Armando Palacio Valdés; con los italianos Beccari, Papini, Croce, Puccini, Carducci…  Las tendrá con el arte a través de Juan Cristóbal, Gustavo de Maeztu y su gran amigo Julio Romero de Torres.  En el terreno político, con Unamuno, Indalecio Prieto o Julián Besteiro. Se enfrentará con los aliadófilos en la Primera Guerra Mundial, criticará la censura, la monarquía, la dictadura… 

Siempre empleará con maestría su mejor aliada: la palabra, ya sea escrita en artículos, semblanzas, paisajes, crónicas, o hablada en discursos, conferencias, mítines, emisiones radiofónicas, incluso en algún cuplé en memoria de Tomás Bretón. Llevará en su pluma y en sus labios a su tierra, Alba y Salamanca, la región leonesa, España, y a sus amigos, en especial sus maestros, Unamuno y Dorado Montero allá donde vaya, sea Italia, Francia, Suiza o donde lleguen sus escritos: Gran Bretaña, Italia, Portugal, Estados Unidos o Hispanoamérica.

Sí, Sánchez Rojas es un Quijote bohemio español, un Quijote peculiar, sanchezrojiano, que convierte en lema las palabras del universal: “las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidos son ataduras que no dejan campear el ánimo libre”. Libre, ligero de equipaje recorrió la vida y los caminos de España teniendo siempre presente su Salamanca y a los suyos, siguiendo un lucerito saltón y corredor que le guio a la eternidad.


Miguel Ángel Diego Núñez
Autor del libro
“Regionalismo y regionalistas leoneses del siglo XX (una antología)”

90 aniversario de la muerte de Sánchez Rojas

Muerte de un gran escritor
José Sánchez Rojas

Ha muerto José Sánchez Rojas. No hace muchos días publicábamos su retrato en estas columnas para congratularnos de una honrosa distinción oficial que como escritor —y escritor liberalísimo— había recibido al designársele cronista de las pasadas fiestas republicanas con motivo de la toma de posesión presidencial. Bien lejos estábamos de pensar que pocos días después tendríamos que poner conmovidos al pie del retrato de Sánchez Rojas las líneas de un suelto necrológico.
Sánchez Rojas, que muere joven, era un magnífico cronista, un excelente escritor. En la colección de LA LIBERTAD quedan elocuentes pruebas de esa virtud de literato y de periodista que poseía Sánchez Rojas.
Viajero incansable por las tierras de África, a la manera de «Azorín», del cual había cierta influencia en su pluma, que no disminuía en nada su bien definida personalidad, José Sánchez Rojas deja bellísimas páginas en que recoge sus emociones de peregrino. Ciudades históricas, pueblos castellanos, tipos, costumbres, están reflejados por Sánchez Rojas en su abundante y repartida colaboración por las publicaciones más importantes de España y América. Entre los libros que publicó Sánchez Rojas, uno de los que mayor éxito obtuvo fue «La perfecta novia».
La figura simpática de impenitente bohemio de Sánchez Rojas, tan familiar y querida en tertulias y Redacciones, será echada muy de menos. En los pasillos del Congreso, sobre todo, faltará, con la muerte de Sánchez Rojas, uno de los rostros más asiduos.
Descanse en paz el ilustre escritor y quede aquí constancia del sincerísimo pesar que hemos experimentado al conocer la muerte del buen camarada.
Alba de Tormes, que le vio nacer, acoge sus restos con el amor que hijo tan ilustre merece.

La Libertad (01-01-1932)

miércoles, 29 de diciembre de 2021

¡Lástima!

Concluyeron las obras de restauración y adecentamiento de la iglesia parroquial de San Pedro en Alba de Tormes y… ¡lástima!, no solo se olvidaron de quitar, o cubrir definitivamente una lápida que recuerda a los caídos de uno solo de los bandos que combatieron en nuestra última guerra civil, sino que han retirado un cartelón que desde hacía unos años la cubría, quedado, por tanto, a la vista de cuantos por allí transitan e hiriendo la sensibilidad de muchos de ellos.

¿No es hora ya de dejar de recordar únicamente a una parte de aquellos que, bien por convencimiento, o bien obligados por encontrarse en una de las zonas contendientes, participaron en aquellos acontecimientos tan lamentables?   

lunes, 27 de diciembre de 2021

1931 – 1936 Sánchez Rojas y Unamuno

 Como en años anteriores, Miguel Diego Núñez, asiduo colaborador de esta página, quiere recordar desde ella el aniversario del fallecimiento de Sánchez Rojas y de Unamuno, remitiéndonos, en esta ocasión, la evocación que de ellos había Rufino Aguirre Ibáñez desde la portada de El Adelanto del 31 de diciembre de 1948.


1931 – 1936 Sánchez Rojas y Unamuno

«Se cumplen hoy los aniversarios de la muerte de José Sánchez Rojas y don Miguel de Unamuno. Para nosotros, salmantinos enamorados de lo nuestro, la reiteración con que año tras año rememoramos esta fecha, es tanto como la expresión de una congoja qué no hemos podido dominar aún. Nos duele su recuerdo con la intimidad que nos complace evocarlos ahora como los vimos entonces, en aquellos momentos crepusculares cuando ni ellos ni nosotros sabíamos que la muerte arrojaba ya su pálida sombra sobre los rostros de los que la gubia del tiempo había descarnado anticipadamente para la medalla definitiva de la historia. Más todavía que si su representación literaria poética o filosófica, tienen un relieve humano excepcional para todos los que estuvimos unidos por el afecto y la admiración a sus reacciones vitales. Verlos vivir y pensar; pasear con ellos y escuchar la catarata de palabras de sucedidos, de anécdotas del uno, y las ideas, los poemas y lucubraciones meditativas del otro, era un hermoso espectáculo humano que no olvidaremos nunca.

Sánchez Rojas era como un cohete; se deshacía en una airosa pirotecnia verbal con la esplendidez de un millonario que derrochase su caudal por el placer de alegrar a la gente que le rodea. Con lo que él maltrataba, de ingenio en las tertulias del café o de la redacción, otros vivirían en la holgura y hasta en la opulencia. No guardaba nada para sí, con aquel franciscanismo de la absoluta pobreza, que tenía el supremo valor de su naturalidad. No había comedia, ni mucho menos farsa alguna en su desdén por todo lo suntuario: vivir, para Sánchez Rojas, era sólo moverse, ir de aquí para allá, enterarse de todo, hablar y comentar con la agudeza de su ingenio igual las menudas cosas provincianas que los grandes acontecimientos mundiales. Todo, desde el epicentro de los acontecimientos a los que, de una manera u otra, parecía estar siempre ligado. Las preocupaciones que la vida trae a los demás, las había eliminado Sánchez Rojas con un gracioso y heroico corte de mangas: desconociéndolas.

Sus últimos días, fueron, realmente, maravillosos en este aspecto. Pocas veces le vimos más locuaz, más feliz de expresión ingeniosa y hasta sarcástica. Vivía unos meses de euforia y actividad relampagueante, metido en no sé cuántos proyectos y planes para el futuro. Sin duda alguna, pasaba por el ciclo lúcido y exaltado de la parálisis general progresiva y fulguraba su talento con los más bellos y asombrosos relumbres. Pensándolo bien, tal vez había en su rostro más descarnado y, sobre todo en sus ojos más turbios, una como fatiga más acentuada que trataba de ocultar con un esfuerzo voluntarioso y difícil. Parécenos ahora, que más de una vez se nos ocurrió la idea de asistir al final de un drama y que de un momento a otro iba a caer el telón sobre aquella vida más dramática, en fondo del fondo, que cualquier representación teatral. Pero no sé si esta impresiona es de antes o de después de su muerte; durante muchos días me acompañó esta congoja y la sugestión de haberle visto muerto cuando todavía fumaba su eterna colilla humeante sobre los divanes de Novelty.

Don Miguel tenía ya en los últimos tiempos el rostro más fino de Zurbarán que nunca. Aún era el vasco fuerte, conocido como incansable andarían y conversador infatigable; pero, a veces, don Miguel sé abstraía en la conversación y dejaba que los demás desflecasen los comentarios sin una réplica. Los que tuvimos en ocasiones la fortuna de formar parte de su auditorio reducido, sabemos que los silencios de don Miguel eran excepcionales. Apagado el fulgor momentáneo de sus diatribas políticas contra tirios y troyanos, Unamuno caía en una especie de sopor y la mirada se le marchaba tras los ensueños de siempre. Su voz aparecía como cansada y hasta titubeante. Salvo los raros momentos de exaltación qué, recordaban al Unamuno de años atrás, podíamos ver en él una ternura como de abuelo de todos nosotros, tolerante y paternal, que nos permitía tirarle de las barbas: quiero decir, contradecirle y negarle la razón en las discusiones.

Comenzaba sabiéndolo o ignorándolo a despedirse, de las cosas. Tal vez por eso, don Miguel volvía a recrearse en la poesía, para descansar de su actitud combatiente, a la que el destino no su vocación le arrastró hasta el final de sus horas. Eran los poemas de su "Cancionero”, que en gran parte sigue inédito, lo que por entonces llenaba sus días de contenido espiritual. Siempre fue don Miguel, sobre todo, un acendrado, difícil y nada musical poeta: retornaba ahora a la prístina fuente de su inspiración manadera, a los motivos de su agonía perenne, a dialogar con el misterio del más allá que comenzaba a señalarle con el dedo. Y en esto, en la poesía, se le disolvía a don Miguel la amargura y el dolor de la Patria, convulsiva y tormentosa.

"Sosiega un poco, corazón, la mano
de la boca, y escucha: no estás solo.
Si, ya sé que te, miran en silencio
las otras bocas, mas no tienen ojos...
Échate, corazón, en el sendero,
arrópate un momento con el polvo,
duerme una noche del Señor siquiera,
una noche en que calle y pase todo...
¿Y si no te despiertas? ¿Dónde? Dime.
¿En tu pueblo, en su pueblo generoso?
Mañana..., ayer..., quién sabe..., no sé nada...
Aquieta, corazón’, la manó un poco."

Cuando don Miguel nos recitaba, trémulo y fatigado, este poema, ya andaba buscando la noche en qué dormiría su único sueño silencioso, tranquilo y confortador: el sueño eterno, que el Señor abriga con su mano, y la paz que no lograron alcanzar en vida su corazón y su cabeza, siempre en agónica contradicción, en lucha constante, en penosa disconformidad.»

sábado, 18 de diciembre de 2021

Conferencia de Manuel Diego Sánchez

“¡Vuelve Teresa! Alba de Tormes en el III Centenario de su canonización, 1922” es el título de la disertación con la que Manuel Diego (OCD) prologará la programación que desarrollará el ayuntamiento albense para conmemorar los próximos centenarios de la canonización de Teresa de Jesús y de su doctorado honoris causa otorgado por la Universidad de Salamanca, que se desarrollará a lo largo del año 2022.

La conferencia tendrá lugar el día 23 de diciembre, a las 20:00 horas en el Teatro de la Villa.


viernes, 10 de diciembre de 2021

El crimen de Galisancho

 Fue un 10 de diciembre –viernes como hoy– del año 1897 cuando se perpetró el último ajusticiamiento en Alba de Tormes. En aquella fecha subieron al patíbulo –levantado en el solar ahora ocupado por el Centro Escolar albense– Riscas y Capolo, condenados “al palo” por el asesinato de Santiago Santero, cura párroco de la vecina localidad de Galisancho.
Recientemente, David Corral, administrador de la página amiga Alba de Tormes en la História (Ir) ha confeccionado un relato videográfico dedicado a este acontecimiento que mostramos a continuación.

Documentos relacionados: 
  • Un patíbulo a la sombra del Castillo (Ver): Entre el Tormes y Butarque, 10-12-2008 (Ver)