La revista de derecho, cultura y bellas artes Cultus et Ius, de la Editorial jurídica Colex, ha publicado en su edición correspondiente al primer semestre de 2026 el artículo "Derecho, justicia y música en Castilla y León: breve estudio polifacético", escrito por Óscar Ludeña Benítez, quien nos lo hace llegar y cuya descarga facilitamos atendiendo a las referencias que en él se hacen a nuestra localidad y a la ligazón de su autor con Alba a través de su familia materna.
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viernes, 10 de julio de 2026
lunes, 5 de abril de 2021
El Santo de Valdecarros
Vecino de la cercana localidad de Valdecarros, se llamó Roque Carabias Delgado, y, según parece, en los comienzos del pasado siglo, renunció a una vida acomodada para dedicarse a ayudar a los más necesitados.
De él hemos sabido gracias a estas dos semblanzas –que reproducimos– publicadas en distintos medios de comunicación de la época y, curiosamente, ambas escritas por dos populares coterráneos nuestros que alcanzaron a conocerlo. Una de ellas, la más literaria, firmada por el escritor y periodista José Sánchez Rojas –reproducida, como en él era costumbre, en diversas cabeceras y en su libro Paisajes y cosas de Castilla– y otra, la primera publicada, nacida de la pluma del abogado –y propietario de la primera central eléctrica de Alba de Tormes– Luis de Zúñiga y Clavijo.
El Santo
Poco duraron en su poder. Ansioso de aupar al necesitado y conocedor de las desgracias que le rodeaban, llevo pan donde el pan hacía falta, el buey donde la yunta se había descabalado, albañiles donde la cumbrera se hundía y en poco tiempo ha distribuido íntegramente su capital con el acierto que inspira la firmísima voluntad de hacer bien.
Después, como antes de heredar, a trabajar, y trabajando está hasta el domingo, en que lo que le sobra del salario que gana como excelente aperador, lo regala al que cree que lo necesita más que él.
Para comprender en toda su extensión la calidad de este filántropo, es menester tener en cuenta la idiosincrasia del país. En todas partes la propiedad de la tierra constituye el ensueño de la generalidad de sus moradores, pero aquí, donde se carece de industrias, donde los negocios mercantiles están limitados a un tráfico insignificante, los financieros son punto menos que desconocidos y todo medio de ganarse el sustento no existe, la tierra es la codicia de la vida. A ella está unido el aldeano de tal suerte, que no es raro observar que su posesión ocupa en sus afectos lugar preeminente al de la familia.
Este hombre extraordinario que recuerda más a San Francisco de Asís que a Tolstoi, que no ha oído hablar en la austera labor que constituye su existencia, de democracias, falansterios ni socialismos, siente la fraternidad universal con una resolución avergonzadora para los teorizantes más briosos. Predica con el ejemplo. Su gran obra no espera nada. Hace el bien en lo obscuro y duerme tranquilo sin preocuparse de lo que piensen o hagan los demás. Pero los demás deben preocuparse de él, y ABC darle a conocer.
Bien está que Roque, El Santo, como se le llama con justicia, vaya a arar ¿verdad, Sr Maura? Pero también podía ir con la cruz de Beneficencia colgada de su mugriento chaleco. No todos los dorados uniformes que la ostentan encerrarán sentimientos más nobles y generosos.
Es verdad que probablemente el Santo Roque no aceptaría la condecoración.
Luis de Zúñiga
En medio de extensa llanura de tierras labrantías, cerca de la villa de Alba de Tormes, existe el pueblecito de Valdecarros. En él, desde las diversas posiciones en que les colocara la fortuna, todos se dedican al cultivo de la tierra de su extenso termino municipal. Entre sus habitantes vive el labrador Roque Caravias Delgado, a quien sus convecinos conocen por el sobrenombre con que encabezamos estas líneas ¿Por qué han dado en llamarle así? A fuerza de fuerzas, el mismo nos ha confirmado lo que la fama ha extendido recientemente por toda la tierra de Alba, refiriéndonos su vida con la encantadora sencillez del hombre que, libre de toda clase de vanaglorias, tan alto pone su corazón
Es Roque Caravias cenceño de cuerpo y de rostro simpático, está en edad madura empieza a ser viejo. Su padre, muerto hace poco tiempo, le mejoro en testamento en el tercio de sus bienes, tercio que él renuncio en beneficio de sus hermanos. Terminada la testamentaria, en la que se inventario propiedad territorial por valor de algunos miles de duros, correspondieron a Roque heredades que en el acto ofreció a sus hermanos por menor valor de aquel en que se le habían adjudicado y mucho menor del que positivamente tenían, realizando con la venta quince o veinte mil pesetas en metálico.Poco duraron en su poder. Ansioso de aupar al necesitado y conocedor de las desgracias que le rodeaban, llevo pan donde el pan hacía falta, el buey donde la yunta se había descabalado, albañiles donde la cumbrera se hundía y en poco tiempo ha distribuido íntegramente su capital con el acierto que inspira la firmísima voluntad de hacer bien.
Después, como antes de heredar, a trabajar, y trabajando está hasta el domingo, en que lo que le sobra del salario que gana como excelente aperador, lo regala al que cree que lo necesita más que él.
Para comprender en toda su extensión la calidad de este filántropo, es menester tener en cuenta la idiosincrasia del país. En todas partes la propiedad de la tierra constituye el ensueño de la generalidad de sus moradores, pero aquí, donde se carece de industrias, donde los negocios mercantiles están limitados a un tráfico insignificante, los financieros son punto menos que desconocidos y todo medio de ganarse el sustento no existe, la tierra es la codicia de la vida. A ella está unido el aldeano de tal suerte, que no es raro observar que su posesión ocupa en sus afectos lugar preeminente al de la familia.
Este hombre extraordinario que recuerda más a San Francisco de Asís que a Tolstoi, que no ha oído hablar en la austera labor que constituye su existencia, de democracias, falansterios ni socialismos, siente la fraternidad universal con una resolución avergonzadora para los teorizantes más briosos. Predica con el ejemplo. Su gran obra no espera nada. Hace el bien en lo obscuro y duerme tranquilo sin preocuparse de lo que piensen o hagan los demás. Pero los demás deben preocuparse de él, y ABC darle a conocer.
Bien está que Roque, El Santo, como se le llama con justicia, vaya a arar ¿verdad, Sr Maura? Pero también podía ir con la cruz de Beneficencia colgada de su mugriento chaleco. No todos los dorados uniformes que la ostentan encerrarán sentimientos más nobles y generosos.
Es verdad que probablemente el Santo Roque no aceptaría la condecoración.
José Sánchez Rojas
Apenas despuntaba el alba, cuando, encapotado en la fuerte manta, subo al rucio matalón del médico. Llueve. Las herraduras nuevas del caballote, al machacar los chinarros de la calle, levantan chispas a su paso. La campana de las Carmelitas tañe sonoramente. La diligencia, tropezándose como un beodo, suena su herraje roto, camino de la estación. Y todas las campanas de la vieja villa, saludando el bronce carmelitano, prorrumpen en alegre algarabía: primero, la campana de San Pero, doctoral y grave; la de San Juan después, sonora y viril; la de los Padres la última. Las cosas van recobrando sus contornos, y se disipa, poco a poco, la tinta azul del telón mañanero.
En la puerta del río, junto al Tormes, a los pies de la torre del Homenaje de los Duques, va un labriego en su carro. Curte su rostro el frío. Con la aijada en lo alto, el hombre va cantando con voz gangosa:“Esquilones de plata,
bueyes rumbones:
¡Estas sí que son prendas
de labradores!”
Mi amigo y yo llevamos al paso los jamelgos. Salimos de la villa. La cinta de plata del claro río que cantara Garcilaso, remata a lo lejos, cabe las nevadas montañas de Béjar. El río defiende su curso en semicírculo. Murmura lentamente su canción de quietud. El pueblo pizarroso, “alto de torres, pero de muros bajo”, se agazapa, a la sombra del castillo grietoso. Unos chopos aguantan a pie firme la helada: del castillo son guardianes celosos y seculares. Entramos en la dehesa comunal. Las ruinas del convento de San Leonardo, vistas a la madrugada, son de un singular hechizo. Una cabra muerde la hierba en lo que fue coro de la iglesia. Junto al esplendido patio gótico, tendido en una manta, reposa un gañan; su cabeza descansa en un saco de paja, que sostiene un medallón que cayó a tierra, desprendiéndose del hueco. Y seguimos nuestra caminata. Las cuestas de Galiana esconden ya la villa: estamos en la llanura parda, ante los surcos infinitos y quebrados. Un puebluco de adobes se ampara al calorcillo de un monte: Navales. Nuestros caballos trotan escandalosamente en las rúas del lugarejo. Y tornamos a salir a la llanura. Ni un regato, ni un árbol. En estas veredas, holladas en sus peregrinaciones por Teresa de Jesús; en estos vericuetos donde escondieron su vergüenza los franceses después de las derrotas de Arapiles y de Garci-Hernández; en estos rincones, que cantó el anónimo juglar del Romancero, con las andanzas de Bernardo el del Carpio y del Moro el del Arapil, la tierra parda adopta un ceño adusto, hosco, casi trágico. Se nos antoja que asoma la testa el Cid, montando en Babieca, junto al leal obispo D. Jerónimo, o que aparece en la cuesta Don Quijote, caballero en Rocinante, a la vera del burro respingón y nervioso del buen Sancho.Mas todo es un efecto de espejismo. En dirección opuesta a la nuestra vienen un cura alto y el albéitar del lugar, panzudo y socarrón, que marchan a Alba a yantar, que un misacantano celebra su misa nueva. Detenemos las cabalgaduras. Temblando de frío, cambiamos el socorrido cigarrillo.
– ¿Conque a Valdecarros?
– Sí; a Valdecarros – respondemos.
– ¿Y esta el Santo? – pregunto al presbítero.
– Si; Allá dejé al tío Roque. ¡Cuidado con preguntarle nada! ¿eh? Si husmea que usted va con malos fines para sacarle en los papeles, su boca se cierra a cal y canto.
Y luego, en una exclamación suelta, donde hay sus posos de picardía y sus migajas de compasión, añade con voz sonora:
– ¡Estos literatos...!
Nos despedimos. Cuestas y más cuestas. Desgarra el sol la neblina. Cuando queremos gozarle, nos empotramos en un barranco. Resbala mi caballejo y se repone con presteza. En lontananza, Valdecarros.
Es un pueblo como todos los pueblos de Castilla. Más pelado, más seco, más árido que todos juntos. Descubrimos sus casucas, las tenadas de los corrales, los portalones enjalbegados. Las casas de los primates están pintarrajeadas de colores vivos y chillones. La iglesia inicia una plazoleta castiza. Forman un lienzo la casa rectoral y la mansión de un pudiente, y los portalones de la alhóndiga el lienzo opuesto.
Nos esperan junto a la iglesia. Asistimos a la toma de posesión de un médico. Casi procesionalmente, de un modo formal y grave, marchamos con la comitiva al Concejo. Se celebra sesión inaugural. Léese el acta de la anterior. Los forasteros nos calentamos al brasero de la comunidad. Nos ofrecen pitillos de las enormes petacas. El teniente luce flamantes botones de oro en la rizada pechera; el alcalde viste impecable chaquetilla de terciopelo; un pavero flamante el secretario. Cambiadas las firmas entre el titular y el Concejo, salimos después, con cierto orden de jerarquía, a casa del alcalde, de corrobla.
Desfilan los notables. Y llega el tío Roque, el Santo del pueblo, escuálido, flacucho, alto como aijada de picar bueyes, grave como héroe de Calderón que anduviese en litigio con la buena fama, espiritual como aquel San Francisco del Greco, en que la amplitud de la túnica deja adivinar la flaqueza y flojedad de la carne, que apenas palpita debajo. Viste de charro el Santo; el sombrero, cónico, juega con timidez entre sus dedos huesosos y largos; como Luis Gonzaga, cierra los ojos avergonzado; los botones del cuadrado chaleco, que antes fueran centenes y medias onzas, son hoy rodajas de hoja de lata; de estameña basta es el paño de la vestimenta; las medias, de grueso algodón, deben de picarle la piel, amarilla y flaca. El buen Roque es la admiración del pueblo. De mozo rondó como todos, cantó en las verbenas, amó a la lumbre de los escaños, repicó con los nudillos de los dedos la puerta amiga, puso flores silvestres, con olor de tomillo y mejorana, en el ventanuco de la moza garrida. Pero Roque era de la madera de los místicos. En la alacena de la cocina tenía la vieja Biblia de los abuelos, el Quijote, el Año Cristiano, el Kempis, de los abuelos también. Picó en letrado y se dio a la lectura con fervor. Acaso el monje benedictino abrió los ventanales de su espíritu, encarándole con el cielo, con este cielo que él ve todos los días platicando con la llanura en toda su infinitud; acaso los desengaños del ardiente sultán asiático quebraron los propios sueños; tal vez aquel retorno de las mujeres que a la salida del pueblo del Toboso inspiraron sensatas consideraciones al socarrón de Sancho, le llevaron a sospechar que las Dulcineas no son más que parto de la fantasía de los andantes caballeros. Lo que fuera, Roque lo sabe y yo lo sospecho. ¿Amores desgraciados? Tal vez. Sólo la desventura es fecunda para el ánimo fuerte y manantial de prudencia ¿Anhelo de gloria? Acaso. Marchase el placer cuando se busca; torpe cosa es el deleite una vez satisfecho. Solamente la gloria llena el corazón donde no se incuba la ruindad. Ello es que Roque dejó la reja por la confesión, la novia por el padre de almas, el palique del serrano por el áspero examen de conciencia. “Si quieres seguirme –leyó en el Evangelio, Roque– deja tus riquezas y toma mi cruz.”
Y tomó la cruz del Señor, Roque. Heredó de sus padres seis mil duros. Repartiólos en limosnas calladas y secretas. De amo pasó a criado de labranza. En su rostro hay siempre una chispa de alegría, de equilibrio, de serenidad. Recientemente, por cuenta del concejo, que le daba peseta y media diaria, limpiaba una charca del lugarejo, con los pies en el agua todo el día. Y recuesta su cabeza no en blanda almohada, sino en dura piedra. Y deja los romances de los ciegos y los papeles de la ciudad, por los versillos del Evangelio y las aserciones de Kempis. Y como buen Santo, fiero enemigo del pecado, es blando y tolerante para los pecadores. Como San Francisco, desea el tío roque que nos inunde la tierra en un baño de piedad y de amor.
Invitan al tío Roque a la corrobla y le ofrecen vinillo alegre de la cosecha nueva: niégase el tío Roque. Le ofrezco un cigarrillo, y tampoco acepta. Quiero que hablemos de él, y rehúsa el tema. Su anhelo es pasar inadvertido, no ser blanco de las miradas de las gentes.
– Tío Roque –le pregunto–, ¿por qué dio usted su dinero a los pobres?
Sencillamente, como quien refiere un incidente vulgar, replica el tío Roque, a la puerta de la casa del alcalde, despidiéndome:
– ¡Porque Dios lo manda!
Y, esquivándose, añade:
– Y salude a su padre. Ya sabe dónde tiene un amigo y una casa, con fina voluntad.
viernes, 3 de julio de 2020
Se pospone el encuentro de Quint@s del 58
El pasado mes de febrero informábamos desde estas páginas de la planificación de una jornada de convivencia dirigida a l@s albenses nacidos durante el año 1958. Lamentablemente, hoy, y como consecuencia de la crisis sanitaria generada por la pandemia del coronavirus que hemos atravesado, tenemos que anunciar que sus organizadores, con buen criterio, han decidido su aplazamiento hasta una nueva fecha en la que pueda celebrase en una situación de completa normalidad.
martes, 11 de febrero de 2020
Quint@s del 58
Se comienza a planificar una jornada de convivencia dirigida a todos y todas l@s albenses nacid@s en 1958. Se trata de una iniciativa que nace con la intención de consolidarse en un encuentro anual que en este primer año tendrá lugar el sábado 18 de julio y para el que, en principio, se proyecta, además de una comida de confraternización, un recorrido por los distintos puntos de interés –hosteleros y artísticos– de la villa.
Los interesados en participar en este I encuentro pueden inscribirse en:
Bar Pasaje, Bar Rincón, Bar Trébol, Kiosco Mariano, Oficina Mapfre, o mediante correo electrónico dirigido a info@entreeltormesybutarque.es facilitando: nombre, apellidos, (apodo si procede) y un teléfono de contacto.
jueves, 20 de diciembre de 2018
lunes, 22 de octubre de 2018
Al pescador albense
Ya se alza en su emplazamiento definitivo, en el entorno de la dehesa, en la ribera del río, un modesto pero emotivo conjunto escultórico fruto de una acertada iniciativa con la que le Club Deportivo de Pesca `Santa Teresa’ de Alba de Tormes quiere homenajear al conjunto de pescadores albenses en general, y en particular a Isi y a Paco, quienes recientemente perdieron sus vidas en las aguas del Tormes.
lunes, 14 de mayo de 2018
Un pregón innovador
Desde el Teatro de la Villa, desde la balaustrada de la iglesia de los frailes, o desde el balcón del ayuntamiento, periodistas, toreros, aristócratas, políticos, artistas, religiosos, deportistas, profesionales de prestigio, gentes de Alba… protagonizan, año tras año, el pistoletazo de salida de nuestras fiestas patronales con el ya tradicional Pregón de Fiestas que se viene proclamando, de forma ininterrumpida, desde la década de los 70.
Multitudinarios unos, como el del periodista deportivo José María García en 1991, o controvertidos y crispados otros, como el de 2016 a cargo de Sor Lucia Carám, pregones ha habido para todos los gustos y de todos los colores en estos, casi, cincuenta años; sin embargo de ninguno de ellos nos ocupamos en esta ocasión, sino que nos remontamos a 1975 en búsqueda de aquel que, en un original formato, distinto a la tradicional alocución del pregonero, y con el título Alba y su historia, diseñaron Jesús María Garcia y Julian Moreiro. Un pregón innovador que se representó en el salón de actos del colegio de las Isables el día 27 de agosto y en la antigua Casa de la Cultura –hoy teatro municipal– en la tarde del 14 de octubre, al que sus autores definieron como «una cita sentimental con la vida de nuestro pueblo», que hoy recordamos para todos los seguidores de este cuaderno electrónico.
sábado, 24 de marzo de 2018
martes, 13 de marzo de 2018
miércoles, 20 de diciembre de 2017
viernes, 17 de marzo de 2017
Albenses a Tope: Una App para seguir el día a día de Alba de Tormes
Se trata de una aplicación para dispositivos móviles -ya disponible en Google Play- desde la que, entre otras cosas, se pueden consultar los eventos y actividades a desarrollar en nuestra localidad y, también, las últimas noticias que sobre ella se han publicado en distintos medios.
Queremos acercar a los vecinos, a los amigos y a los de fuera para hacerles ver que somos personas abiertas. Queremos conocernos, acercarnos y ser familia para todos.
Esta es la primera versión que patrocinamos.
Muy pronto contaremos con los eventos de las fiestas 2017.
¿Estáis preparados para comenzar?»
domingo, 12 de marzo de 2017
miércoles, 8 de febrero de 2017
miércoles, 21 de diciembre de 2016
jueves, 3 de noviembre de 2016
Paso a paso, foto a foto
El pasado 21 de octubre tuvo lugar el acto de entrega de premios correspondientes al I concurso de fotografía Ruta Teresiana convocado por la asociación De la Cuna al Sepulcro.
En el concurso participaron un total 58 fotografía, presentadas desde distintos puntos de España, y de ellas resultaron galardonadas las siguientes:
- 1º Premio: Paso a paso, foto a foto, de Juan Manuel Hernández Velayos (Ávila).
- 2º Premio: De la cuna al sepulcro sobre ruedas, de Salud González Calvo (Alba de Tormes.
- 3º Premio: …venga lo que viniere, suceda lo que sucediere…, de Ramón Martínez Artigas (Ávila).
- Premio local: Oh prado de verduras de flores esmaltado decid si por vosotros ha pasado…, de Máximo López Huerta (Fontiveros).
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lunes, 31 de octubre de 2016
A propósito de una fotografía
José Luis Miñambres, escritor, crítico literario, amigo y seguidor de estas páginas, nos remite desde León un pequeño comentario relativo a la última fotografía incorporada a nuestra sección La imagen del mes
UNA MIRADA DEL ALBA…¿DE LOS CINCUENTA?
No lo sabemos. Tal vez viva aún el niño que ocupa la primera imagen de la foto. Vestido de fiesta, con su abrigo elegante, de solapas, y sus calcetines blancos…mira hacia el fondo, hacia Salamanca. A lo mejor va de viaje, por eso muestra tan clara su alegría.
Más atrás, más al fondo, contemplamos el grupo humano, el bullicio de la vida, de los viajes, de los transportes mecánicos. Se ve un camión y, tal vez, un remolque, o un segundo camión, quién sabe. Es extraño, pero no aparecen los coches de Moreno de Vega, tan de Alba, tan de viaje.
Tras del grupo humano, abundante y heterogéneo, se observan las fachadas de las casa, con sus tejados y con un cartel de “Diógenes”. Un poco más lejos, un recio poste de la luz anuncia la modernidad de la villa. Es curiosa sin embargo la mirada. En la derecha no aparece el Torreón de Alba ni el cartel de “La Perdiz”. Tal vez fueron problemas de objetivo fotográfico. En justa correspondencia tampoco se refleja la bajada de San Pedro y su torre, ni la Posada del tío Liberto.
Más lejos, al fondo, aparece la villa en perspectiva, sobre la loma inclinada de su emplazamiento. Tras las casas, el símbolo de Alba: la torre del homenaje del castillo, recia, erecta, casi provocadora. Detrás de ella, sólo cabe el cielo azul, el día claro que, en el extremo inferior de la foto, refleja en el puente, la sombras de los árboles.
No se puede pedir más: la foto es toda una metáfora de la vida de Alba, de sus gentes, sus casas, sus monumentos…Todo ello formando la bellísima progresión fotográfica de la vida.
No estaría de más saber quién es el niño de los calcetines blancos y el abrigo de solapas. Si vive y ve la foto, seguro que mira con nostalgia la vida. O con tristeza.
José Luis Miñambres
León, 30 de abril de 20016
martes, 22 de diciembre de 2015
lunes, 14 de septiembre de 2015
A propósito del traslado del párroco.
Polémica ha resultado la decisión episcopal de trasladar a la vecina localidad de Peñaranda de Bracamonte a Lauren Sevillano. Al menos eso parece a tenor de los comentarios recibidos al respecto (algunos de los cuales no han sido publicados por resultar por completo improcedentes o por acusar, desde el anonimato y sin prueba alguna, a determinados particulares de incitar este cambio de destino).
En relación con ello, y sin ánimo de avivar la polémica, presentamos hoy un escrito que, con el ruego de su publicación, nos remite una seguidora de esta página en el que, no sin cierta dosis de humor, manifiesta su protesta por el traslado del párroco albense.
CARTA PAL SEÑOR OBISPO
Mu güenos días señor Obispo tenga uzté:
Espero qal recibo e la presente ande uzté bien. Yo ar momento bien grasias a Dios.
Lezcribo a uzté pa indicirle qando mu esgustao porque menterao que quita daqui, destos pueblos y dAlba al señor cura, el señor Lauren, y la notisia no ma gustao na, pero na de na, porque es un cura mu majo, pero que mu remajo, qami y más gente nos ayudao, y ya vamos a la misa, y en cuantis habla ice cosas mu bonitas que tos entendemos porque las ice pal pueblo. Y las entiende mu rebién el qastudiao y el que nastudiao, y tos indicimos que señores curas como el señor Lauren son los qacen falta.
Mieuzté si enserá güeno, que no tie na pael, que to lo da, y lo que no da se lo roban, que ya lan quitao dos paratos telefónos al escuido y por confiao, en mientras iba an busca e lemosna, qhay gente mu mala iesagraesia. A nuestro cura (nuestro porque lo qamamos es e nuestra propiedá), el señor Lauren, lo mismo se sube a un tejao parreglar goteras y que no le cuesté na a la Iglesia, qhase bodas, y to lo demás qhacen los otros curas. O sea qhase de to: de cura, dhombre, dhermano, de to, que vale el solo más que muchos juntos. No sastá quedo nunca pair ayudar al nesesitao, y a los qandan malos en cama y en casa, y a los quandan solos, y a los mozos, y a to er mundo, y lo mismo bebe un chato con uno del pepe que del soe que lo que sea, porque ice qel se debe a Dios y qa la mesa de la iglesia están tos invitaos qes onde shace la paz y tos nos convertimos en hermanos, hijos dun mismo Padre, y que iglesia somos tos, no solo los curas.
A más ha empesao muchas cosas en Alba y no pue endejarlas a medias pairse a Peñaranda, que esvestir un santo pa vestir otro no me paice a mí acertao.
Había pensao mandar esta carta al señor Papa, que es el que más manda, pero digo yo que al ser cosa dun cura, basta con mandarla al Obispo, que es como el coronel de los curas en Salamanca. Si fuera pa defenderle a uzté se la mandaba al señor Papa, pero como es pa que shaga justisia con el señor Lauren, digo yo que un Obispo es sufisiente.
Reso a Dios pa que linspire a uzté y deje al señor Lauren ande está, questá mu bien puesto y tie mucho qhacer y mucho cariño e la gente.
Mespido duzté señor Obispo, que Dios le dé mucha salú, y que deje al cura señor Lauren en Alba, ande está, questá mu bien puesto y no son güenos los remiendos.
Ezte que loes,
Un parroquiano.
viernes, 10 de abril de 2015
Y ahora... Santiago
«Frente a la puerta principal de la “Pulchra Leonina”, vieron mis
ojos, hace años, una fuente retrechera que estaba pidiendo a gritos
tres docenas de cartuchos de dinamita» (José Sánchez Rojas)
ojos, hace años, una fuente retrechera que estaba pidiendo a gritos
tres docenas de cartuchos de dinamita» (José Sánchez Rojas)
De agresiones a nuestro patrimonio, de falta de respeto al entorno, de atentados artísticos y arquitectónicos, en Alba somos expertos y ejemplos de ello encontramos a diario mientras paseamos por este pueblo del que presumimos de belleza y cuya conservación tan poco nos preocupa.
Algunos los conocemos desde siempre: El edificio que se apoya en los ábsides de la de la iglesia de San Juan, el tejadillo que cubre la cazoleta del Castillo, la torre que, con un estilo completamente diferente, sustituyó a la antigua y arruinada de la iglesia de San Pedro,…
Algunos los conocemos desde siempre: El edificio que se apoya en los ábsides de la de la iglesia de San Juan, el tejadillo que cubre la cazoleta del Castillo, la torre que, con un estilo completamente diferente, sustituyó a la antigua y arruinada de la iglesia de San Pedro,…
A la consumación de otros hemos asistido recientemente: la fuente y los focos que desde su jardín central iluminan, cuando lo hacen, la Plaza Mayor, el maderamen que adorna el Castillo, el Centro de Recepción de Turistas, mal ubicado y con peor estética, el monolito que señala el final de la Marcha Teresiana, el manchón de cemento y hormigón adosado a la muralla de El Espolón, la inconcebible cubierta con que se ha rematado a la Basílica,…
Ahora le toca el turno a la iglesia de Santiago, cuyo atrio se está enriqueciendo con una rampa que algunos de los que tanto se significaron contra el derribo (otro descalabro más) de la conocida como Casa de Lope de Vega, contemplan –cuando no promueven – impertérritos.
¡Ay, amigo Sánchez Rojas! ¿Cómo no guardaste alguno de aquellos cartuchos para tu pueblo?
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