Mostrando entradas con la etiqueta Efemérides. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Efemérides. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de diciembre de 2025

94 aniversario de la muerte de Sánchez Rojas

 Mi don José Sánchez Rojas

Alla, en “su” dorada Salamanca…, ha dejado de existir para siempre el que en vida se llamó don José Sánchez Rojas. José Sánchez Rojas. He aquí un nombre todo él evocación, que sólo su recuerdo nos trae una risita nada socarrona a flor de labios, mitad veneración, mitad respeto.

El destino implacable lo ha querido, se ha burlado una vez más del eterno burlador del propio destino. La adversidad no ha querido dejarle ver este nuevo año 32, que nace con un gran interrogante, dentro del cual todo bulle, o al menos lo parece, y en cuyo interior quien esto escribe pretende estar.

José Sánchez Rojas... ¿Quién era? Las crónicas cuentan que había nacido en la bella Alba de Tormes el 19 de abril de 1885. Que hizo los estudios en el Colegio de San Cayetano, de Ciudad Rodrigo. Que fue discípulo nada menos que de ese gran marxista-desorientador que se llama don Miguel de Unamuno y de Dorado Montero, el pan bendito de Dorado Montero, en la Universidad castiza de Salamanca. Que allí se licenció en Derecho. Que luego se doctoró en Madrid. Que pasó dos años ampliando sus estudios en Bolonia y Ginebra. Aquí empieza su verdadera vida, su amarga vida de escritor. Es en esta época cuando empieza a colaborar en todo lo colaborable, y empieza a lanzar folletos y más folletos. Y es en esta misma época cuando empieza a cantar las grandezas innegables de su grandiosa tierra, de su querida Salamanca, de su querida Alba, de su gran patrona Santa Teresa, hasta que se pierde para siempre, cantando de una manera propia, original y extraordinaria, las grandezas de Castilla toda, parándose en su cielo, en sus tipos y en sus paisajes, que son parte integrante del alma nacional y que son más verídica historia patria que la mismísima Historia de España.

José Sánchez Rojas siempre fue, a mi modo de ver, un perdido, en el buen sentido de la palabra, de la literatura. José Sánchez Rojas fue el primero, o de los primeros, en cantar pulcra y cotidianamente las grandezas del alma castellana. José Sánchez Rojas, como buen conocedor que era de Castilla, no reparaba en su continuo canto, y cantando, se puede decir, la muerte lo sorprendió.

●●○●●

Conocí a Sánchez Rojas allá por el año 1923. Era yo un imberbe y, como tal, iba agarrado continuamente a las mangas de mi padre. Fue en uno de esos viajes que mi padre efectuaba para su íntima diversión, cédula, después, de lo que se llamó “Pueblo Español” de nuestra Exposición Internacional. Fue, por fin, en Toledo, en la mismísima plaza del Zoocodover. Su amistad con mi padre venía, como es natural, de lejos, puesto que ambos se dedicaban, por diferentes caminos, a cantar una misma cosa: el pueblo español. Retuve ya para siempre su tipo. Después, andando el tiempo, coincidimos otra vez en el mismísimo “Pueblo Español”. Aquel imberbe ya no lo era tanto, e incluso se permitía el lujo de opinar. Seguimos, paso a paso, la mal pagada “obra” de mi padre, y evocando él y escuchando yo, un atardecer estival nos sorprendió. Ya no volví a hablar con él hasta que coincidimos otra vez en la tribuna de la Prensa del Congreso. A él le llevaba allí su profesión y a mí una cosa parecida. La amistad pasajera de antes, ahora, hace cosa de cuatro meses, era una amistad entrañable. Cuando más sincera era, la muerte, eso tan infecto que nadie ha visto pero que todos respetamos, se me lo ha llevado. Un amigo más que pierdo y que hoy, al evocar toda su vida agitada, la evocación casi se funde con unas lágrimas sincerísimas...

Miguel UTRILLO, jr.

martes, 31 de diciembre de 2024

Recuerdo y homenaje a José Sánchez Rojas

JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS Y JORGE DE ALBA, SU ALTER EGO,
EN LOS ALBORES DE LA SEGUNDA REPÚBLICA
(Evocación en el 93 aniversario de su muerte)

                                                “La elegancia, la exquisitez, la ternura que ponía en su prosa,
 era su propia delicada alma, un alma de niño encerrada en un cuerpo desvaído,
en una indumentaria estrafalaria. Rojas veía las cosas de distinto modo que los demás.”
(José Sánchez Gómez)

     Cuando en enero de 1930 se produce la caída de Miguel Primo de Rivera y el comienzo del fin de la Dictadura, traída de la mano de Alfonso XIII, el cronista salmantino José Sánchez Rojas sale de un letargo de más de seis años «de bozal y de lápiz rojo», separado de su maestro y amigo Miguel de Unamuno, sometido a la censura, privado de la plaza de cronista de la Diputación de Salamanca y desterrado a Huesca por reivindicar al rector salmantino en Éibar («¡Con qué placer recordaré toda mi vida aquel remanso de Huesca! Algún día contaré por qué fui echado de allí y por qué arte de birlibirloque no fui a continuación a una aldea de Ciudad Rodrigo donde querían prepararme un alojamiento ‘sine die’»).

     En sus crónicas, reconoce que «Sin la grata amistad de los compañeros de Prensa Gráfica, de la Agencia de Luis de Sirval y de mis colaboraciones en “El Hogar”, de Buenos Aires, hubiera perecido, sencillamente, de hambre. Tengo el orgullo de decir que he llevado los tacones rotos durante los seis años y pico que ha durado la Dictadura.»
    
 
José Sánchez Rojas en febrero de 1930.
    
 En mayo, muere su íntimo amigo Julio Romero de Torres. En la inauguración de su museo en Córdoba, un año después, confiesa al recordarlo: «Mis palabras mejores serán las que no broten jamás de mis labios. Es una plegaria la mía de silencio y de dolor. Cuando murió Julio, sollocé y lloré como un niño; con lágrimas pagué el tributo de veinte años de camaradería diaria. Escribí después, porque de la pluma vivo y con la pluma expreso habitualmente mi sentir, pero aquellas líneas no supieron decir mi tristeza, y menos, el vacío que ha dejado en mi espíritu aquel varón ejemplar, caballeroso y bueno, hombre de solera como este pueblo suyo que guarda la huella de tres civilizaciones, y que él amó con ternura de novio y con la serenidad tranquila del hijo que prefiere a todos el calor de su propio hogar

     A lo largo de 1930, se prodigan los textos de Sánchez Rojas en la prensa española y desde abril de ese año aparecen trabajos suyos, bajo el seudónimo que ya utilizara en 1904 en Salamanca: Jorge de Alba, uniendo su segundo nombre con la localidad de nacimiento. Seguramente, una de las razones para emplearlo es el extenso número de textos suyos que publican diarios y revistas, hasta tal punto que, en algunas de ellas, aparecen sus dos firmas (en los semanarios Crónica y Mundo Gráfico), incluso en el mismo número.

     En septiembre de 1930, se encuentra enfermo en Peñaranda y en los primeros meses de 1931 participa promoviendo la República en la provincia de Salamanca, junto con Miguel de Unamuno, Francisco Ruipérez… tanto antes como después de su proclamación.

     A primeros de octubre de 1930, publica el artículo “En el Ateneo y en la calle”, en el que destaca el papel tanto del Ateneo como de los libros durante la Dictadura:

   «La tribuna del Ateneo es la válvula de escape más importante en el momento actual. Hasta que no se restablezcan las garantías esta tribuna servirá de contrapeso a la ausencia de otras expansiones necesarias, siquiera ya, aunque tímidamente vaya el Gobierno autorizando algunos actos públicos. El Ateneo presta al Gobierno del General Berenguer el servicio incomparable de permitirle husmear cuál es la opinión de la calle –aunque de antemano la sepa de sobra– y saber a qué atenerse respecto a sus afirmaciones y exigencias. Toda la ideología liberal del país se ha refugiado en la cátedra del Ateneo».

   (…) «Esos libros aparecieron precisamente por la censura previa. Vea usted cómo, ahora que esa censura ha sido suprimida, gran parte de los periódicos han comenzado a publicar el relato y análisis de los siete años de Dictadura, relato y crítica que hasta aquí hubo que refugiar en el libro. El periodismo huía al libro porque solamente en él podía moverse con desenvoltura

     Son numerosas sus artículos, no sólo de carácter político (junto a ellos se cuentan textos de crítica teatral y literaria, los dedicados a Salamanca y la Región Leonesa, sociales, turísticos, orientados a la infancia o centrados en figuras del cristianismo, históricos…). Algunos agrupados en series: El domingo de los estudiantes: un itinerario de excursión (JSR, Crónica, años 29-30); La niñez de los grandes españoles (JSR, Crónica, años 29-31); Crónica de la semana (JSR, Crónica, año 31 VI); Figuras del parlamento (JSR, Mundo Gráfico, año 31 VII-XII); Impresión del parlamento (JSR, Crónica, año 31); Los héroes del cristianismo (JA, Crónica, año 31 VIII-XI), y Constituyentes (JSR, Nuevo Mundo, año 31).
 
Sánchez Rojas en Julio de 1931.

     En la segunda quincena de diciembre de 1931 José Sánchez Rojas publica tres artículos que sintetizan su visión de la evolución de los dos últimos años y de la República, un tríptico revelador de su republicanismo y su patriotismo.

   “Aquel domingo, 12 de abril, vamos a votar todos, con una emoción indescriptible; nos duele España dentro del corazón y daríamos nuestra sangre por la suya sin una alharaca y sin ningún gesto. De madrugada sabemos que hemos ganado la partida y, durante el lunes, 13, nos consume y devora la fiebre de la impaciencia. Al fin, el 14… Al fin, el 14, a los cuatro meses justos del alzamiento de Galán y de García Hernández, presenciamos el cambio. En una pequeña ciudad de Castilla, nos coge a nosotros, enfermos y convalecientes; a las siete de la tarde ondea una bandera tricolor en el balcón del Concejo (16 XII, El Adelanto, “Año de nieves, año de bienes”).

   
No le demos vueltas: vamos hacia delante; lo que pasó, está biológicamente liquidado y muerto. Hoy somos ciudadanos; nada más y nada menos que ciudadanos; todos estamos forjando historia y haciendo patria. ¿No sentís un santo temblor al escribir o al hablar a nuestros hermanos los españoles, en esta hora, cuajada de eternidad?”(27 XII, Crónica, “Balance de 1931”)

   
Un año por delante, sin anécdotas aún, sin sucesos, tan blanco como la cuartilla en que trazamos estas líneas, limpio todavía de pecado y sugestivo con todo su silencio. En la vida individual, cada año que nace de las entrañas del tiempo, este terrible Cronos que se devora a sí mismo, es un nuevo torcedor de angustia y a la vez un verde brote de esperanza. Vivimos, sencillamente, porque esperamos.”

   (…) Nos interesa la experiencia de la patria, que es la proyección de nuestro yo en los demás, en el tiempo y en el espacio.” (1 I 1932, Crónica, “Año nuevo, vida nueva”)
 
José Sánchez Rojas pocos días antes de su muerte.

     José Sánchez Rojas fallece en el hotel “Términus” de Salamanca en la mañana del 31 de diciembre, cuando su carrera periodística y literaria había despegado y tomado cuerpo, se publican nuevas ediciones de sus traducciones y de su Tratado de la perfecta novia, su figura se acrecienta y revaloriza, se convierte en cronista oficial de la República, incluso se le ofrece un banquete en desagravio en Salamanca, que iba a contar con la presencia de don Miguel de Unamuno, uno de sus maestros, al que ha guardado una fidelidad de treinta años.

     Su significación en la España del momento viene reflejada por los participantes en su traslado y entierro, junto con los telegramas de pésame: la presidencia de la República, la Asociación de la Prensa nacional, y la Asociación salmantina, que preside Fernando Iscar-Peyra; el Rectorado de Salamanca personificado en Miguel de Unamuno; Filiberto Villalobos representando al Ateneo de Madrid y al ministro Indalecio Prieto; el diputado y presidente de la Diputación, Tomás Marcos Escribano; los alcaldes de Salamanca y de Peñaranda. Todos ellos junto con amigos personales: la familia de Julio Romero, la familia Santiago Mirat, Francisco Ruipérez, Juan Montero, José Sánchez Gómez “El Timbalero”; los amigos de la infancia Tomás Rodríguez y Joaquín González; el Ayuntamiento de Alba en pleno, José Núñez Alegría en representación de “Prensa Gráfica”, también El Adelanto y La Voz de Peñaranda, sin olvidar a una multitud que le despide en Salamanca y la que lo acompaña hasta el cementerio albense.

     Salamanca y Alba de Tormes, la Universidad, las instituciones locales, provinciales y autonómicas están llamadas a recordar como se merece a José Sánchez Rojas en 2031, centenario de su fallecimiento; a una figura importante del periodismo, la traducción del italiano, la literatura y el compromiso con la libertad de expresión, el liberalismo y la democracia.

Miguel Ángel Diego Núñez
Autor del libro Regionalismo y regionalistas leoneses del siglo XX (una antología).

93 aniversario de la muerte de Sánchez Rojas

A LA MEMORIA DE SÁNCHEZ ROJAS

Antonio Álamo Salazar

     Ella tiene su nombre; nombre muy femenino, porque ella es muy señora..., nombre de amaneceres, quebrándose en escarchas, en armiños, en cosas blancas..., se llama Alba. Alba, con el patronímico de un río lírico, del “rio de los poetas”, el Tormes. Y los dos rebuscaron en las brisas el gesto nobiliario de un “de” rancio y señero: y así, se llama ALBA DE TORMES.
     Tendida en la geografía salmantina, Alba de Tormes, parada y peregrina, extática y andariega, se forja con meditación y se alimenta con inquietudes...; para las meditaciones, los campos de la vera del río, son su mejor breviario, con salmos esmeraldinos en invierno y en verano...; para las inquietudes y el peregrinaje, tiene un bordón de piedra, vertical y enhiesto, clavado en roca para no inclinarse..., es el torreón de una muralla que fue cilicio en otros tiempos mejores, que pasaron.
     Ella, Alba, había tenido un hijo…, y él era cantor; con los ojos vivos, muy abiertos, como si por ellos quisiera escaparse un torrente de vibrante poesía; se llamaba José... ¡José Sánchez Rojas! Aprendió a cantar con las gasas inquietas de unas pesqueras espumosas, y supo de los reposos meditacionales, porque la umbría de un templo carmelitano era propicia a las quietudes del espíritu, frente a unos barrotes de sepulcro paradójico (“muerte de la mida”) y de un corazón quebrado con fuegos divinales.
     Así, Sánchez Rojas aprendió a reír y a meditar..., aprendió a saber ser poeta; y se lanzó a cantar, haciéndose amigo de las alturas y de las oquedades, surcando –al trote matalón de su caballo invisible– los caminos de andadura bohemia. Se lanzó a cantar, y su canto era fulgente como el sol y nostálgico como la niebla..., porque él, el poeta, sabia de luces y de claroscuros; por ello tiene el valor de un símbolo el título de aquellas sus intimas y doloridas confesiones en un añoso periódico local, en “El Tormes”; “Sol entre nieblas” era el título, y sol entre nieblas era la vida de aquel poeta hijo de una villa que es dama con belleza de alma y de cuerpo y de atuendos históricos.
     Pero un día de fin de año, Sánchez Rojas, el hijo de la dama, detuvo el trote matalón de su cabaldadura..., paróse en una llanura bucólica y doctoral, miró al cielo y sucumbió su cuerpo. Ya estaba muerto cuando se lo trajeron a su madre, aquella tarde de San Silvestre, en que Navales se endomingaba con empalagos de dulzaina pueblerina..: ¡Ya estaba muerto!, y Alba de Tormes, la madre, lloró lágrimas de bronce en su pañuelo negro del “reloj de la Plaza”. El mediodía del “Día del Niño” se vistió de romance a lo García Lorca, pero sin nardos ni flexibilidades, cuando lo llevaban, Condado adelante, camino del cementerio; y allí quedó su cuerpo, bajo una cruz y un sudario, con la escolta de una flor que no le deja; allí quedó su cuerpo..., pero el espíritu volvió a cabalgar por las andaduras bohemias, como una ráfaga de ultratumba que quisiera eternizar el sol entre nieblas de su peregrinaje terrenal.
     Todos los 31 de diciembre, cuando los adoradores del Cristo-Pan, funden sus rostros con la madera de “San Juan”, a golpe de badajada, que es incisión metálica en dos años pegados..., a las doce de la noche..., Alba, la madre que se quedó sin hijo, se estremece de recuerdos y llora estrellas en el espejo del Tormes, porque una vez más, después de otro año, pasa vertiginosa, los ojos vivos, muy abiertos para que salgan rimas, la figura inmortal de Sánchez Rojas..., pasa, melancólica y fugaz, la sombra de aquel hijo.

El Adelanto, 31-12-1949

miércoles, 24 de abril de 2024

Aniversario de la beatificación de santa Teresa

MIÉRCOLES 24 DE ABRIL
410 AÑOS DE LA BEATIFICACIÓN DE SANTA TERESA DE JESÚS
1614 – 24 DE ABRIL - 2024
Miguel Ángel González
 
LA BULA DE BEATIFICACIÓN DE SANTA TERESA DE JESÚS PUEDE CONTEMPLARSE
EN EL MUSEO CARMUS DE ALBA DE TORMES

La bula de beatificación queda recogida en un bifolio plegado unido a otros documentos relacionados con la beatificación (Votos de Salamanca y de Alba).
Conserva el sello interno. Está todo encuadernado con tapas negras y adornos dorados (30 x 21 cm). Restaurado para el IV Centenario de la Canonización.
En el texto el Papa recoge el sentir del pueblo fiel que aspira a la canonización de la madre Teresa de Jesús. Destacamos los puntos principales:

Bula de la Beatificación de Santa Teresa de Jesús - Pablo V - 30 x 21 cm - (Roma, 1614)
Monasterio de la Anunciación del Carmen - MM. Carmelitas Descalzas - Alba de Tormes (Salamanca)

¿Por qué la Beatificación?
“La fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo fue adornada por Dios con tantas y tan eximias virtudes, gracias y milagros, que la devoción a su nombre y memoria florece en el pueblo cristiano”.

¿Quiénes lo solicitan?
“No sólo la dicha Orden, sino también nuestro querido hijo Felipe, rey católico de las Españas, y casi todos los Arzobispos, Obispos, Príncipes, Corporaciones, Universidades y súbditos de los reinos españoles”.

¿Qué piden?
“Que mientras la Iglesia concede a Teresa los honores de la canonización, todos y cada uno de los religiosos de dicha Orden puedan celebrar el sacrosanto sacrificio de la misa y rezar el oficio de dicha Teresa como de Virgen bienaventurada”.

¿Respuesta del Papa?
“Concedemos que en adelante se pueda celebrar en todos los monasterios e iglesias de dicha Orden y por todos los religiosos de ambos sexos el oficio y misa de la bienaventurada Teresa como Virgen, el día de su glorioso tránsito, esto es, el día 5 de mes de octubre [A partir de 1629 la festividad se traslada al 15 de octubre], y que en la Villa de Alba, diócesis de Salamanca, en el monasterio y en la iglesia en que se guarda el cuerpo puedan todos los sacerdotes, tanto seculares como regulares, rezar y celebrar el oficio y la misa, según las rúbricas del Breviario y Misal romanos”.

Rafael Pascual Elías
Orden de los Carmelitas Descalzos


GRABADO DE LA BULA DE BEATIFICACIÓN
DE SANTA TERESA DE JESÚS
 
El presente retrato de Santa Teresa de Jesús, documentado y estudiado por Pinilla (2013, p.128), fue grabado por el artista flamenco Hieronymus Wierix, el cual sirvió para ilustrar la bula de beatificación de nuestra protagonista en 1614. En el caso que nos ocupa, esa misma imagen fue utilizada para encabezar la primera página de este cartapacio, que incluye el voto de Salamanca a la recién nombrada beata, el 9 de octubre de 1614; el voto de Alba de Tormes, verificado el 27 de noviembre de 1615; y la bula de Pablo V, firmada el 3 de agosto de 1617, autorizando la celebración litúrgica de la festividad Santa Teresa en la propia orden de la que fue fundadora, extensible asimismo a todos los reinos hispánicos.

Grabado de la Bula de Beatificación de Santa Teresa de Jesús (20,6 x 14,4 cm)

     En la parte inferior del grabado podemos leer la siguiente cita del Libro de Judith, completada con una breve jaculatoria: “En todo lo que has dicho, has hablado con criterio, y nadie podrá oponerse a tus razones. Ahora ruega por nosotros, que eres una mujer santa y temerosa de Dios” (Jdt. 8:28).
     Poco después, como bien ha señalado Pinilla (2013, p. 113), en los textos del proceso de canonización, nuestra protagonista sería comparada con las llamadas mujeres fuertes y sabias del Antiguo Testamento, como la predicha Judith o Deborah. No es por ello extraño que en este retrato se inserten algunos motivos iconográficos redundantes en su consideración de mujer letrada.
     En efecto, la estampa que aquí analizamos deriva de la vera effigies que de la mística pintara en 1576 fray Juan de la Miseria, cuando Santa Teresa se hallaba fundando en Sevilla. Dicho óleo fue repintado posteriormente, quizá en torno a la fecha de su beatificación, añadiéndosele el resplandor, la paloma del Espíritu Santo y una filacteria a su alrededor (Aparisi, 2017, p. 69), la cual luce el primer versículo del
Salmo 88: “Las misericordias del Señor cantaré eternamente” (Sal. 88:1).
     A partir de ese modelo, paradigmático en la concepción artística de las primeras imágenes cultuales de la santa, este aguafuerte se completa con dos símbolos que no aparecen en el óleo de fray Juan de la Miseria y que se incluyen, sin duda, para incidir en el referido paralelismo entre la fundadora carmelitana y ciertas féminas de la tradición veterotestamentaria, según han señalado también Cuesta y Hernández (2016, p. 9). Así, ubicado a nuestra izquierda, descubrimos un husillo de hilar, instrumento por entonces relacionado con el ámbito femíneo. Al fondo, sobre un bufete, vislumbramos un libro y un tintero, aludiendo a los escritos de la protagonista. No era la primera vez que se incluían dichos atributos, pues ya los encontramos en otros grabados de Wierix de la misma temática que el aquí estudiado y de los cuales, en cierto modo, deriva el presente ( Pinilla, 2013, p.128).
     Este retrato, además de inspirarse en la predicha vera effigies, se hace eco de las semblanzas escritas por quienes conocieron a Santa Teresa. Uno de los testimonios más prodigados en este sentido fue el del P. Francisco Ribera, confesor y autor de su primera biografía, publicada en 1590; en ella encontramos la siguiente descripción:

Era de muy buena estatura, y en su mocedad hermosa, y aun después de vieja parecía harto bien: el cuerpo abultado y muy blanco, el rostro redondo y lleno, de buen tamaño y proporción; la tez color blanca y encarnada, y cuando estaba en oración se le encendía y se ponía hermosísima, todo él limpio y apacible; el cabello, negro y crespo, y frente ancha, igual y hermosa; las cejas de un color rubio que tiraba algo a negro, grandes y algo gruesas, no muy en arco, sino algo llanas; los ojos negros y redondos y un poco carnosos; no grandes, pero muy bien puestos, vivos y graciosos, que en riéndose se reían todos y mostraban alegría, y por otra parte muy graves, cuando ella quería mostrar en el rostro gravedad; la nariz pequeña y no muy levantada de en medio, tenía la punta redonda y un poco inclinada para abajo; las ventanas de ella arqueadas y pequeñas; la boca ni grande ni pequeña; el labio de arriba delgado y derecho; y el de abajo grueso y un poco caído, de muy buena gracia y color; los dientes muy buenos; la barba bien hecha; las orejas ni chicas ni grandes; la garganta ancha y no alta, sino antes metida un poco; las manos pequeñas y muy lindas. En la cara tenía tres lunares pequeños al lado izquierdo, que le daban mucha gracia, uno más abajo de la mitad de la nariz, otro entre la nariz y la boca, y el tercero debajo de la boca. Toda junta parecía muy bien y de muy buen aire en el andar, y era tan amable y apacible, que a todas las personas que la miraban comúnmente
aplacía mucho (Ribera, 2004, pp. 427-428).

     El hecho de que esta imagen sintetice en su configuración tanto la influencia del retrato al natural pintado por fray Juan de la Miseria, como las descripciones literarias, nos advierte del impulso que la Contrarreforma dio al culto a los santos y a la importancia catequética de la imagen sacra, procurando eso sí que tales ejemplos iconográficos se aproximaran lo más posible al modelo original (Checa, 2015, p. 109), aspecto este que tanto preocupó a diferentes teóricos y teólogos postridentinos (Pacheco, 1990, p. 710).
     La valía de esta obra radica asimismo en el sobresaliente papel que desde un primer momento jugaron las estampas a la hora de difundir y consolidar la veneración de la que todavía no había sido declarada Santa (Pinilla, 2008), aunque así era ya considerada entre los miembros de su orden, amén del pueblo en general.

Javier García-Luengo Manchado
Académico en la Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras de México.


martes, 12 de marzo de 2024

402 aniversario de la canonización de santa Teresa

LA CANONIZACIÓN DE SANTA TERESA DE JESÚS
ALBA DE TORMES 12 DE MARZO DE 2024

P. MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ, PRIOR OCD DE ALBA DE TORMES Y SALAMANCA.
 DIRECTOR DEL MUSEO CARMUS

El 12 de marzo de 1622 se produjo la ceremonia vaticana que inspira el lienzo, la llamada quíntuple canonización que llevó a los altares a Santa Teresa, San Isidro Labrador, San Francisco Javier y San Ignacio de Loyola, junto con el italiano San Felipe Neri.

En 1563 había pedido España la canonización de Isidro Labrador, patrono de Madrid, que desde 1561 era capital de España, el Papa añadió cuatro beatos más y se sumaron cuatro nombres al Catálogo de los santos españoles.
En el museo Carmus, en Alba de Tormes, guardamos las piezas más significativas de este momento.

EL CUADRO DE LA CANONIZACIÓN

GREGORIO XV Y EL CARDENAL LUDOVISI

El protagonismo del lienzo cae en los impulsores de las canonizaciones: el Papa Gregorio XV y su joven sobrino, cardenal y arzobispo de Bolonia, Ludovico Ludovisi, que ocupa el centro de la composición. El Papa bajo dosel, en un trono en lo alto de una grada, con tiara pontificia y capa pluvial, mostrando el pergamino con el texto de la canonización. 
En el centro, en la prolongación de la primera grada, ante el Papa, está el procurador de las causas de canonización y maestro de ceremonias, Ludovico Ludovisi, con amplia casulla y mitra en la mano. Les rodean miembros de la curia vaticana y de la nobleza española y a la derecha los Padres Carmelitas Descalzos, portando el estandarte de la nueva Santa. 

El clamor por la canonización de la Madre Teresa era patente
En febrero de 1596 el Reino de Castilla escribe al Papa pidiéndole que se sirviese «de la colocar en el número de los gloriosos santos». «La canonización de cinco beatos (Isidro Labrador, Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Felipe Neri, el 12 de marzo de 1622 fue un acontecimiento excepcional, cuya memoria perduraría durante siglos... La calidad, doctrina y mensaje de los personajes significarían mucho para el futuro de los pueblos y de la Iglesia. Menos Isidro, los demás habían vivido en el siglo XVI, siglo de guerras y descubrimientos, de vida y luchas, de reformas y de nuevos movimientos dentro de la Iglesia y de la sociedad. Una de esas figuras era Teresa de Jesús; fundadora, con fama de santidad ya en vida y con una irradiación extraordinaria, como se constataría en los muchos procesos de beatificación y canonización que se realizaron en varios países. Teresa se nos presenta como esos santos y esas santas que han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias más difíciles de la historia de la Iglesia». 
Julián Urquiza

LA CASULLA DE LA CANONIZACIÓN

La «casulla de la canonización», llamada «del calzón del Duque» está confeccionada por las Carmelitas Descalzas del monasterio de la Anunciación de Alba de Tormes, con el tejido del traje que Don Antonio Álvarez de Toledo, V Duque de Alba, y Virrey de Nápoles entre 1622 y 1629 vistió en la ceremonia romana de la canonización de Santa Teresa de Jesús.

     

ESTANDARTE DE LA CANONIZACIÓN


El «estandarte de la canonización» estuvo en la ceremonia vaticana y durante siglos colgó del primer arco toral de la iglesia, según aparece en un grabado de 1892.
Era bifaz y en su cara principal tiene una buena imagen de la Santa con las manos en actitud de oración, que rememora el famoso retrato de Fray Juan de la Miseria, aquí con la capa y el velo cubiertos de estrellas doradas, más lóbulos en la base que tuvieron escudos de los que quedan el del Carmelo Calzado que se repite en las cuatro esquinas de la orla del retrato y el de Doña María de Mendoza, esposa de Don Antonio Álvarez de Toledo. En el reverso se dispuso luego un escudo de la casa de Alba. 



LA BULA DE CANONIZACIÓN, GREGORIO XV, 1622

El texto de la canonización de la Santa dice: «A honra y gloria de Dios y de la individua Trinidad, exaltación y aumento de la fe católica, por la autoridad y omnipotencia del misericordioso Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo definimos que la bienaventurada Teresa, Virgen, por cuya santidad y virtudes, es gloriosa y alabada. Por lo cual definimos y determinamos que se debe poner, asentar y numerar en el catálogo y número de las santas vírgenes».

   
Bula de la Canonización

Grabado Bula de la Canonización (1622)

domingo, 31 de diciembre de 2023

92 aniversario de la muerte de Sánchez Rojas

HA MUERTO SÁNCHEZ ROJAS

SALAMANCA. 31 (1 T.). – A las once de la mañana, en el Hotel Términus, donde se hospedaba, ha fallecido el Ilustre escritor don José Sánchez Rojas.
La noticia, al ser conocida en la cuidad. ha causado grande y penosísima impresión.

─────

Si Sánchez Rojas hubiera pensado en escoger un lema para su vida azacaneada, podría haber utilizado muy bien aquel dístico goethiano: “en nada puse mi esperanza”. Rojas pudo ser muchas cosas, en efecto, y no arraigó en ninguna. Su espíritu inquieto era todo desprendimiento y desasimiento. Llevaba consigo su propio ardor y nada exterior podía seducirle. Ni codicia, ni ambición, ni afán de medro: ni aun la gloria literaria le tentaba. ¡a él, tan literato, tan escritor de raza y de temperamento!
Y no es que fuese un indolente. Antes bien, pocos hombres tan dinámicos como Sánchez Rojas. Andariego e inquieto, iba incesantemente de un pueblo a otro, de un tema a otro, de una amistad a otra. Y ello en perpetua vibración, comentando con su verbo caudaloso cuanto le salía al paso, poniendo un interés apasionado en cuanto no le importaba personalmente, dilapidando un caudal de energías en causas que no eran suyas, ganoso siempre de servir a los demás y de hacerles la vida agradable. Rojas ha muerto sin conocer el encono, sin conocer ninguna de las pasiones bajas. Era un espectáculo admirable ver el optimismo radiante que conservaba aun en las horas aparentemente más infortunadas de su vida de estudiante hambrón. Como pocos era invulnerable ante la miseria, ante la mal¬querencia.
Quizá ningún español contemporáneo haya conocido y amado tanto a España como Sánchez Rojas. Le eran familiares las viejas ciudades castellanas, adormecidas a la sombra de sus recuerdos his-tóricos; los puertos del Norte, henchidos de vida pujante, las tierras luminosas del Sur. En cualquier ciudad española Sánchez Rojas estaba como en su casa. De cualquiera de ellas podía hablar inacabablemente con palabra evocadora y cálida.
Este gran nómada que era Sánchez Rojas difícilmente podía fijar su capacidad literaria en una obra firme y coherente. Pero ahí están los innumerables artículos que durante más de veinte años publi¬có en casi todos los periódicos españoles para atestiguar la enjundia y el garbo de su transparente prosa castellana, tan justa y llana, de una elegancia tan natural. La muerte se lo ha llevado en el momento de su madurez, cuando estaba más granado su espíritu y más depurado su estilo. Muere sin dejar un enemigo. ¿Cómo iba a tenerles él, que era pura cordialidad y se entregaba entero a los otros, sin pensar nunca en sí mismo?

sábado, 31 de diciembre de 2022

91 aniversario de la muerte de Sánchez Rojas

LINTERNA MÁGICA 
El escritor Sánchez Rojas

Una nota dolorosa nos ha dejado a última hora el año 1931, que al morir se ha llevado consigo a un escritor. Esta coincidencia lamentable hace que el primer artículo del año nuevo sea para hablar de la muerte, y si fuésemos supersticiosos sacaríamos de este hecho un motivo para fúnebres presentimientos.
El escritor que pone un velo denso a la alegría del año que nace es Sánchez Rojas, arrebatado por la muerte con una prisa que ya la están sintiendo las letras españolas, el Periodismo, la Poesía, la Literatura, y llorándola la Amistad, la Simpatía, la Liberalidad y la Modestia, que en Sánchez Rojas, verdadero artista de la pluma, estilo inimitable, pureza de léxico, emoción poética y pensamiento elevado, se reunían aquellas virtudes y estos talentos.
Sánchez Rojas era ese último bohemio (que nunca es el último), dando a esto vocablo su sentido literario, espiritual y romántico. Hombre que desdeñaba las menudencias y detalles de la vida vulgar para envolverse en su propia imaginación, tejida de fantasías y de ensueños. Su desorganización material, su desaseo y desorden le valían no pocas cuchufletas, bromas y sátiras de los compañeros; pero Sánchez Rojas pasaba por ellas, sobre ellas, como un filósofo. Viendo el espectáculo de los demás, se olvidaba de si mismo; precisamente lo contrario de lo que les sucede a los narcisistas preciosos.
Le recuerdo en este momento según le vi la última vez, hace dos años, a través del humazo denso del sin igual Café Regina madrileño, con su rostro de jacobino de barricada, en el que sus ojos saltones, siempre asombrados, miraban el vacío. Sobre su cabeza pensadora tenía un flamante sombrero gris perla que se destacaba a lo lejos como una luz. Pero al acercarse se veía que el sombrero no correspondía a lo demás de la indumentaria, y así se recibía la sensación de que una racha de aire se lo había arrebatado a alguno de aquellos pintureros toreros del Café, yendo a caer casualmente sobre la cabeza de Rojas.
¿Pero qué importa esto? Menudencias, miseriucas, vulgaridades y preocupaciones de lechuguinos. Para Sánchez Rojas había algo más en el mundo que la corbata, el sombrero, los zapatos y la camisa. ¿Sabía él mismo si andaba por la calle vestido y cómo? Su atención estaba muy atareada por otras regiones, superiores y excelsas.
Sánchez Rojas deja escritos y publicados artículos maravillosos. No olvidaré nunca uno que dedicó al comentario de un libro de la bailarina Mata Hari. De Teresa Cepeda, la monja de Ávila, ha escrito igualmente prodigiosas páginas; de Castilla, de «su» Salamanca, más suya que de Unamuno; de fiestas de toros de costumbres españolas, de política. . . Cualquier tema hacia Rojas, apellido de ilustre tradición literaria, interesante, ameno o conmovedor, porque su espíritu sutil, alado, verdaderamente exquisito, ponía en sus escritos ese secreto que pocos escritores poseen para hacer sus obras ligeras y cálidas, ingeniosas e instructivas sin ser pedantes.
No nos consolaremos fácilmente de esta gran desgracia; pero, si al fin nos consolamos, jamás olvidaremos al ido.

T. MENDIVE

sábado, 10 de diciembre de 2022

El patíbulo de Alba

Se cumplen hoy 125 años del último ajusticiamiento consumado en Alba de Tormes: la pena de garrote vil a la que fueron condenados Blas Vicente Gómez (alias Riscas) y Antonio Polo Vicente (alias Capolo) por el asesinato del cura párroco de Galisancho, D. Santiago Santero, en la causa conocida como “El crimen de Galisancho”.
Con motivo de este aniversario, rememoramos hoy las entradas que a este lamentable acontecimiento hemos dedicado desde estas páginas electrónicas, al tiempo que renovamos el reportaje videográfico realizado en su día por David Corral y que, recientemente, ha actualizado y mejorado desde su página Alba de Tormes en la historia.

sábado, 8 de octubre de 2022

Visita de Alfonso XIII a Alba de Tormes

Cien años atrás, un ocho de octubre como hoy, Aba de Tormes se vestía de gala para recibir a los reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg, quienes se desplazaron hasta nuestra localidad para investir a la imagen de Santa Teresa con los atributos doctorales derivados de su reciente nombramiento como doctora honoris causa por la universidad de Salamanca.
Desde estas páginas conmemoramos este centenario ofreciendo a nuestros seguidores una galería de imágenes de aquel acontecimiento y el recuerdo de alguna de las entradas que con anterioridad ya le habíamos dedicado.


Entradas relacionadas

  • Alfonso XIII: Visitante ilustre de Alba de Tormes (Ver)
  • Oposición al doctorado de Santa Teresa (Ver)

jueves, 6 de octubre de 2022

Conmemoración del centenario del doctorado de Santa Teresa

Acto conmemorativo del I centenario de la investidura de Santa Teresa de Jesús como Doctora Honoris Causa por la Universidad de Salamanca, celebrado en la mañana de hoy en el Paraninfo del Estudio salmantino.

sábado, 12 de marzo de 2022

Canonización de santa Teresa

Rememoramos hoy el cuatrocientos aniversario de la canonización de la beata Teresa de Jesús por el Papa Gregorio XV quien un 12 de marzo de 1622 procedió solemnemente a declararla santa junto a los también beatos Isidro Labrador, Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Felipe Neri en aplicación del siguiente decreto pontificio:

A honra de la santa e individua Trinidad y exaltación de la fe católica, y aumento de la Religión cristiana, con la autoridad del mismo Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y de los Santos apóstoles Pedro y Pablo, y nuestra, habiendo tomado consejo de nuestros hermanos, determinamos y definimos que los sujetos de buena memoria Isidro Labrador, patrón de Madrid; Ignacio de Loyola, vizcaíno, del lugar de Azpeitia, fundador de la Compañía; Francisco Javier, de la misma Compañía de Jesús; Teresa de Jesús y Ahumada, natural de Ávila, fundadora de la Orden de Carmelitas  Descalzos; y Felipe Neri, florentín, fundador de la Congregación del Oratorio, son Santos, dignos de ser escritos en el catálogo de los Santos; y como a tales los escribimos en dicho catálogo, determinando que todos los años, el día del tránsito de Isidro, Ignacio, Francisco y Felipe, como á confesores no Pontífices, y en el de Teresa, como solamente virgen, celebre la Iglesia universal sus oficios devota y  solemnemente. Y sobre esto, valiéndonos de la misma autoridad, todos los que verdaderamente penitentes y confesados visitaren devotamente los sepulcros de los dichos, cualquier año en los días de sus festividades, concedemos un año y cuarenta días de indulgencia, y a los que hicieren esto en las Octavas de sus fiestas, concedemos cuarenta días.

Para conmemorar este acontecimiento, ofrecemos a nuestros seguidores la posibilidad de descargarse y consultar la obra, en tres volúmenes, del carmelita Silverio de santa Teresa relativa a sus procesos de beatificación y canonización.

      

Lienzo conmemorativo de la ceremonia de la canonización de santa Teresa
Museo Carmus (Alba de Tormes)

viernes, 28 de enero de 2022

Centenarios teresianos

Durante este 2022 Alba conmemora dos centenarios teresianos: el IV de la canonización de santa Teresa (12-03-1622) y el I del doctorado honoris causa por la Universidad de Salamanca –primera mujer en alcanzar esta distinción– (04-03-1922), y la consiguiente visita de los reyes de España a Alba de Tormes (08-10-1922) para imponer en la imagen procesional de la Santa las insignias doctorales (pluma y birrete).

Con este motivo, el ayuntamiento albense ha implementado una pagina web que ya se encuentra cargada de contenidos, buena parte de ellos firmados por Manuel Diego Sánchez (OCD) quien, por el momento, parece asumir la principal labor impulsora de estos Centenarios.

sábado, 22 de enero de 2022

LA CASA DE TERESA DE JESÚS EN ALBA DE TORMES

P. Miguel Ángel González, 
Prior, OCD de Alba de Tormes y Salamanca

Al cumplirse 451 años de la octava fundación de Santa Teresa en Alba de Tormes, recordamos la historia de la misma, la narración teresiana en el libro de las Fundaciones y ponemos en valor el acta de esta casa del año 1571, que permanece expuesto en la iglesia del sepulcro de Santa Teresa de Jesús en la Villa Ducal.

451 AÑOS DE VIDA CARMELITANO – TERESIANA EN ALBA DE TORMES, FUNDACIÓN PRIVILEGIADA ENTRE TODAS.

La historia de la fundación del convento de Alba arranca a finales de 1570 cuando Teresa es expulsada de Medina del Campo por el provincial de la Orden del Carmelo, el Padre Ángel de Salazar y, seguidamente, pasa por el pueblo salmantino de Mancera de Abajo, para invitar personalmente a San Juan de la Cruz a dicha fundación. La fundación de Alba tiene por lo tanto, el privilegio de ser, además de fundación teresiana, también sanjuanista.

En Alba de Tormes realizó Santa Teresa de Jesús en 1571 su octava Fundación del Carmelo Descalzo. La Villa Ducal no era desconocida para Teresa. Su hermana pequeña Juana Sánchez de Cepeda vivía en este municipio salmantino desde 1553. Además es conocida la amistad de la Santa con la Duquesa Doña María Enríquez y Álvarez de Toledo, esposa el Gran Duque de Alba. Tres son, por lo tanto, los motivos de unión de Santa Teresa de Jesús con Alba de Tormes: familia, amistad y fundación.

La Fundación de Alba de Tormes, que la Madre Teresa narra en el capítulo 20 del Libro de las Fundaciones, se debe al contador del duque de Alba, Francisco Velázquez, y su mujer Teresa de Láiz. 

Santa Teresa narra el complicado proceso de la fundación, debida al mecenazgo de Francisco y su mujer Teresa de Laíz. 

El albense Francisco Velázquez, había sido, entre 1541 y 1566 receptor de la Universidad de Salamanca, cargo importante que deja para ser Contador de la Casa Ducal hasta su muerte en 1574. Como mediadores actuarán Juana de Ahumada (hermana de la Santa ) y su marido Juan de Ovalle. El 3 de diciembre de 1570 se otorgan la Escritura de Fundación, que firman Teresa de Jesús, Francisco Velázquez y Teresa Laiz (por la última, que no sabe escribir, firma Juan de Ovalle). En las capitulaciones se establece que los fundadores darán al convento las casas en las que viven, cuando comience las obras otras, y en el trascurso de las mismas irán comprando más casas que agregaran a la parcela conventual. También ofrecen diversas donaciones y juros, y hacer la capilla e altares della e cuerpo de Yglesia a su costa.

El emplazamiento no podía ser más grato y dominaba aquella vista del Tormes que tanto gustó a Santa Teresa: «y tengo una ermita que se ve el río, y también a donde duermo, que estando en la cama puedo gozar de él, que es alta recreación para mí». Santa Teresa se obliga a celebrar los consabidos cultos por los fundadores cuando sean difuntos, a que los fundadores sean los únicos que se entierren en la capilla mayor, y a que sus descendientes sean los patronos del convento. Se limita en aquellos primeros años el número de religiosas hasta 12, más la priora. Por primera vez, en las capitulaciones se establecen garantías suficientes para asegurar a las religiosas lo más necesario (alimento y vestido), y, especialmente medicinas y todo lo necesario para el cuidado de las monjas enfermas. Teresa estaba firmemente asentada en el suelo y recordaba las penurias de las fundaciones de Malagón y Pastrana, y sabía que Alba era un lugar en el que el monasterio necesitaba fuentes externas de financiación.

Tras no pocas negociaciones, el 25 de enero de 1571 se traslada el Sacramento y se puede considerar iniciada definitivamente la vida conventual, en unas reducidas casas y con una capilla provisional. Santa Teresa lo narra así: «Púsose el Santísimo Sacramento e hízose la fundación día de la conversión de san Pablo, año de 1571» El 30 de Enero de 1572 «ya están derrocadas las casas donde se a de acer la iglesia para el dicho monasterio», según indica Francisco Velázquez. Se cede espacio a la vía pública y en 1572 se contrata la realización de las tapias de la iglesia y una capilla provisional. El 21-7-1583 el Padre Jerónimo Gracián bendijo el templo en el que tres meses atrás se había enterrado Teresa de Laiz que llegó a asistir al entierro de la Santa. Los que decidieron sobre la obra, su forma y alcance, son primero Francisco Velázquez, desde 1571 hasta su muerte en 1574, y luego, su heredera y mujer, Teresa Laíz que morirá a principios de 1583, casi al mismo tiempo que se concluyó el templo. Ambos, y especialmente Francisco Velázquez que inició el convento, serán quienes determinen que artistas se contratan, optando por artífices salmantinos. Los roces entre santa Teresa y Teresa de Laiz a partir de 1774 fueron constantes y un último testimonio de ellos es el documentado propósito de la Santa de arreglar el asunto: «he escrito a Alba que quizá estaré allí este invierno, como podrá ser».

Con Santa Teresa formaron la comunidad inicial del convento Juana del Espíritu Santo (priora), María del Smo. Sacramento (supriora), María de S. Francisco, Guiomar de Jesús y Tomasina Bautista (Perea). Cuando Teresa muere en este convento la comunidad estaba formada por las tres primeras, más Mariana de la Encarnación (la 1ª Profesa de esta casa), Inés de Jesús, Inés de la Cruz, Catalina de S. Ángelo, Catalina de la Concepción, Constanza de los Ángeles, Teresa de S. Andrés, las novicias Isabel de S. José y Mariana de Jesús (Gaitán), y las legas Catalina Bautista, María de S. Alberto y Ana de S. Jerónimo. También estaban en el convento las compañeras de la Santa en ese último viaje: Ana de San Bartolomé y Teresa de Jesús, su sobrina. Ellas son las primeras de una lista de unas 250 hermanas que durante los 440 años de vida conventual conforme con las enseñanzas de nuestra madre y cuidando con la mayor devoción sus reliquias.

Esta información se puede ver y ampliar en las páginas web:
https://carmelitasalba.org/
https://www.padrescarmelitasalba.org

Muerte de Santa Teresa en Alba de Tormes

A comienzos del otoño de 1582, estando en Medina del Campo de camino a su convento de San José de Ávila, primero de la Reforma Teresiana, tuvo que variar el camino para acompañar a duquesa de Alba que esperaba que su nuera diese a luz. 

Nos cuenta Ana de San Bartolomé, su enfermera y compañera de caminos en los últimos años, que la Santa cuando en la madrugada del 19 de septiembre salió del convento de Medina del Campo, “iba mala del mal de la muerte”. 

Al atardecer del 20 de septiembre llega a Alba de Tormes, y como ella dice “no tenía hueso sano”. El 4 de octubre a las nueve de la noche moría en el monasterio de la Anunciación de Nuestra Señora del Carmen, en Alba de Tormes a los 67 años de edad la Madre Teresa de Jesús.

Privilegiada es la fundación teresiana de Alba, no solo por ser de Santa Teresa de Jesús y de san Juan de la Cruz, sino también por guardar el sepulcro de la Madre Fundadora.

SANTA TERESA DE JESÚS NARRA LA FUNDACIÓN ALBENSE EN EL CAPÍTULO 20 DEL LIBRO DE LAS FUNDACIONES

En que se trata la fundación del monasterio de Nuestra Señora de la Anunciación, que está en Alba de Tormes. Fue año de 1571. 

Leer más

viernes, 10 de diciembre de 2021

El crimen de Galisancho

 Fue un 10 de diciembre –viernes como hoy– del año 1897 cuando se perpetró el último ajusticiamiento en Alba de Tormes. En aquella fecha subieron al patíbulo –levantado en el solar ahora ocupado por el Centro Escolar albense– Riscas y Capolo, condenados “al palo” por el asesinato de Santiago Santero, cura párroco de la vecina localidad de Galisancho.
Recientemente, David Corral, administrador de la página amiga Alba de Tormes en la História (Ir) ha confeccionado un relato videográfico dedicado a este acontecimiento que mostramos a continuación.

Documentos relacionados: 

  • Un patíbulo a la sombra del Castillo (Ver): Entre el Tormes y Butarque, 10-12-2008 (Ver)