miércoles, 12 de diciembre de 2018

Alba de Tormes a comienzos del siglo XVIII (5)


ORGANIZACIÓN Y FUNCIONAMIENTO DEL MUNICIPIO DE ALBA DE TORMES A COMIENZOS DEL SIGLO XVIII
Jesús Gómez Criado

I.- RELACIONES ENTRE EL MUNICIPIO DE ALBA Y LA MONARQUÍA. (Leer)
II.- RELACIONES ENTRE EL MUNICIPIO Y EL DUQUE DE ALBA. (Leer)
III.- CARGOS DEL GOBIERNO DEL  MUNICIPIO. (Leer)
IV.- LA COMUNIDAD DE VILLA Y TIERRA DE ALBA. (Leer)

V.- OFICIOS ADMINISTRATIVOS.
1.- Mayordomo de los bienes de propios o bienes propios y Depositario general de la Villa.
El cargo recaía en una persona del estado general y era nombrado por el Duque. Sin embargo, el Concejo tenía poder para remover al nombrado en el caso de incumplimiento de sus funciones y para nombrar interinamente a otro, como así ocurrió en alguna ocasión. A veces este oficio es ejercido por algún Regidor.
En el nombramiento hecho por el Duque se solía expresar que lo era “por el tiempo de mi voluntad”, pero no solían durar muchos años en el cargo.
La toma de posesión se realizaba ante el Ayuntamiento, tomando juramento el Corregidor. Se le entregan los bienes de la Villa y las hojas de sus rentas, así como “otros efectos y derechos de su pertenencia”. Tiene que presentar fianza.
El cargo tiene salarios, derechos y emolumentos y se le guardan las honras, exenciones y libertades propias de su oficio.
Realiza numerosas funciones:
· Es el administrador económico del Concejo. Cobra las rentas de los bienes de la Villa, en dinero o en granos. Entrega los tributos que cobra. Vende los granos y presenta anualmente las cuentas de su gestión.
·  Desahuciar a los renteros de dichos bienes.
·  Es el administrador de la “jabata” (una fundación).
· Forma parte de algunas comisiones: para buscar un préstamo en Salamanca con el pagar algunos tributos; para prohibir la venta de granos, etc.

2.- Contador de los bienes de propios y de la Alhóndiga.
Era nombrado por el Ayuntamiento y su duración era “por el tiempo de la voluntad de esta Villa”. En los veinte primeros años del siglo XVIII se renuevan los cargos sólo por muerte de su antiguo titular (¿es una casualidad que en tan pocos años murieran tres contadores o es que el oficio recaía en personas de mucha edad?).
Recibía un salario de 150 reales de vellón por la contaduría de la Alhóndiga y 44 por la contaduría de los bienes de propios.
Sus funciones consistían en llevar la contabilidad de la Alhóndiga y de los bienes propios de la Villa y Tierra, así como recibir las cuentas que le entregaba el Depositario del pan de tandas.

3.- Fieles.
Para su nombramiento, el Concejo propone a dos personas por el estado noble y a otras dos por el estado general. El Duque nombra un Fiel por cada estado de entre los dos propuestos. En una ocasión el Duque rechazó la propuesta por el estado noble, alegando que dicho oficio de Fiel era incompatible con el de Regidor. Ante ese rechazo, se comisiona al Procurador General para que se informe en Salamanca sobre dicha incompatibilidad. La respuesta por parte de catedráticos de la Universidad se plasma en un informe muy fundamentado en antecedentes históricos. Al final se resuelve el conflicto realizando una nueva propuesta por el estado noble.
El Procurador General protestaba todos los años al hacerse la proposición a fin de que los propuestos por el estado noble fueran de “reconocido linaje nobiliario” y de esta manera “los que adquieran la propiedad o posesión de la nobleza no les competa a ellos ni a sus ascendientes”.
La posesión se realizaba ante el Ayuntamiento. Les tomaba juramento el Corregidor y se les entregaban los “marcos y potes de su oficio”.
La duración del oficio era anual. La propuesta se hacía al comienzo de cada año. El nombramiento por parte del Duque tardaba pocas semanas en llegar. En 1718 murió en febrero el Fiel nombrado por el estado general. El Concejo propone al Duque que nombre a otro y así lo hace.
En cuanto a las retribuciones, “se les reconocen los honores, salarios, franquezas y prerrogativas que les competen por fuero, estilo y derecho”.
Las funciones que realizan los Fieles no constan en los libros de actas, si bien en una ocasión se les encomiendan la vigilancia de que no se venda o adquiera vino secretamente ni por medida menor, así como que “no permitan que ningún cosechero eche a vender su vino sin que primero les conste por cédula del Sr. Diputado de Millones haber hecho prenda”.

4.- Oficiales menores.
Hay que distinguir entre los oficios que eran renovables cada año, que eran elegidos por el Ayuntamiento al comienzo de cada año, y los oficios sin tiempo determinado.
a) Oficios renovables cada año:
  - Depositario del papel sellado.
Generalmente es elegido para este oficio un mercader; alguna vez, un zapatero o mesonero.
Al tomar posesión ante el Ayuntamiento, se le entregaba el papel sellado y, al final del año, debía devolver lo sobrante y las cuentas del papel vendido. Se obligaba a ello con su persona y bienes presentes y futuros.
  - Contraste de medidas:
Para este oficio era elegido siempre un carpintero, puesto que se trataba de medidas de madera.
  - Contraste de pesas:
El oficio lo tenía asignado, podríamos decir que de forma vitalicia, un cerrajero, dada “su extrema pobreza”. Cuando este cerrajero no pudo ya ejercerlo, se nombraba a un herrero o a un cerrajero. Eran pesas metálicas.
  - Mayordomo de la Alhóndiga, o Alhondiguero, y receptor de bulas:
Aunque era elegido al comienzo de cada año, no tomaba posesión hasta el día de San Juan (comienzos del verano), durando su cargo hasta San Juan del año siguiente. Posteriormente se retrasó la fecha a San Miguel (comienzos del otoño), hasta San Miguel del año siguiente.
Sus funciones eran las de cobrar los caudales de granos de la Alhóndiga y el padrón de las bulas. En 1713 se le asignó, lo mismo que al alhondiguero menor, un salario fijo de 400 reales al año.
  - Herreteador (el que marca o señala con un instrumento de hierro):
Este oficio, para el que se elegía a un zapatero, solamente existe en las actas de los dos primeros años del siglo XVIII, después no se vuelve a hablar de él.
  - Tasadores de alcabalas:
Eran nombrados anualmente, uno por el estado noble y cuatro por el general, para tasar y repartir las alcabalas del año precedente. También asistía al reparto un Regidor (alternando cada año por su turno) en representación del Ayuntamiento.
Todos estos oficios tenían sus correspondientes salarios y franquezas.
b) Oficios sin tiempo determinado:
  - Encargado de asistir al romano de las carnicerías:
Al elegido, “persona de fidelidad, aptitud e inteligencia”, se le entregaban las llaves y papeles correspondientes a dicho oficio. En 1711 tenía una asignación de 400 reales al año.
  - Depositario del pan de tandas:
Cuando existía escasez de pan y el pueblo se quejaba de su falta, el Ayuntamiento sacaba trigo de la Alhóndiga y se lo entregaba a “ocho o diez panaderos” para que vendiesen el pan en la Plaza o en otros lugares públicos. De esta manera, los vecinos y, sobre todo, los forasteros se abastecían de pan “para que tengan hasta el primer tránsito”. En 1709 se acordó  sacar trigo de la Alhóndiga y “se ponga en el pósito para cocer pan para los forasteros en la próxima feria, dada la mucha concurrencia de forasteros”.
El depositario del pan de tandas era el encargado de recoger el pan que sobrase, así como el dinero que se obtenía diariamente de su venta, “con el cual se ha de ir reemplazando de los vecinos que salieren a vender sus granos en esta villa y otras partes no solo lo que se sacare para dichas tandas y surtimiento público, sino todo el demás que se ofreciere para que por esta razón no pueda faltar tan preciso e inexcusable abasto”.
  - Porteros del Ayuntamiento:
Eran varios, posiblemente tres. El Ayuntamiento elegía de entre los candidatos al que creía conveniente “usando de la facultad, poder y regalía que toca a este villa”. En una ocasión, tras el fallecimiento de un portero,  la elección de otro portero por el Ayuntamiento, de entre varios pretendientes, “por la experiencia y buenas condiciones que en él concurren”, es protestada por los tres sexmeros, amenazando con deducirlo en caso necesario en juicio, porque el elegido ya ejercía el cargo de Alguacil de la sal. El Concejo no atiende la protesta.
Tomaba posesión ante el Ayuntamiento, prestaba juramento y se le entregaba una vara, insignia de la justicia.
En cuanto a la duración del cargo, “lo ejercerá por el tiempo de la voluntad de este Ayuntamiento”. Sabemos de uno que se despidió él mismo y de otro que fue despedido “por justos motivos y causas que para ello concurren, cuya expresión se omite. Por lo cual se mandó se le haga saber y notifique arrime la vara e insignia de justicia y que se le aperciba de ella no use pública ni secretamente, pena de ser por todo rigor castigado”.
Las funciones que realizaban eran muy variadas: “Ejercerá solicitando por todos los medios posibles cumplir con la obligación que le incumbe en todos los casos y cosas que ocurrieren y se le encomienden así tocantes a la administración de justicia como en las que tocaren a este Ayuntamiento, sus propios y rentas particulares, asistencias y demás que le correspondieren por fuero o por costumbre y que observará y guardará inviolable secreto en todos aquellos casos y materias en que se necesite o le fuere encargado”.
Por ejemplo, se les encargan varios trabajos o comisiones, como llevar a Salamanca el dinero de un préstamo, la venta de harinas en reserva, la vigilancia de la entrada de vino de fuera, … Por todas estas comisiones obtienen algunos ingresos dinerarios.
Son los encargados de realizar todas las notificaciones a particulares.
  - Pregonero del Ayuntamiento:
Desde el balcón del Ayuntamiento y en otros lugares de mucha concurrencia de público, pregona las Órdenes reales y los ajustes de los diversos abastos.
A veces se le encomiendan algunos otros trabajos, como limpiar la Plaza después del mercado, por lo que recibía 10 reales cada vez que realizaba la limpieza.
  - Estafeta:
Era elegido por el Ayuntamiento de entre los pretendientes al cargo. Se le exigía tener las siguientes cualidades: “ser persona de gran confidencia, de gran integridad y fidelidad segura y abonada”.
Tomaba posesión prestando juramento y fianza. Sus funciones consistían en llevar la correspondencia de la Villa a Salamanca.

Poximamente
VI.- OFICIOS RELACIONADOS CON LA AUDIENCIA.

martes, 4 de diciembre de 2018

Rapsodia albense: Siete estampas para una Villa

«La obra reúne una serie de imágenes o estampas musicales que recorren los lugares más representativos de la villa: La Puerta del Río, la Plaza de Santa Teresa, un taller alfarero, la Plaza Mayor, el Castillo de los Duques de Alba, el río Tormes a su paso por el puente y el parque de El Espolón sobre los restos del antiguo Alcázar. Cada autor ha plasmado en su propio estilo un sugerente fresco que conforma un emocionado retrato de la Villa Ducal, hecho desde el arte, las vivencias y el amor a Alba, incluye elementos descriptivos, como las campanadas que anuncian la salida de la procesión de Santa Teresa, la corriente del Tormes o el movimiento del torno del alfarero, y referencias musicales a himnos teresianos o a un villancico de Juan del Enzina.»



1  La Puerta del Río - Entrada en Alba

Compositor:  Jaime Jiménez Perez
Interprete:     Banda de Música de Alba de Tormes (18-11-2017)

Alba da la bienvenida con los brazos abiertos, ofreciendo lo mejor de sí nada más cruzar desde el otro lado del puente. Los poyos donde nuestros mayores se sientan desde primera hora a ver pasar la vida, el tránsito continuo de gente al coche de línea,
el saludo cómplice y cálido de sus gentes, el olor a peces fritos, el sabor a chanfaina, las tardes de chapas en el bar de Manolo, las noches al fresco de verano… Estás en “La Puerta del Río”. Estás en la puerta de Alba. (Jaime Jiménez Pérez)

A nuestra Puerta del Río
ya no la cierran Murallas,
permanece siempre abierta
para que entren a Alba
gentes de tantos lugares
para rezar a la Santa,
y mostrarle su cariño
y los secretos del alma;
para descubrir historias
en monumentos y plazas,
para compartir vivencias
con gente noble y bizarra…
¡Entrad, que aquí no hay cerrojos!
¡Alba de Tormes aguarda!
   (Pepita Robles)

2  Plaza de Santa Teresa - Sonidos Carmelitanos

Compositor:  Álvaro Martín Pérez
Interprete:     Banda de Música de Alba de Tormes (18-11-2017)

Un silencio solemne invade la “plazuela”. Suenan las campanas e irrumpen, de repente, el bullicio y alegría de los niños que juegan, el interés de los turistas que se acercan al sepulcro y la rutina del paso de los albenses en su día a día.
Melodías intercaladas entre sonidos que recuerdan momentos vividos en la Plaza de Santa Teresa: Sonidos Carmelitanos. (Álvaro Martín Pérez)
  
Cofre de inmensos tesoros
donde el corazón de Alba
late con fuerza y fervores
al penetrar en la plaza…
con rumores de estameña
y repicar de campanas,
con sentidas oraciones
y música emocionada…
Conventos Carmelitanos
y Sepulcro de la Santa
donde reposa por siempre
con el cariño de Alba.
¡Te velaremos el sueño,
vela tú por nuestras almas!
   (Pepita Robles)

 3  En la Alfarería – Filigrana

Compositor:  Maravillas Cañizal Tello
Interprete:     Banda de Música de Alba de Tormes (18-11-2017)
Solista:          Maravillas Cañizal Tello

Lo que para otros es simplemente un trozo de barro, para el alfarero es un proyecto de obra que quiere crear. Pone en marcha el torno, que poco a poco va girando cada vez más deprisa, hasta que sus manos y corazón comienzan a moldear su idea, escuchada anteriormente por el fagot y la trompa, y ahora por la sección del metal.
La característica más relevante de la alfarería albense es su filigrana, representada en este caso por el instrumento tradicional charro por excelencia, la gaita y el tamboril. De esta manera, el cacharro está representado por la banda y la filigrana por el instrumento solista, haciendo los dibujos, a veces a modo de improvisación (cadencia), que el alfarero va realizando para embellecer su obra. (Maravillas Cañizal Tello)
  
La humilde arcilla que manos
del alfarero amasaran,
eterno girar del torno,
fuego, sudores y magia…
y raudales de cariño,
y paciencia ilimitada,
se va trocando en encaje
de preciosa filigrana
que llevará por el mundo,
como auténtica embajada,
el arte de nuestras gentes
¡unido al nombre de Alba!
   (Pepita Robles)

 4  Plaza Mayor - El día de la octava

Compositor:  Sergio Aparicio Guevara
Interprete:     Banda de Música de Alba de Tormes (18-11-2017)

En el corazón de la Villa Ducal, en uno de los días más simbólicos del año, la Plaza Mayor se viste de gala para despedir a la Doctora Mística en su día de la octava. Son las siete de la tarde y se escuchan los primeros compases que anuncian la salida de la Santa. Instantes después recorre por última vez la Plaza Mayor, camino de su clausura. En el ambiente se pueden respirar sentimientos de emoción, alegría, devoción, fe, tristeza, fervor.
El flautín y el requinto nos conducen esta vez a una Plaza Mayor rebosante de alegría y diversión en una música rápida, ligera, que recuerda e invita al baile. Por último, el júbilo da paso al estruendo de la “bomba final”, que cada veintidós de octubre los albenses escuchamos con una mezcla de anhelo, felicidad y melancolía. (Sergio Aparicio Guevara)
  
Las entrañables palmeras
se arrullan al son del agua
y observan en derredor
la multitud congregada
que con alegre bullicio
y con impaciencia aguarda.
¡Ya llega la procesión!
¡Qué preciosa está la Santa!
Los vivas de sus devotos
y el sonido de la banda
presienten la despedida…
¡Es el día de la Octava!
   (Pepita Robles)

 5  Castillo Ducal – Elegía

Compositor:  José Ignacio Cotobal Robles
Interprete:     Banda de Música de Alba de Tormes (18-11-2017)

La imponente Torre del Homenaje recibe al viajero con aires guerreros. Al pasear entre las ruinas del antiguo palacio, la música se vuelve un doloroso lamento y, en medio de la destrucción disonante de incendios y guerras, se escucha la sabia sentencia que Juan del Enzina cantara antaño en este mismo lugar: “Todos los bienes del mundo / pasan presto y su memoria / salvo la fama y la gloria”.
En el interior de la torre, los objetos del museo permiten al viajero evocar el ambiente cortesano, representado por una pavana que introduce la flauta de pico. Retornan los aires militares al entrar en la Sala de la Armería que, con sus frescos renacentistas, da testimonio de la fama y la gloria de la Casa de Alba. (José Ignacio Cotobal Robles)
  
Imponente fortaleza,
estratégica atalaya
que conserva entre sus piedras
el fragor de la batalla,
el susurro de poemas,
de músicas y de danzas,
de novedosos teatros
para delicia de damas
y de nobles y plebeyos…
¡Cuántas historias se guardan
entre sus recios sillares!
¡Ay si las piedras hablaran!
   (Pepita Robles)

 6  Murmullos del Tormes

Compositor:  Manuel Rico Gómez
Interprete:     Banda de Música de Alba de Tormes (18-11-2017)
Soprano:       Amparo Mateos Diego

“¡Qué mansa pena me da! El puente siempre se queda y el agua siempre se va”. Pero en Alba, el Tormes parece no pasar, sino aquietarse. El agua suspende su viaje para curiosear una hermosa voz que desde el puente canta, murmurando sus aguas que agita el río con su voz cálida. Son murmullos; son los Murmullos del Tormes. (Manuel Rico Gómez)
  
Bajo el románico puente
que abre las puertas de Alba
corre el Tormes silencioso;
pero el lenguaje del agua
habla de tantos lugares…
De las montañas lejanas,
de ciudades y de pueblos
y de gente que trabaja
o disfruta en su ribera,
de su pesca y de sus playas.
Son los murmullos del Tormes…
¡no te pierdas sus palabras!
   (Pepita Robles)

 7  El Espolón – El paso del tiempo

Compositor:  Matías Cañizal Tello
Interprete:     Banda de Música de Alba de Tormes (18-11-2017)

El parque de “El Espolón" es, sin duda, uno de los lugares de Alba de Tormes que mejor ha visto pasar el tiempo.
Cierra los ojos. Imagina una gran roca llena de árboles mirando al río. Hombres, mujeres, niños y ancianos pasean, hablan, ríen, se divierten y recuerdan cómo desde hace generaciones otros hombres estuvieron también allí. Son tu padre, tu madre, tu abuelo, tu abuela, recordándote que hay lugares que nunca envejecen.
Hoy en día todo sigue igual, seguimos asomándonos al mirador y observando desde arriba la preciosa ribera del Tormes. (Matías Cañizal Tello)
  
Mirador privilegiado
sobre muralla y Alcázar
donde el alma se serena,
donde la vista se explaya:
islas de verdor, el Tormes,
Sierra de Gredos nevada…
juegos y risas de niños,
trinos y viento en las ramas,
y paseos fatigados
entre memoria y nostalgia…
¡Ay jardín del Espolón
cuántos secretos te guardas!
   (Pepita Robles)


Enlaces externos (Videos)

jueves, 29 de noviembre de 2018

Pesqueras del Tormes

(Edición: Félix Briz)

ALBA… ALTA DE TORRES
José Luis Miñambres

Es lógico y bello el aforismo que recuerda a Alba y sus torres. Se observan con claridad en el cielo de la imagen: casi un bosque de piedras y estilos variados miran a lo alto, retoñando casi de los tejados y de las torres centenarias. Con ellas, todo el cielo de Alba renueva su azul. Es evidente: los siglos tomaron asiento en sus tejados. No faltan los estilos. Desde el Castillo hasta la Basílica y el Jardín del Espolón, las torres recuerdan el pasado de la Villa, su historia. Entre la verticalidad de sus torres y la superficie acuosa del Tormes, un manchón de árboles da vida al paisaje urbano.

Pero tal vez, la aceña de los Moros, construcción casi mítica en otro tiempo, auxiliada por pesqueras irrelevantes, dejan soñar con el origen lejano de estas aguas del río, nacidas en las escarpadas tierras de las montañas de Gredos. Llegan las aguas desde lejos, bravías, tempestuosas a veces, para calmar su ímpetu acuoso en las orillas de la Dehesa y ser ahormadas por el Puente y las pesqueras. Y por el vuelo veraniego de las golondrinas, buscando su insectívoro sustento. 

Es curioso: siempre fue Alba espacio dedicado a los peces fluviales. Abundaban los trasmallos y el espejar de los anzuelos generaba brillos inesperados. ¡Quién no ha comido los peces de Alba en los establecimientos casi fronterizos con el agua! Esa pesca no alcanzaba a los peces de Amatos, que no fue nunca tierra de pescadores como Alba. Si acaso, de perdices y de libres. Hijo popular de la Villa, Amatos nunca se rindió a los encantos de las aguas del Tormes, a la inesperada atracción de las pesqueras. 

Mirando de nuevo la imagen, surge un extraño sentido de nostalgia, de algo que se fue, muy lejos tal vez. Pero, a pesar de lo artificioso, los peces siguen poblando las pesqueras. No es poco. Y no falta el eco literario de los versos de Lope y Garcilaso. Garcilaso especialmente.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

El pueblo de Teresa de Jesús

Aunque somos conscientes de que la dispersión de la obra de José Sánchez Rojas dificulta enormemente la localización de muchos de sus artículos y de que a pesar de haber recuperado buen número de ellos seguramente aún nos queden muchos por descubrir, si pensábamos que, al menos, habíamos encontrado todos los relacionados directamente con Alba de Tormes; sin embargo Sánchez Rojas no deja de sorprendernos y, recientemente, hemos tenido acceso a una nueva semblanza –desconocida por nosotros– descriptiva de su tierra que fue publicada por el diario madrileño El Liberal con fecha 7 de agosto de 1924 y que transcribimos a continuación.


SENSACIONES
EL PUEBLO DE TERESA DE JESÚS
 (ALBA DE TORMES)
(Para Emilio de Zúñiga)

Una noche de insomnio y de fatiga en el vagón del ferrocarril. Luz del alba en tierras extremeñas, Baños de Montemayor, los picachos nevados de la sierra bejarana. La mantequilla y el café con leche de la cantina. Y luego, las tierras paniegas. Fuentes, marcando la división de las Castillas y de Extremadura; Guijuelo, orgulloso de sus jamones y de sus chorizos; las dehesas enormes —con monte y caza— del ducado de Alba... Alba de Tormes... El viajero, después de cuatro años de ausencia, después del haber rehecho —o deshecho—su vida para siempre, torna al pueblo de la niñez. La vieja diligencia con herrajes rotos que le traslada a la villa, los montes de Navales y de Galiana, la dehesa y el río, el castillo presidiendo las casitas bajas, achaparradetas y graciosas del pueblo, espejándose en el Tormes...
El viajero no puede con su emoción, que ya no le cabe en el pecho. Las muchachas —amigas de sus novias—están gordas y son jamonas y caminan lentamente con las facciones abultadas. Los chicos son hombres de bigotes, concejales del Directorio y miembros del «requeté» local.
Aquel señor que saludamos en la tertulia es el delegado gubernativo.
Hay registrador nuevo, juez de primera instancia nuevo, notario nuevo. El viajero es un poco extraño en su propia casa. Abrazos a queridos amigos de la niñez que nos han seguido de lejos —¡muy de lejos!—, a través de nuestros escritos. ¿Y Fulano? Murió. ¿Y Zutano? Marchó a Buenos Aires. ¿Y Lolita? Lolita casó con un ganadero de fuera. Paquito tuvo suerte en tierras extrañas, y manda a sus viejos pesos de oro.
¡Alba de Tormes!... Visitamos la iglesia de Santa Teresa, tan íntima, tan recogida, tan silenciosa, tan llena de paz y de gracia. Y firmamos en el álbum de viajeros como un turista frívolo más que visita los pueblos para comprar postales. Y una monjita nos llama al torno, y maternalmente nos saluda:
—¡Pepito! ¡Pepito! ¡Pero cuánto recordamos en esta santa casa a tu padre, tan bueno con nosotras, aquel republicano y herejote que está en el cielo...!
La comida en la casa amiga, las confidencias a pleno chorro en el comedor discreto y en la sombra. El sabroso yantar y los amigos leales, eternos, que nos dan una impresión de hogar a nosotros, desterrados del contacto de la efusión. Un paseo por la villa. Gentes extrañas, rostros desconocidos en la casa de nuestros padres; una barbería en lo que fue nuestro despacho, en la ancha pieza donde los libros de Cervantes, de Leopardi, de Manzoni, del Dante, de la Santa, nos regalaban el cerebro y el corazón a manos llenas.
Y el paseo lento, a la caída de la tarde, por el Espolón. Sigue el Tormes con su eterna canción de quietud, que nosotros hemos oído y entendido tantas veces. Sigue la mole ingente del castillo ducal, lleno de grietas y de remiendos, y el feo puente metálico que nos regaló este querido Isidro Pérez Oliva cuando fue diputado, a petición de un alcalde filisteo, y las caperuzas de la sierra lejana llena de nieve y llena de blancura, y una ventana —¡ la misma !—hoy cerrada y sin perfume, espejándose en el Tormes.
La noche. Un minuto en el convento con los frailes amigos. El silencio de la huerta con los lechugales, con las rosaledas, con las abejitas zumbando y laborando en el dorado fanal. El organista, que no sabiendo qué decirnos, nos regala con una audición al órgano de un delicioso nocturno de Chopín:
—¡Estupendo, chico!
—¡Delicioso, padre Manolo!
La despedida en la puerta del río. Manos amigas qué apretamos fuertemente contra el corazón. ¿Para qué palabras, para qué protestas de afecto? El pueblo de la niñez nos da la sensación dé una de esas mujeres que hemos amado, y cuyo rostro, al cabo de loss años, no nos es desconocido completamente:
—¿Dónde he conocido yo a esta mujer? ¡Pues no lo recuerdo! ¡Y no está mal del todo, no está mal!

JOSE SANCHEZ ROJAS
Agosto, 1924

martes, 13 de noviembre de 2018

Programa de fiestas 1961

Poco, muy poco, podemos comentar sobre este programa de fiestas de octubre de 1961 que hoy recuperamos en formato digital. Una enfática poesía dedicada –como no– a Santa Teresa, los habituales anuncios del comercio y la industria albense, una escueta enumeración de los festejos populares organizados por el ayuntamiento de entonces y… poco más. Si acaso, destacar el regusto nostálgico que produce el reencuentro con este tipo de documentos y, en particular sobre aquel año, un novedoso concurso de feos con importantes premios para aquellos que, paradójicamente, resultasen agraciados.

lunes, 5 de noviembre de 2018

El Domine Lucas

En octubre de 2017 la Biblioteca de Temas Albenses añadía un nuevo título a su colección: El Domine Lucas, una comedia de enredo escrita por Lope de Vega durante su estancia en nuestra tierra al servicio del duque Antonio Álvarez de Toledo y cuya acción se desarrolla en Alba de Tormes y en un alquería cercana.
Hoy, un año más tarde, procedemos a la publicación digital de este sexto volumen del sello editorial albense editado por Mª Jesús Villar García.

lunes, 29 de octubre de 2018

El castillo y sus aledaños



JOROBA Y EL CASTILLO DE LOS DUQUES
José Luis Miñambres

     ¡Qué grande era Joroba para los niños y las bicicletas… ¡Sobre todo, para los niños! Y, en particular para los niños de Terradillos, de Navales, de Palomares, de Amatos… Casi nadie sabe que rodábamos con nuestras bicicletas por carreteras, ásperas, sinuosas, con cuestas y repechos imposibles para nuestra estructura física, tan infantil.

     A casa de Joroba llegábamos cansados, extenuados, ansiosos suplicando el milagro de las manos de Joroba y del Rubio. Íbamos con timidez, acobardados con la bici pinchada o… algo más. Nos sentíamos culpables cuando, casi siempre, la bici se averiaba por causas imposibles. Los de Amatos entrábamos por las casas de los Cacharreros, el Cuartel, el Paseo de las Casa Baratas. El Castillo de los Duques (en la foto ajustado por una anacrónica coraza de madera que profanaba su imagen y sus piedras nobiliarias dándole un aire cubista feo) se alzaba desafiante para el mundo de nuestras ilusiones y de nuestros sueños. Nada sabíamos de él, de su historia noble y centenaria. Llegábamos arrastrando la bici, pensando en la cara que nos podía poner Joroba, aunque, al final, siempre era la misma: movía la bici, sus muletas, se movía trabajosamente él y… ocurría el milagro: la bici quedaba como nueva, para volver por la carretera de Amatos. Pero entonces, a pesar de los rollos, del polvo y de la subida, (mirando “Los Coladeros”, pulmón albense de los cacharreros de Alba) se subían mejor las cuestas. Dejábamos atrás la bella y centenaria mole del castillo y, a sus pies, hacia la luz de oriente y mediodía, el misterioso tallercito de Joroba.

     Sé que el taller no existe ya. Y no sé si el destino ha sido generoso con El Rubio. Si vive, me gustaría agradecerle sus favores, la narración de sus carreras, sus marchas en bici hasta Guijelo, donde –contaba él en las breves tertulias– se tomaban una botella de vino entre los amigos. O tempora, o mores