martes, 17 de febrero de 2026

El Cristo del Castillo

 “SANTO CRISTO DEL CASTILLO”
CRISTO DE LA CASA DUCAL DE ALBA DE TORMES
S. XV

Miguel Ángel González (/OCD)

TRAS DIVERSAS PERIPECIAS HISTÓRICAS Y UBICACIONES DIFERENTES, ESTA IMAGEN DE JESUCRISTO CRUCIFICADO HA SIDO RESTAURADA POR EL ARTISTA MIGUEL GARCÍA Y RECUPERADA PARA EL CULTO.
SE PRESENTARÁ EN ALBA DE TORMES EN LA IGLESIA DE SAN JUAN DE LA CRUZ EL PRÓXIMO VIERNES DÍA 20 DE FEBRERO A LAS 19,30 HORAS Y PRESIDIRÁ LOS VÍA CRUCIS CUARESMALES. EL VIERNES SANTO PRESIDIRÁ EL VÍA CRUCIS DEDICADO A SAN JUAN DE LA CRUZ Y SERÁ VENERADO EN LOS OFICIOS DE LA PASIÓN DEL SEÑOR EN LA BASÍLICA DE LA ANUNCIACIÓN.

Renace el legado gótico: 
Los Carmelitas Descalzos recuperan un Cristo de más de 500 años en Alba de Tormes.
Cruz: 210 x 120
Cristo: 111 x 70
La Orden del Carmelo Descalzo financia la compleja restauración de una talla tardogótica vinculada a la Casa de Alba, salvando una obra única que presentaba graves riesgos de desprendimiento y severos daños estructurales.
En un esfuerzo por preservar el patrimonio histórico y religioso de la región, la Orden de los Carmelitas Descalzos ha devuelto el esplendor a una pieza excepcional de la imaginería sacra. Se trata de un Cristo crucificado de estilo tardogótico, con una antigüedad superior a los 500 años, cuya restauración ha revelado no solo su belleza original, sino también los secretos ópticos utilizados por los maestros de la época que lo tallaron. La intervención ha estado en manos de Miguel García, reconocido restaurador y Doctor por la Universidad de Salamanca (USAL), quien ha logrado salvar la obra de un colapso estructural irreversible.
La obra, que originalmente se encontraba en la capilla del castillo ducal de Alba de Alba de Tormes y, posteriormente en una ermita vinculada al mecenazgo de la Casa de Alba hasta su cambio de propietarios, es un testimonio invaluable de la transición artística hacia el Renacimiento, aunque manteniendo la esencia dramática del gótico final.


Un desafío a la perspectiva
Lo primero que llama la atención de esta talla es su singular morfología. A simple vista, la imagen presenta una fisionomía que podría interpretarse como deformada: un rostro inusualmente alargado, un pecho estirado y una desproporción en los pies. Sin embargo, los estudios realizados durante la intervención confirman que no se trata de impericia del escultor, sino de una genialidad técnica.
La teoría que cobra más fuerza tras el análisis es que el Cristo fue concebido para ser ubicado en una posición elevada, posiblemente encumbrando el retablo original de la capilla de la fortaleza albense, alto y en la parte superior del mismo. Esta “deformación” es, en realidad, una corrección óptica intencionada. El artista talló la figura distorsionada para que, al ser observada desde abajo por los fieles, la perspectiva corrigiera las líneas, ofreciendo una visión anatómicamente perfecta y monumental.

Un diagnóstico crítico
Antes de la intervención, el estado de conservación del Cristo era alarmante, poniendo en riesgo la supervivencia de la materia original. La talla sufría una degradación severa que dejaba a la vista gran parte del soporte de madera, habiendo perdido numerosas zonas de su policromía original.
El daño estructural era crítico: ambos brazos se encontraban completamente desprendidos del torso, lo que comprometía la estabilidad de la figura en la cruz. Además, la obra presentaba pérdidas volumétricas significativas: faltaban dedos en ambas manos y una sección importante del paño de pureza en su zona derecha había desaparecido. A esto se sumaba un ataque puntual de xilófagos (carcoma) y el deterioro de la cartela del INRI, que presentaba grandes lagunas y pérdida de color. La cruz, por su parte, había sufrido repintes históricos que ocultaban su acabado original.

Un minucioso proceso de restauración
Siguiendo los criterios de intervención contemporáneos, Miguel García desplegó un minucioso plan de trabajo:
1. Consolidación: Se inició con un sentado de color para salvar la pintura existente y la unión de las piezas desensambladas, devolviendo los brazos a su lugar.
2. Reconstrucción: Se llevó a cabo la reintegración volumétrica de los elementos faltantes (dedos y paño de pureza) para devolver la lectura estética a la escultura.
3. Reintegración Cromática: Tras el sellado de grietas y el estucado de lagunas, García aplicó técnicas reversibles como el puntillismo y el rigatino. Estas técnicas, ejecutadas con acuarela, permiten al espectador ver la imagen completa desde lejos, pero distinguir la intervención del restaurador al acercarse, cumpliendo con los estándares actuales de intervención.
4. Ingeniería preventiva: Quizás el aporte más importante para el futuro de la obra ha sido la instalación de un nuevo punto de anclaje. Miguel García ha diseñado un sistema que fija el Cristo a la cruz liberando de tensión a los brazos, evitando así que se repita la rotura traumática que la imagen sufrió en el pasado.
La obra, ya barnizada y estabilizada, se presenta ahora como un testimonio invaluable de la historia del arte y de la devoción en Alba de Tormes, lista para afrontar otros 500 años de historia.
La Orden de los Carmelitas Descalzos ha manifestado su satisfacción con el trabajo realizado y, sobre todo, “por poder ofrecer a Alba de Tormes la veneración de esta imagen más de cinco veces centenaria y que se convierte en la imagen religiosa más antigua, conservada en la villa ducal originariamente de la Casa de Alba”.
Gracias al mecenazgo de los Carmelitas Descalzos, Alba de Tormes recupera hoy no solo una imagen de devoción, sino un documento histórico en madera tallada y policromada que nos habla de la genialidad de los antiguos maestros y su capacidad para jugar con la mirada del espectador.

UN POCO DE HISTORIA
Esta escultura de madera tallada y policromada y de estilo gótico tardío, según tradición oral, perteneció a la capilla del castillo–palacio de los duques de Alba, siendo esta su ubicación original en el siglo XV y, contemplando, el esplendor de la Casa de Alba en el siglo de oro Español, cuándo la segunda corte de España se asentaba en la villa salmantina, testigo de la vida cultural y guerrera de la fortaleza, siendo una de las residencias palaciegas más imponentes del Renacimiento español. Construido en el siglo XV, alcanzó su máximo esplendor bajo el tercer Duque de Alba don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, en el momento en que el castillo ducal de Alba llegó a su máximo esplendor, quién heredó este Cristo tardo gótico, realizado para presidir la capilla del castillo ducal y para ser situado en la presidencia de la misma. 
En el Archivo General de la Fundación Casa de Alba, signatura ACA, Sec. T, leg. 124, folios 32-45, f. 33r., en el madrileño Palacio de Liria, en 1503, reinando los reyes católicos, se habla del “Inventario de los bienes del Castillo de Alba de Tormes, hecho a la muerte de don García Álvarez de Toledo, II duque de Alba”. Existe una sección dónde se trata de “las cosas de la capilla”, indicando que existe “… una capilla en la torre del homenaje, so advocación de San Juan Baptista, con su retablo de madera con sus puertas, en el qual están pintadas las ystorias de la Pasión de Nuestro Señor, e un cáliz de plata dorado, e dos casullas, una de brocado e otra de damasco, e un misal, e seys candeleros de latón, e una cruz de palo para la Semana Santa, e un incensario de metal, e un par de vinajeras de estaño”.
Se trata de un manuscrito en castellano antiguo que contiene 13 folios en pergamino y que indica que la capilla se encontraba en la torre del homenaje, en la planta baja.
Los folios 34v-35r continúan describiendo el mobiliario de la capilla: “Ítem, un órgano pequeño, e un atril de nogal, e quatro cojines de terciopelo para hincar las rodillas, e un reclinatorio para el señor duque, forrado en cuero, e dos sitales para los capellanes”.
El folio 40r enumera objetos de devoción personal: “Ítem, en una arqueta de nogal, un lignum crucis en relicario de plata, e una espina de la corona de Nuestro Señor, e un hueso de San Juan Baptista, e un breviario del señor duque con cubiertas de plata”.
Junto al castillo ducal estaba la iglesia de santa María de los Serranos, templo al que existe certeza de que acudían los duques y su corte albense.
Se conserva en el Archivo Militar de Madrid el plano arquitectónico anterior a 1809 (signatura M‑158), que representa la planta del castillo, incluye la torre del homenaje  
y señala explícitamente la “Capilla de san Juan”, siendo esta la única fuente cartográfica conocida que dibuja la capilla que, seguramente, presidía la imagen del Cristo del siglo XIV en la parte alta del retablo.
Este Cristo, por lo tanto, ha sido contemplado por la noble familia ducal, y por grandes personalidades como el rey Fernando el Católico, Garcilaso de la Vega, santa Teresa de Jesús… 
Santa Teresa de Jesús pudo contemplar esta imagen en la capilla del palacio en el siglo XVI en sus visitas al palacio ducal, como consecuencia de su estrecha amistad con la duquesa doña María Enríquez de Guzmán. 
Se tiene constancia, por ejemplo, de la visita que en 1574 la Santa realizó al castillo de Alba de Tormes. En las Moradas (6, 4-8) recordará la impresión que le dejó su paso por “el camarín” de joyas y “vidrios y barros y muchas cosas”. La imagen del castillo guerrero y joyero de arte, le servirá a la Santa para trazar el itinerario espiritual de su obra cumbre, el Castillo Interior o las Moradas.
José de Lamano Beneite en su libro “Santa Teresa de Jesús en Alba de Tormes”, en el capítulo XV, página 169, recoge la visita de la Santa al castillo ducal de Alba de Tormes en 1574. En este capítulo hay alusiones al interior del castillo y se afirma que la Santa pasó, en cierta ocasión, dos días en el castillo, aunque afirma que “ni la santa lo dijo ni de ningún otro documento puede rastrearse”. De la Mano Beneite afirma que: “…por orden de sus superiores, según dice la Santa sería de fijo, por mandado del Padre Fernández, bajo cuya obediencia estaba, moró en el suntuoso alcázar de los Duques. De esta su estancia en el castillo ducal de Alba hizo solemne conmemoración la escritora sin par, en el libro diamantino de las Moradas: “Deseando estoy, dice, acertar a poner una comparación, para si pudiese dar a entender algo de esto, que voy diciendo, y creo no la hay que cuadre más digamos esta. Entráis en un aposento de un rey o gran señor (creo camarín los llaman) a donde tienen infinitos géneros de vidrios y barros y muchas cosas puestas por tal orden, que casi todas se ven en entrando: Una vez me llevaron a una pieza de éstas, en casa de la Duquesa de Alba adonde viniendo de camino me mandó la obediencia estar, por haberlos importunado esta señora, que me quedé espantada en entrando; y consideraba de qué podía aprovechar aquella barahúnda de cosas, y vía que se podía alabar al Señor de tantas diferencias de cosas; y ahora me cae en gracia, cómo me han aprovechado para aquí”. (Moradas VI cap. IV).
A qué fue a parar, por dos días, al palacio de los Duques, ni la Santa lo dijo ni de ningún otro documento puede rastrearse nada. Pero, recordando que al Palacio de Monterrey fue a morar, unos días, por los fines de que ya se hizo mérito, y atendiendo que más adelante habían de obligar a la Madre a hacer su postrer jornada, aquí abajo, a Alba de Tormes, por haber importunado de nuevo esta señora a los superiores, por fines análogos se puede conjeturar que sería por poner a prueba en favor de algún deudo enfermo la gratia sanitatum de que Dios dotó tan copiosamente a la Madre. Con todo, estimo por más probable que la Duquesa de Alba llamase a la Madre Teresa a lo más secreto de su camarín para tratar con ella un asunto de suma trascendencia para su casa y familia. Y de tal índole que, deseando aconsejarse de ella con todo sigilo, la llamó a su recámara rehusando platicar sobre ello en la red del convento, sin duda porque, a veces, hasta las paredes oyen...
El tema de las pláticas que, en aquellos dos días, tendrían ambas amigas… Es sabido que, años atrás, el primogénito de los duques de Alba, don Fadrique de Toledo, había tratado de casarse clandestinamente con doña Magdalena de Guzmán, dama de la reina doña Ana, sin que los reyes hubiesen otorgado su consentimiento y permiso. ¿Será improbable conjetura presumir que, sobre este negocio tan trascendental y tan grave, platicaran ambas amigas en el camarín del Alcázar de Alba, en aquellos dos días que allí moró, de orden de los superiores?... En esta visita fué cuando pasó lo que refiere Rivera: “Visitando una vez a la Duquesa de Alba, doña María Enríquez, la duquesa le dió mil reales de limosna, y ella los llevó y diólos todos al monasterio de la Encarnación, donde entonces era priora, aunque sus monasterios tenían harta necesidad”. ¡Así pagó la noble dama la visita de la Santa Madre!
A los días de posar en el Castillo de los Duques, al lado de su cordial amiga, se restituyó a su monasterio para poner en ejecución sus designios. Uno de los asuntos que más impulsaban a la Madre a ir a Alba era el ver si lograba avenir a las partes en el litigio tan enfadoso de la Calleja. Fué en este negocio harto afortunada la Santa Madre. A muy poco de llegar a Alba, con fecha del 21 de Enero, la Duquesa de Alba puso el refrendo, que diríamos hoy, al acuerdo que sobre ello había adoptado el consistorio de Alba, en sesión celebrada el 15 de Diciembre de 1573. El gozo que en el venturoso desenlace de este litigio tuvo la Santa, no hay para qué encarecerlo.
Hasta aquí las alusiones de José de la Mano Beneite referentes a la estancia de la Santa en el castillo ducal de Alba de Tormes.
En época indeterminada, probablemente a principios del siglo XIX, la imagen del Cristo de la capilla del castillo ducal de Alba de Tormes, fue trasladada a la ermita de una de las fincas de la casa ducal para ponerla a salvo, antes de que la fortaleza fuese gravemente dañada e incendiada en 1813 como consecuencia de la Guerra de la Independencia, para evitar que las tropas francesas la utilizaran como fuerte de defensa.
A finales del siglo XIX la finca en cuya ermita se conservaba el Cristo cambió de propiedad y, desaparecida la ermita, la imagen del siglo XIV pasó a propietarios particulares que, recientemente, la han donado a los Padres Carmelitas Descalzos de Alba de Tormes, que han encargado su reparación al restaurador Miguel García.

sábado, 14 de febrero de 2026

Hojas de Roble

Este es el título del libro de Pepita Robles Diosdado editado recientemente por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca y presentado en esta institución salmantina el pasado 16 de enero y el 30 de ese mismo mes en el Salón de Plenos del ayuntamiento albense.

Nacida en Escurial de la Sierra y afincada desde hace tiempo en Alba de Tormes, Pepita Robles ha dedicado buena parte de su vida a plasmar sus vivencias en escritos y narraciones que entrelazan el pasado y el presente y en poemas que ponen de manifiesto su inquietud lírica.

Buen ejemplo de ello es esta obra que ahora recensionamos en la que recopila, con una mirada íntima y emotiva, el recuerdo de los paisajes y costumbres de su tierra natal en un intento de evitar que el tiempo los relegue al olvido, aborda –casi todos en formato poético– acontecimientos vividos en su localidad adoptiva o relacionados con el ejercicio de su profesión, y nos ofrece algunos cuentos y relatos, reales o ficticios, de variada temática.

“Hojas de Roble” es, en definitiva, y en palabras de su autora, fiel reflejo de “sus sentimientos, sus experiencias, esto es toda una vida".

sábado, 31 de enero de 2026

La pesquera de "La Luz"

 

Curiosa fotografía, tomada por Manuel Martín Cruz el día 16 de noviembre de 2001, en la que se puede apreciar con claridad la pesquera que antaño desviaba las aguas del Tormes hacia la aceña de San Pedro primero y mas tarde hacia la fabrica de electricidad construida en el paraje de los Pontones que en Alba siempre conocimos como La Luz.

jueves, 15 de enero de 2026

Gustavo Hernández Puertas

«Gustavo Hernández Puertas es un artista placentino que comenzó a pintar de manera autodidacta, perfeccionándose después en la Escuela de Bellas Artes Rodrigo Alemán de Plasencia.
Dedicado profesionalmente a la restauración de suelos de madera, este oficio le ha inspirado en muchas de sus creaciones artísticas.
Su desarrollo en la pintura pasa por diferentes fases, desde el óleo al acrílico y a la acuarela, última esta con la que más se identifica.
Ha participado en multitud de exposiciones colectivas e individuales, obteniendo sus mayores reconocimientos en concursos de pintura rápida, participando en otros como jurado.
Asimismo, ha colaborado en portadas de libros y carteles y ha sido seleccionado para participar en varios festivales internacionales de acuarela (Portugal, Bolivia, Praga, México, Fabriano y Urbino), impartiendo un taller de acuarela en Oaxaca (Méjico)».
https://culturaplasencia.es/event/viaje-en-acuarela-gustavo-hernandez-puertas-1/

Certamen de pintura al aire libre
Alba de Tormes 26-08-2014
Accésit
Certamen de pintura al aire libre
Alba de Tormes 23-08-2015
1º premio
Certamen de pintura al aire libre
Alba de Tormes 25-08-2018
2º premio
Certamen de pintura al aire libre
Alba de Tormes 17-08-2025


miércoles, 31 de diciembre de 2025

94 aniversario de la muerte de Sánchez Rojas

 Mi don José Sánchez Rojas

Alla, en “su” dorada Salamanca…, ha dejado de existir para siempre el que en vida se llamó don José Sánchez Rojas. José Sánchez Rojas. He aquí un nombre todo él evocación, que sólo su recuerdo nos trae una risita nada socarrona a flor de labios, mitad veneración, mitad respeto.

El destino implacable lo ha querido, se ha burlado una vez más del eterno burlador del propio destino. La adversidad no ha querido dejarle ver este nuevo año 32, que nace con un gran interrogante, dentro del cual todo bulle, o al menos lo parece, y en cuyo interior quien esto escribe pretende estar.

José Sánchez Rojas... ¿Quién era? Las crónicas cuentan que había nacido en la bella Alba de Tormes el 19 de abril de 1885. Que hizo los estudios en el Colegio de San Cayetano, de Ciudad Rodrigo. Que fue discípulo nada menos que de ese gran marxista-desorientador que se llama don Miguel de Unamuno y de Dorado Montero, el pan bendito de Dorado Montero, en la Universidad castiza de Salamanca. Que allí se licenció en Derecho. Que luego se doctoró en Madrid. Que pasó dos años ampliando sus estudios en Bolonia y Ginebra. Aquí empieza su verdadera vida, su amarga vida de escritor. Es en esta época cuando empieza a colaborar en todo lo colaborable, y empieza a lanzar folletos y más folletos. Y es en esta misma época cuando empieza a cantar las grandezas innegables de su grandiosa tierra, de su querida Salamanca, de su querida Alba, de su gran patrona Santa Teresa, hasta que se pierde para siempre, cantando de una manera propia, original y extraordinaria, las grandezas de Castilla toda, parándose en su cielo, en sus tipos y en sus paisajes, que son parte integrante del alma nacional y que son más verídica historia patria que la mismísima Historia de España.

José Sánchez Rojas siempre fue, a mi modo de ver, un perdido, en el buen sentido de la palabra, de la literatura. José Sánchez Rojas fue el primero, o de los primeros, en cantar pulcra y cotidianamente las grandezas del alma castellana. José Sánchez Rojas, como buen conocedor que era de Castilla, no reparaba en su continuo canto, y cantando, se puede decir, la muerte lo sorprendió.

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Conocí a Sánchez Rojas allá por el año 1923. Era yo un imberbe y, como tal, iba agarrado continuamente a las mangas de mi padre. Fue en uno de esos viajes que mi padre efectuaba para su íntima diversión, cédula, después, de lo que se llamó “Pueblo Español” de nuestra Exposición Internacional. Fue, por fin, en Toledo, en la mismísima plaza del Zoocodover. Su amistad con mi padre venía, como es natural, de lejos, puesto que ambos se dedicaban, por diferentes caminos, a cantar una misma cosa: el pueblo español. Retuve ya para siempre su tipo. Después, andando el tiempo, coincidimos otra vez en el mismísimo “Pueblo Español”. Aquel imberbe ya no lo era tanto, e incluso se permitía el lujo de opinar. Seguimos, paso a paso, la mal pagada “obra” de mi padre, y evocando él y escuchando yo, un atardecer estival nos sorprendió. Ya no volví a hablar con él hasta que coincidimos otra vez en la tribuna de la Prensa del Congreso. A él le llevaba allí su profesión y a mí una cosa parecida. La amistad pasajera de antes, ahora, hace cosa de cuatro meses, era una amistad entrañable. Cuando más sincera era, la muerte, eso tan infecto que nadie ha visto pero que todos respetamos, se me lo ha llevado. Un amigo más que pierdo y que hoy, al evocar toda su vida agitada, la evocación casi se funde con unas lágrimas sincerísimas...

Miguel UTRILLO, jr.

martes, 30 de diciembre de 2025

José Sánchez Rojas a mitad de los años veinte


Me satisface, ante todo, el trabajo. 
Me satisface pensar, leer, escribir, viajar,
no porque los viajes, los artículos, las lecturas y las 
meditaciones se traduzcan en el dinero que me alimenta,
 sino como actividades que me placen en sí mismas
 y fuera de toda compensación práctica y económica.

El Adelanto, 3 de enero de 1925.


     El periodo comprendido entre octubre de 1925 y marzo de 1926 va a marcar los últimos años de vida de José Sánchez Rojas, a la vez que nos descubre su situación personal y la actitud que mantienen hacia él tanto los diversos sectores de la sociedad salmantina y española como los medios de comunicación, las personalidades sociales y los políticos del momento. 

     Sánchez Rojas cumplió cuarenta años el 19 de abril de 1925. Tras la proclamación en 1923 de la Dictadura de Primo de Rivera y el destierro de Miguel de Unamuno (1924), su figura cobra un protagonismo insospechado en virtud de unos hitos concretos: el éxito de su Tratado de la perfecta novia (1923), la defensa de Unamuno,  su adhesión al Mensaje de elogio y defensa de la lengua catalana, la crítica al fascismo italiano, el regreso a Salamanca en el verano de 1925, sus traducciones, en especial las de Benedetto Croce (España en la vida italiana durante el Renacimiento y Breviario de Estética), la exaltación de Tomás Bretón y Ventura Ruiz Aguilera, la participación en el concurso de la plaza de cronista oficial de la provincia de Salamanca, el nombramiento por la Universidad salmantina como catedrático de lengua italiana, la aceptación del cargo de cronista honorario de la Tuna Universitaria charra, su destierro a Huesca tras su intervención y recuerdo a Unamuno en la Casa del Pueblo de Éibar, el rechazo del indulto y su conferencia en elogio de Gabriel y Galán.

     La censura se cebará con sus opiniones y colaboraciones; los elementos salmantinos de la Unión Patriótica le empujan a solicitar la plaza de cronista oficial de la Diputación, convocada el 18 de octubre de 1925, incluso el presidente de la misma llega a asegurarle que será suya y le asignará un despacho y vehículo oficial. Desde el primer momento en amplios sectores de la sociedad salmantina, se piensa en José Sánchez Rojas para ocuparla. Así lo hace público Francisco Bravo, redactor de La Gaceta Regional de Salamanca, en su artículo del 24 de octubre «Un hombre para un cargo», afirmando que “Como Sánchez Rojas, no hay en la hora actual quien pueda encargarse de relatar y contar nuestra historia, ennobleciéndola con vestiduras de poesía.” Y solicita el voto de los diputados provinciales para él, a lo que El Adelanto responde: “testigos de su labor admirable y perseverante, no tenemos para qué decir cuánto agradecemos y nos satisface esta iniciativa que nos llenaría de contento, al verla convertida en realidad.” Inmediatamente, el 26 de octubre, se adhieren Emilio Alarcos, catedrático de Literatura de la Universidad de Valladolid, y Eloy Díaz-Jiménez y Molleda, catedrático de Literatura en el Instituto de Salamanca, correspondiente de las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando y miembro de la Comisión de Monumentos.

     Sánchez Rojas toma la palabra el 3 de noviembre en El Adelanto, a través de una carta abierta en la que afirma:

“Si soy nombrado cronista de la Diputación de Salamanca, aceptaré el nombramiento, que solicito, como una carga de honor. Y si no lo fuera, siempre recordaré, emocionado y agradecido, las pruebas de afectuosa consideración que me ha dado estos días Salamanca entera.”

     Y advierte:

“he desdeñado y seguiré desdeñando muchas cosas y no sirvo para acólito, porque el humo del incienso me marea y me apestan los tufillos de la adulación y de la lisonja. En verdad, en verdad, le digo a usted que ni el aplauso me enardece, ni la censura me abate, ni la contrariedad me desespera, ni el éxito me exalta. Los que hemos vivido mucho tenemos una idea, harto despreciable y limitada del tiempo, y sabemos de la mudanza de las cosas y de los hombres.”

     A lo largo del mes de noviembre, se suman los medios que solicitan la plaza para Sánchez Rojas: El Liberal, de Madrid, El Pueblo, de Béjar y La Veu de Catalunya, que afirma: “para cronista de Salamanca le sobran títulos al que es por antonomasia el primer cronista de Castilla, el que más la ama y el que mejor la describe.”
     “(…) Nosotros conocemos a este hombre profundamente, generoso y bueno, que estuvo siempre con nosotros a las horas peligrosas y que huyó de nosotros cuando pudo llegar la hora de las compensaciones, que para él hubieran sonado siempre. Pero Sánchez Rojas es así, y su mayor valor es el de ser así, precisamente.”

     Una vez hecho público el listado de candidatos, el 2 de diciembre, el Rector de la Universidad y numerosos catedráticos se dirigen al presidente de la Diputación provincial con el ruego de que “sea nombrado cronista de la Diputación don José Sánchez Rojas. Así lo creemos en estricta justicia.”

     A mediados de diciembre, el rector de la Universidad de Salamanca nombra catedrático de lengua italiana a José Sánchez Rojas, que comenzará a impartir sus clases en enero.

     En la Diputación, se vota el 19 de diciembre la provisión de la plaza de cronista provincial, para la que se nombra al padre Luis G. A. Getino, de la Orden de Santo Domingo, que había presentado su solicitud a instancia de un sector de las fuerzas locales. El Adelanto publica el 22 de diciembre un artículo de Sánchez Rojas, «Glosa risueña a una nota oficiosa», en la que desvela que “En el pleito de la solicitud me enredaron los elementos de la Unión Patriótica”; señala que “El señor García Tejado, nuestro alegre y confiado presidente, llegó a designarme despacho oficial y un automóvil de Obras Públicas para investigar en los archivos municipales de la provincia”, y que el señor Bustos y Miguel “modificaba de raíz la ponencia hecha a mi favor ante ‘presiones’ que no podía sacudir humanamente”.

     El mismo diario publica también ese día la decisión de Eloy Díaz-Jiménez y Molleda, Emilio Alarcos, Fernando Íscar, Guillermo Sáez, Filiberto Villalobos y Rafael de Castro de promover una comida abierta a todos los salmantinos, para el 27 de diciembre, “deseando testimoniar su admiración al señor Sánchez Rojas, y desagraviarle por el tratamiento que le han hecho los señores diputados”. La comida se desconvoca.  

     Periódicos nacionales como El Sol, El Heraldo de Madrid y El Liberal (de Bilbao y de Madrid), se hacen eco del revuelo producido por la designación, a la vez que a Salamanca llegan las adhesiones a Sánchez Rojas de Indalecio Prieto, Julián Besteiro, César González Ruano, Pérez Ferrero entre otros muchos. El padre Getino presenta su renuncia al cargo en enero, y la Comisión provincial pretende declarar desierta la plaza.

     Sánchez Rojas acepta el 19 de enero el nombramiento de cronista honorario de la Tuna Universitaria de Salamanca y acompañarla en su gira por Medina del Campo, Burgos, Vitoria, Bilbao, San Sebastián, Éibar e Irún. En el recibimiento en la Casa del Pueblo de Éibar, se vitorea a la revista España, a Unamuno, Araquistáin, Indalecio Prieto y Sánchez Rojas. Éste interviene:

     “No gozamos de normalidad, y hasta nos han dicho que pongamos sordina a nuestros entusiasmos. ¡Bueno! Vamos a ser respetuosos. Poned en el corazón los nombres que ni estos chicos ni yo podemos poner en la lengua: esperad días mejores y, si estos muchachos, como yo creo y aseguro, son jóvenes, son buenos y son inteligentes, contad con ellos para que todos juntos intentemos dar a España el decoro y la dignidad que anhelamos para ella.”

     Como consecuencia, Sánchez Rojas es deportado a Huesca. Las simpatías de ciudadanos, periodistas y periódicos se multiplican. Desde allí envía varias cartas abiertas a Mary Santiago Mirat, que pertenece a una influyente familia salmantina, y manifiesta su amistad hacia el cronista y traductor hasta su fallecimiento, el 31 de diciembre de 1931.

MIGUEL ANGEL DIEGO NÚÑEZ
Autor del libro Regionalismo y regionalistas leoneses del siglo XX (una antología).