Lo cierto y constatable es que en la base de la ampolla de cristal en la que se conservaba –y se conserva– el corazón de la Santa venían surgiendo diversas protuberancias puntiagudas que algunos suponían espinas cuyo nacimiento consideraban premonitorio de distintas desgracias y atribuían a la coincidencia con diversos acontecimientos, desde su punto de vista calamitosos, de nuestra historia, tales como la exclaustración y desamortización de Mendizabal –1835/1836–, la expulsión de España de la reina Isabel II –1968–, o el posterior advenimiento de la I República –1873–.
El fenómeno tuvo una gran repercusión, tanto nacional como internacional, y fue objeto de varios análisis –siempre realizados a través del fanal de cristal que lo protegía– por distintos equipos médicos (1870 - 1872 - 1873) cuyos dictámenes lo definían como excrecencias vegetales y evitaban calificarlo de milagroso, prefiriendo hablar de algo inexplicable, preternatural, prodigioso o, incluso, sobrenatural.
Por el contrario, la interpretación del sacerdote paúl Nemesio Cardellach y Busquet, emitida tras un nuevo reconocimiento de la reliquia teresiana realizado en 1875 y autorizado por el entonces obispo de Salamanca Narciso Martínez Izquierdo, tilda de infundados los anteriores informes facultativos y eleva de 4 a 15 las excrecencias previamente observadas, que él no duda en identificar como espinas y en considerar milagrosos su nacimiento y existencia.
Estas últimas conclusiones fueron publicadas por el propio Cardellac en el exitoso libro «Santa Teresa de Jesús y las espinas de su corazón que se venera en el monasterio de Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes, Obispado de Salamanca» (Valencia, 1876), que traducido a diversos idiomas proporcionó, si cabe, una mayor popularidad a este enigmático suceso y contribuyó, sin duda, a acrecentar la devoción teresiana y la proliferación de peregrinaciones a su sepulcro.
Finalmente, sería el obispo salmantino Padre Cámara, persona de mentalidad abierta y reacia a especulaciones taumatúrgicas, quien pondría fin a la polémica el 19 de agosto de 1898 al observar personalmente el relicario teresiano y realizar una nueva inspección mucho más exhaustiva que las anteriores dado que procedió a su limpieza después de haber extraído del mismo la víscera y el resto de materiales que contenía, y tras un minucioso análisis de estos descartar el carácter milagroso del enigma y concluir de forma implícita, aunque sin dejar constancia escrita de ello, que no eran otra cosa sino partículas de polvo que había entrado por los orificios existentes en la corona metálica que cierra el fanal y varios palillos caídos accidentalmente dentro de él cuando, de buena fe, algunas carmelitas introducían, por el mismo conducto, los referidos palillos para tocar con ellos la reliquia y, a continuación, escapularios que se comercializaban con la indicación «Tocado al corazón de santa Teresa».
Temiendo en cuenta el carácter divulgativo que inspira este página, complementamos este relato ofreciendo también las conclusiones del examen realizado por el obispo de Salamanca Fray Tomás Cámara Castro publicadas en el Boletín Eclesiástico de la diócesis salmantina y recogidas en el nº 12 de la revista La Basílica Teresiana (15-09-1998); dos artículos periodísticos firmados con posterioridad a la aclaración del misterio por Hipolito Rodríguez Pinilla (Alrededor del Mundo, 06-03-1903) y Miguel de Unamuno (El Sol, 29-09-1932); y tres libros que también incorporamos a nuestra particular Biblioteca Teresiana: el antedicho de Nemesio Cardellach y Busquet y su traducción al francés (dos auténticas rarezas bibliográficas) y el publicado en 2019 por la Biblioteca de Temas Albenses en el que su autor, Manuel Diego Sánchez, nos facilita toda la documentación –oficial y oficiosa– a la que ha tenido acceso relacionada con este suceso.












