jueves, 15 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Domingo, 15 de noviembre de 1812

«Día 15. Muy de mañana la infantería enemiga empezó á vadear el río, y como á hora de las nueve los cuerpos que ocupaban la villa salieron dirigiéndose al vado, y dejando libre aquella, el comandante del castillo dispuso una salida con mitad de la guarnición, y les ataca su retaguardia, que dispersó, tomándoles ciento sesenta y tres prisioneros, los treinta y seis de caballería, con varios equipages y víveres: el ejercito que seguía marchando por las alturas, hizo alto, retrocediendo al vado una columna con algunos caballos, por lo cual se retiraron al castillo con la presa; y el enemigo volvió á seguir su rumbo, principiándose á oír, como á las dos horas, un vivo fuego de cañón que cesó al ponerse el sol. La torre tenia un cubo á mitad de su elevación interceptado del todo por hallarse arruinado el paso ó tramo, que á beneficio de unas tablas se puso en comunicación para depositar los prisioneros, con tanta seguridad, que retiradas aquellas, por solo un vigilante estaban observados. Las partidas sueltas que seguían á este ejército eran considerables, por lo cual el comandante, careciendo de punto donde irlas depositando, tomó el medio de apostar una fuerte avanzada que las hiciese retroceder en dispersión: así fue, que tuvieron enteramente cortada su comunicación por aquel punto del Tórmes. La guarnición se proveyó de harinas, vino, aceite, útiles para amasar y cocer pan, colchones para enfermos y heridos, como de paja y cebada para el ganado: entre los prisioneros lo fueron un físico, y otro oficial de farmacia, que sirvieron de mucha utilidad á la guarnición. En el mismo día se reconocieron los muertos y heridos del día anterior, y los segundos fueron trasladados desde las casas en que los dejaron, al hospital que el comandante mandó á la justicia habilitar inmediatamente, poniéndole salvaguardia que evitase todo desorden. A la una de la noche salió disfrazado en compañía de un paisano el teniente de granaderos de Monterrey don José Montanos en dirección al camino de Ciudad-Rodrigo, llevando para los generales el parte de cuanto había ocurrido; y como el vado fuese muy crecido, por una escala de mano subió al puente.»


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