domingo, 25 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Miércoles, 25 de noviembre de 1812

«Día 25. Poco antes de amanecer llegó la columna al lugar de Carpio-Medianero, cuatro leguas largas de la villa de Alba de Tórmes; y cuando creía verse libre de enemigos, se halla interceptada por todo el ejército que la tarde anterior había repasado el Tórmes por un puente que echó próximo al lugar de Congosto: motivo que la obligó á tener que correrse sobre la izquierda, y emboscarse en el monte Dehesa de Garci-grande, por no tropezar al golpe con 600 caballos. Situada la columna en esta formación, y colocadas observaciones de oficiales y sargentos que con anticipación avisasen toda novedad, sin dejar las armas de la mano, comenzó á descansar. El comandante auxiliado por el montaraz de la Dehesa Sebastian Vela no cesó en todo el día de explorar y reconocer el terreno, mandar algunos porqueros que halló á distintos pueblos, tanto para que viesen la fuerza enemiga que había en ellos, como la dirección que llevaban si estuviesen en movimiento: de estas diligencias solo consiguió saber que ocupaba con tranquilidad todos los de aquellas inmediaciones, menos el lugar de Orcajo, y que el Rey intruso se hallaba en Peñaranda. Como á las tres y medía dieron parte las observaciones aproximarse cuarenta dragones por la vereda que pasaba al frente del punto que tenía la columna; y aunque hicieron un pequeño alto, según venían desfilando, continuaron por la misma su marcha: el comandante persuadido en que parecía casi imposible no le hubiesen visto, en seguida se puso en marcha, y en dirección opuesta, llevando nuevos guías, por haber dado libertad á los que sacó del castillo, y tenía en él desde el día 16, cuyo movimiento maquinal sostuvo hasta e1 obscurecer, que tomó el rumbo de ir á Orcajo, y en la noche sorprender á los enemigos que se hallaban, en las barcas de las Romanas para por ellas pasar el Tórmes: el tiempo riguroso de lluvias y fríos al mismo tiempo que protegía tan críticas circunstancias, imposibilitaba cualquiera ejecución; los arroyos iban fuera de su centro y mientras la tropa pasaba por un árbol que servia de pontón, al que se halla á la salida de Gallegos de Crespos; por el dueño del caserío fue instruido el comandante de que el enemigo había destruido las barcas, y que positivamente iba á encontrarse con seis compañías y trescientos caballos de las tropas de la villa de Alba de Tórmes que, al mediodía estuvieron allí, y le dijeron ir buscando los españoles que la noche anterior escaparon del castillo. Conociendo que de no pasar el  río en  la noche, irremisiblemente era  perdido y expuesto á un sacrificio, deliberó retroceder, esforzar la marcha, y antes de amanecer pasar el camino real de Peñaranda, emboscarse en el monte de Pajarillas y desde él reconocer á Ávila: en efecto lleva adelante su proyecto, y al paso por el lugar de Alaraz manda hacer alto, y llama á una casa, que casualmente era la del alcalde, le pregunta que tropa había en él, y contestando que cincuenta dragones para á la mañana llevar raciones, inmediatamente  de ellas le hizo dar trescientas, que sobre la marcha fueron repartidas, llevándose de guía al mismo alcalde á fin no alarmase a los dragones que dormían en sus alojamientos, y dejaron de apresarse por el objeto de la marcha, el de no comprometer al pueblo y exponerse á ser descubierto cuando las circunstancias eran andar entre innumerables fuerzas enemigas. En Malpartida pudo hacerse otro tanto, y aún tomar cuatro cargas de dinero, siete oficiales y cuarenta soldados, pero solo se sacaron guías, y con cautela fue despachado el alcalde de Alaraz. Sin embargo de lo mucho que se aceleró la marcha en noche tan cruda, ya era de día cuando la columna penetró por frente de Peñaranda, y sin quedarle otro arbitrio; pero  con tanta suerte, que á pesar de hallarse el rey intruso con dos divisiones, y otras acantonadas en los lugares inmediatos, logró colocarse en Pajarillas sin ser vista, contando nueve leguas andadas desde las cuatro de la tarde del día anterior, y sin haberse desmayado individuo alguno.»


sábado, 24 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Martes, 24 de noviembre de 1812

«Día 24. Amaneció sin novedad en la línea enemiga ni en la guarnición: el comandante ordenó se matasen cuatro bueyes, y repartiesen á las compañías, encargando estuviese cocida la carne para las tres de la tarde, seguidamente hizo dar ración doble de ron á la tropa: como las doce del día, sin embargo de no estar uniformes los votos de oficiales en punto á la salida, comunicó la orden que se manifiesta al nº 6º, y en su consecuencia todo estuvo pronto al obscurecer, á cuya hora el comandante entregó á don Nicolás Solar, teniente del Rivero, encargado de sostener el castillo, las instrucciones por escrito que se incluyen al nº 7º, como también una carta para el general francés, que debía remitirle la mañana del 25 siguiente, y se acompaña al nº 8º, sin quedar duda alguna á dicho oficial, y lo mismo al sargento José Silva, de cuanto tenían que practicar. La noche era algo clara, y helando; la salida fue dando las doce el reloj de la villa; pues aunque aquella prevenía á las once, el no haberse visto un foso que había delante de la puerta que se abrió, hizo detener el movimiento hasta allanar el obstáculo con colchones, por cima de los cuales salió la columna que á muy cortos instantes alarmó, arrolló, y dispersó en confusión todos los puestos enemigos, que decían los españoles se van. Los ocho cazadores dispararon sus tiros como se les había encargado, por cuyo motivo se introdujo el desorden en términos de hacerse fuego entre ellos mismos: los que ocupaban el convento, le abandonaron y corrieron hacia el vado, con lo cual dejaron expedito el paso á la columna que continuó su marcha; y aunque colocando partidas en escalones para contener cualquiera otra del enemigo que saliese en seguimiento, fueron éstas replegándose sin novedad, y lo mismo el cabo Juan Fernández Maroto, que con dos caballos se sostuvo hasta la una y media en observación del campo enemigo, cumpliendo con tanto tino su encargo, que se incorporó cuando todos habían descansado, y debía romperse la marcha, manifestando que las centinelas del castillo seguían el fuego como se les había prevenido, y el enemigo aun en confusión: trece fueron los muertos ó heridos de las tres compañías que quedaron en el campo, y dos caballos de los once habilitados con ginetes, á consecuencia de las descargas que varios puestos enemigos hicieron al ser arrollados: los tres rancheros y once asistentes ó se volvieron al castillo, ó perdieron el rumbo y cayeron en manos del enemigo, El objeto del comandante en dejar escolta fue, no desamparar los veinte y tres enfermos imposibilitados; que en incidente desgraciado hallasen asilo los que lograran volver al castillo; y por último, que consiguiendo introducir la confusión en el enemigo cuando saliese de ella, llamase su atención el ver continuaba haciendo fuego el castillo en iguales términos que las noches anteriores, siéndoles suficientes á no destacar fuerzas algunas, como sucedió.»
[...]



«Orden para la salida del castillo.
NÚMERO 6°
Mediante se cumplieron los días que debíamos guarnecer esta posición, y llenado en ella bien cumplidamente el deber haciéndonos respetar de un numeroso ejército enemigo, he dispuesto que en esta noche hagamos una salida, y arrollar los enemigos que nos circundan, animándome para ello el valor y demás virtudes militares de los dignos oficiales y granaderos que el día 10 tuve el honor de elegir para acompañarme en esta honrosa comisión; y por lo tanto soy mas obligado á buscar el medio de salvarlos cuando una suerte desgraciada se les acerca, y  á aumentarles una segunda gloria que perpetúe su memoria en la milicia. No dudo conseguirla, y aun la miro como ya adquirida, si todos á una contribuyen á mis ideas; mas desgraciado aquel que se separe de ellas, pues que solo hallará su ruina: la base principal de todo militar es obedecer y sufrir la suerte, conforme la disponga el gefe que le mande: de este modo sirve á Dios, al Rey y á la patria.
El cabo primero Juan Fernández Maroto escogerá ocho soldados, y con los dos cazadores ingleses formará una partida de caballería, que vestirá y armará con el equipo de los dragones prisioneros; y de los caballos, inclusive el mío, elegirá los once con sus monturas que sean mas á propósito en el concepto de que cada oficial recogerá el suyo para usar de él después de la marcha de esta noche, conduciéndose los equipages en el mayor número de caballerías que hay sobrantes.
El sargento don José Noval nombrará ocho cazadores que deben marchar por cabeza de la columna, cuidando sean de los mas acreditados en valor y serenidad.
Siendo forzoso quede una escolta encargada del castillo, tenia ideado solo se compusiese del sargento de1 Rivero José Silva, en razón á su valor y despejo, con dos cabos y diez y ocho soldados; mas el crecido numero de veinte y tres enfermos imposibilitados, incluso el soldado portugués, ha movido mi reflexión á ordenar se caracterice dicha escolta con el teniente del mismo cuerpo don Nicolás Solar, y sea en caso quien responda al general francés, después de remitir con Silva la carta que para él dejo al efecto. Como los soldados de esta escolta no tienen que hacer la violenta marcha, y solo sostener el fuego á pie firme en el castillo durante la noche, se nombrarán los mas débiles en resistencia, sin que note yo parcialidad por uno u otro estilo: de estos individuos y de los enfermos los señores comandantes de compañías formarán una relación nominal que entregarán á don Nicolás Solar para por ellas deducir el total de los que quedan á su cargo, y el teniente don Andrés Narváez lo hará de las equivalentes á prisioneros.
Para la hora de las ocho se hallarán las compañías prontas á marchar, habiendo comido el rancho, y cada individuo en su morral la ración de carne cocida y la de galleta que se han distribuido para el día 25, y municionados á sesenta cartuchos, teniendo cuidado al propio tiempo de cambiar cualquiera fusil que se halle inútil: es de toda necesidad el numerar de nuevo para poder pasarse lista á toda hora de la noche; y á fin de evitar la menor equivocación, no se incluirán los ocho soldados y el cabo elegidos para hacer el servicio de á caballo; los ocho cazadores que deben ir por cabeza de la columna, tres rancheros, y un solo asistente de cada oficial, graduando ya de baja los enfermos y escolta que quedan en el castillo.
Las compañías se formarán en dos pelotones, y á dos de fondo, colocándose en cada uno sus respectivos oficiales y sargentos á los costados de las filas, de manera que en el derecho de la primera y izquierdo de segunda vayan oficiales, y en los opuestos sargentos:  al subteniente don José Diez, y al teniente don Nicolás Solar, el primero por ir dirigiendo los ocho cazadores sueltos, y el segundo por quedarse en el castillo, resultará substituirles los sargentos primeros, bajo el supuesto de que las filas han de ir encajonadas, y sus colaterales responsables de la menor falta que en ellas se note. Cazadores de Monterrey formarán el primero y segundo pelotón de la columna, granaderos del mismo tercero y cuarto, y granaderos del Rivero quinto y sexto: todos llevaran sus armas cargadas con la bayoneta armada, teniendo mucho cuidado en que no se dispare fusil alguno, particularmente luego que se haya pasado el convento, pues resultaría manifestar al enemigo el rumbo ó dirección de la guarnición. El subteniente don José Diez con el sargento Noval y los ocho cazadores formarán una fila delante del primer pelotón, siendo su objeto guiar la columna,  desordenar los puestos enemigos sin pararse por pretexto alguno, y llegando al convento disparar los fusiles á derecha é izquierda para que los tiros se dirijan al pueblo y campo de san Francisco, debiendo hacerlo sobre la misma marcha. El cabo Juan Fernández Maroto con los diez caballos cubrirá la retaguardia del sexto pelotón, y pasando del convento, como á tiro y medio de fusil, se situará y permanecerá en observación del campo enemigo una hora, después de la cual romperá su marcha al trote hasta alcanzar la columna. Los rancheros y asistentes seguirán con el bagage á la caballería hasta pasar el convento, y luego que aquella se separe, á la columna, pero siempre á retaguardia. Pífano, corneta y tambores formarán una fila entre tercero y cuarto pelotón. Los tres guías irán uno con don José Diez, otro conmigo á la cabeza, y el tercero á retaguardia con el capitán don Ramón Sanjurjo.    
El teniente don Andrés Narváez remitirá un cajón de municiones á la torre, y los restantes, luego que todos se hallen municionados á sesenta cartuchos, deberá tenerlos preparados para arrojarlos al pozo en el momento de avisarlo yo. El oficial de guardia en el rastrillo principal, retirada que sea la tropa de los parapetos exteriores, echará su llave y la entregará al oficial Solar, cuidando de correr el madero pasador, y acuñarlo para que no haga movimiento.
Por el orden expresado se hallará formada la guarnición en el huerto á las diez de la noche, para que la salida sea á las once en punto, y omito hacer otras prevenciones mas que las de encargar mucha unión y silencio, como el que debiendo marchar la cabeza al paso redoblado hasta llegar al monte, es forzoso que la retaguardia violente mucho el suyo. = Castillo de Alba 24 de noviembre de I812. = José de Miranda.


NUMERO 7º
Instrucciones al teniente de granaderos del Rivero don Nicolás Solar encargado de sostener el castillo hasta la mañana del 25, que se  rendirá prisionero.

Queda de escolta el sargento José Silva, dos cabos, y diez y ocho soldados colocados en el orden siguiente: el cabo José Campos con cuatro soldados por la parte exterior del castillo, situados en centinelas desde el primer rastrillo hasta el parapeto del horno, haciendo fuego toda la noche, sobre el pueblo: en el parapeto alto dos soldados que harán el mismo fuego; y en caso de ser atacado el cabo Campos, se replegará á este punto, que sostendrá con energía, respecto se halla con toda seguridad; retirando la escala de mano luego que suban los soldados: en el malecón sobre el puente estará el sargento Silva con cuatro soldados que harán sus fuegos por aquella parte, y en observación de los del cabo Campos;  pero si éste se retirase, por ser atacado, al punto indicado, será todo su objeto batir el frente del rastrillo principal del castillo: en el parapeto interior, o depósito del ganado, se colocarán dos soldados para observar al cabo Campos; y retirándose éste harán fuego por las aspilleras á cuantos objetos se aproximen, en cuyo caso serán reforzados por el cabo Mateo, con cuatro soldados que defenderán todo el frente sin el menor riesgo. El oficial con el cabo y seis soldados se colocará en el tramo que baja al huerto; y tan luego como observe que la columna no vuelve al castillo, cerrará el postigo, arrojando sobre él los escombros que al efecto le quedan preparados, y dejando dos soldados para que hagan fuego á los que por aquel frente se aproximen, deberá retirarse al patio y rastrillo principal.

El sargento herido Tomas Alvarez en el cubo de la torre, que sirve de hospital, queda encargado de no permitir la salida de enfermo alguno, del armamento de estos, de un cajón de municiones, y de las tablas que sirven de puente para entrar al depósito de prisioneros, con prevención de las funestas consecuencias que le resultarían si llegasen á salir del fuerte calabozo en que por sí solos están custodiados.
Todo el cuidado del oficial Solar será vigilar que los puntos sigan un fuego sostenido durante la noche para persuadir al enemigo de que la guarnición está dentro; y si por algún incidente se arrojase á las obras exteriores, como el malecón, parapeto interior y el alto hagan sus fuegos, no podrá conseguir mas que alojarse en la ermita arruinada, casa del horno y su corral; pero como su objeto sea sostenerse en la noche, no debe imponerle aun logrando tal ventaja: para visitar los puestos deberá hacerlo por las comunicaciones interiores sin necesidad de abrir el rastrillo, supuesto quedan situadas las escalas de mano. Si por algún incidente desgraciado volviese la columna al castillo, lo verificará inmediatamente.
Luego que haya amanecido el día 25, dispondrá que el sargento José Silva con su fornitura, armamento, y un pañuelo en la mano pase á la villa para entregar al general francés la carta que dejo al efecto, encargándole no lo verifique á otra persona alguna, ni indique haberse marchado la guarnición. Seguidamente reunirá toda la escolta en el patio, y por las noticias de compañías se cerciorará de si son los mismos individuos, aumentando en ellas cualquiera otro que por casualidad apareciese en el castillo. Las listas de prisioneros deberá darlas al oficial francés que se presente y le acompañará al cubo depósito para que el se entregue de ellos, pues de sacarlos antes se expondría á desórdenes. Todas estas precauciones y formalidades harán honor y respetar al teniente Solar. Castillo 24 de noviembre de 1812 = De Miranda.



NÚMERO 8º
Señor general: las reglas de la guerra deben seguirse en todas sus partes, y así es que emprendo la salida con mi guarnición: si las fuerzas de V. me encontraren, siendo compatibles, nos batiremos en campo raso. Dejo un oficial para entregar á V. el castillo con los enseres que encierra, particularmente los prisioneros á quienes he mirado con toda consideración, y omito suplicar á V. tenga la suya con el oficial, enfermos y escolta, supuesto que sus escritos me han hecho ver la generosidad de su corazón. Dios guarde á V. muchos años. Castillo de Alba de Tórmes á las once de la noche del 14 de noviembre de 1812. = José de Miranda».
 


viernes, 23 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Lunes, 23 de noviembre de 1812

«Día 23. Entraron y salieron en la villa varias partidas: el comandante del castillo reunió los oficiales á las once del día y les dijo: "señores, hemos llenado nuestro deber en este punto: mi opinión es hagamos una salida de noche, arrollar los puestos enemigos, y seguir la marcha sin cesar hasta apoderarnos del monte, donde elegiremos con mas certeza que aquí el rumbo que debemos llevar antes que regrese el ejército enemigo, en cuyo caso no solo nos vemos expuestos á ser estrechados con artillería, sí también a tener que rendirnos por falta de víveres, supuesto solo hay carne para dos días, y pan para tres; sin embargo espero que vms. se sirvan poner por escrito, y bajo la firma de cada uno, su parecer, entre tanto que yo voy á los parapetos exteriores, donde espero el aviso de V. señor capitán Sanjurjo." A la hora se verificó, y el comandante guardándose los votos sin leerlos,  mandó traer ron: todos bebieron, y cada cual se fue á su puesto.»


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Sábado, 21 de noviembre de 1812

«Día 21. Por la mañana se hizo una salida con cincuenta hombres de la guarnición para reconocer la clase de trabajos que el enemigo hacia en dirección al castillo por la parte del pueblo, en la cual fueron heridos el sargento del Rivero Tomas Álvarez, y el soldado portugués refugiado el día 14.»



martes, 20 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Viernes, 20 de noviembre de 1812

 «Día 20. Apenas se hizo fuego, la línea de circunvalación continuó en iguales términos; y solo á las tres de la tarde llegando por la ribera del Tórmes una columna de prisioneros ingleses, al entrar en la villa, fueron rescatados dos cazadores de caballería por soldados de la guarnición que se habían apostado, los cuales aseguraron haber caído en poder del enemigo sobre Tamámes.»


lunes, 19 de noviembre de 2012

Diario de la defensa y evacuación del castillo de Alba de Tormes: Jueves, 19 de noviembre de 1812

«Día 19. Como á las diez de la mañana volvió á presentarse la caballería, y se sostuvo á la vista del castillo: Á las doce llegó al mismo campo una brigada de infantería con algunos carros de batallón, cuyo gefe sin dilación dirigió al del castillo la carta que se inserta al nº 3º, é igualmente la contestación: como pasadas dos horas se presentó otra brigada de infantería, reuniéndose todas estas fuerzas en el campo de san Francisco, que es el de la altura opuesta al castillo, mediando el pueblo entre ambos puntos: desde él destacaron cuatro compañías á la pradera, con las que situaron desde el vado hasta el camino que sale de la villa de Alba diez y siete puestos de á seis hombres en línea de circunvalación, y la restante tropa de ellas como reserva se colocó en las tapias ó ruinas del convento. Seguidamente pasó á la villa un batallón que apostó guardias en todas las boca-calles salientes al castillo y bajada al puente, adelantando una á la aceña ó molino de él: treinta caballos pasaron el río  y se colocaron en san Lázaro. En el dicho campo de san Francisco quedó un batallon con los carros, y la demás infantería se acuarteló en la villa, verificándolo la caballería en el lugar de Amatos, dejando solo una pequeña guardia. Como á la hora después de haber anochecido con dos sugetos decentes de Alba enviaron al comandante la carta que se demuestra al nº 4º, por los cuales supo ser la cuarta división que venia destinada á tomar el castillo, y que el general les había suplicado admitiesen aquella comisión: el comandante los despachó diciéndoles asegurasen al general francés tendría su contestación, que fue en los términos expresados á continuación de aquella, y por olvido sin firmar, remitiéndola con el teniente don José Montanos, acompañado del corneta y un granadero de hermosa figura: este oficial iba encargado de contestar al general Sarru que todo lo ignoraba, en caso de apurado con preguntas, y solo manifestase parecerle que el castillo no se entregaría sin ser atacado repetidas veces por tener muchos víveres en razón á los apresados el día 16; que galleta solo un día se había dado en parte de ración por no alcanzar el pan fresco para todos los prisioneros: el general obsequió mucho á Montanos; el de brigada y ayudante hicieron subir al granadero y corneta para que también los viese y preguntase; pero solo se redujo á decirles que el castillo no tenia recurso, y que era doloroso se vertiese sangre; mas no saliendo estos de sus premeditadas contestaciones, después de dos horas fueron vueltos al castillo con otra carta que se inserta al nº 5º, y conseguido el objeto no solo de haberlos explorado, sí también de saber el alojamiento del general, y colocación de sus guardias interiores, por si convenía atacarlos y envolverlos alguna noche.»
[...]



«NÚMERO 3º

Señor comandante: Vengo mandando una división francesa, y le intimo á V. en nombre de mi general en gefe de salir del mal reducto adonde V. se obstina hacer resistencia: le doy á V. una hora para decidirse; espero vuestra respuesta, y  tiemble V. si es negativa. = El general barón de Ansenah. = Alba de Tórmes 19 de noviembre de 1812.


Contestación. Señor general: Déjese V. de intimaciones, y haga su deber, que yo haré el mío: muchos prisioneros á quienes doy el mejor trato, serian víctimas de cualquier atentado que V. hiciese cuando la suerte de las armas le favoreciese mas que á mí. Castillo de Alba 19 de noviembre de 1812. = José de Miranda



NÚMERO 4°

Señor comandante: He llegado con la última brigada de la división que mando, y he sabido que el comandante de caballería y el general de brigada Ansenah han escrito á V. para intimarle de entregar el castillo á las tropas imperiales: ignoro cuál era el contenido de las cartas de aquellos dos oficiales; pero vuestras respuestas me fueron entregadas: ellas me persuaden, señor comandante, que V. ignora el estado presente del ejército inglés y de sus aliados: ya no debe V. esperar mas auxilios: su retirada mas allá del Agueda con precipitación, y las pérdidas que ya recibieron, deben privar á V. de todas esperanzas. En este estado de cosas sin dudar sobre los modos de resistencia que tiene V. y los que tengo contra V. le suplico piense bien en el caso que se halla. Si V. toma á bien, señor comandante, de enviar á uno de vuestros oficiales, hablaremos sobre la posición respectiva de los dos ejércitos; ó si V. desea enviar á alguno á Salamanca para informarse positivamente del estado actual de las cosas, me ofrezco dar á V. señor comandante, todas las seguridades y escoltas que V. puede desear: le ruego á V. señor comandante, de recibir las vivas expresiones de mi estimación y perfecta consideración. = El general de división = Sarru = P. D. Un músico de nuestro ejército se me ha presentado, y me ha dicho que V. le dio libertad á él y á su hijo: me ha dicho además que muchos militares franceses caídos en vuestro poder, eran tan bien tratados como sus situaciones pueden permitir: le ofrezco por ello, señor comandante, todas las expresiones de mi agradecimiento. Alba de Tórmes 19 de noviembre de 1812.


Contestación. Señor general: Es constante haber recibido dos escritos del comandante de caballería y del general de brigada Ansenah; uno y otro me pedían el castillo; mas el segundo ignorando la entereza de mi carácter, indica en su última expresión de que tiemble si me niego á ello. Ahora recibo la favorecida de V. y desentendiéndome de cuanto impone la carrera militar, en el caso que me hallo sería seguir el estilo ordinario, valiéndome de un seco modo de contestar á su relato merecedor de la mas atenta expresión; y así paso á hacer las mas verdaderas reflexiones para convencer á V. de que por todos medios estoy en el caso de llenar el deber. ¿Cómo podré desentenderme de la educación militar adquirida en 19 años, y desde mi juventud siempre en ellos con alguna opinión, rindiendo un fuerte que es asequible á la mayor defensa, cuanto que siempre tendrá en dudas al sitiador, y mucho más conservando intacta una bizarra guarnición de oficiales y soldados? ¿Será posible, señor general, acceder yo á rendir el fuerte sin sufrir antes centenares de asaltos? No creo que V. me pida el fuerte por el estilo que indica, supuesto es inconexo al deber  que me compete llenar, y sí por el que á V. le impone su encargo, ni por interés de recompensar mi gratitud en lo benéfico que soy á la humanidad; pues solo la ejerzo cuando no es en detrimento de la conducta militar: tal ha sido dar libertad al músico, su hijo, un cantinero, y los heridos abandonados que coloqué sin dilación en el hospital. No dudo dejen de ser ciertas las noticias que me da del ejército de que dependo, aunque anoche las he recibido que no me anuncian concluida la dependencia, y por último, señor general, mi deber he de llenarlo sosteniendo el honor militar; repito á V. y aun le ruego el que me ataque cuando guste; y si V. tuviese mas suerte en sus armas que yo en las mías, con gusto sufriré la que me quepa. Lo único á que me resuelvo es á acceder conservemos treguas el término de ocho días; yo no adelantaré mis obras ni V. el que se facilite el puente, y concluidos éstos trataremos del particular. Me ofrezco con toda voluntad á las órdenes de V. reiterándole el afecto propio de su mas apasionado s. s. q. s. m. b. Castillo de Alba de Tórmes 19 de noviembre de 1812 á las siete y media de su noche. = José de Miranda.



NÚMERO 5º

Alba de Tórmes 19 de noviembre de 1812 á las nueve y media de la noche. = Señor comandante: El oficial que me envía V. me ha entregado la carta que me hizo V. el honor de mandarme, y supongo venia de vuestra parte porque responde á la que yo le mandé á V. mas por distracción sin duda se le olvidó firmarla. No tome V. á mal si no me extiendo mas sobre su contenido, y si me paro en decir á V. que las noticias que puede haber tenido ayer noche no destruyen lo que tuve el honor de decirle sobre el estado actual de vuestro ejército: yo le he propuesto á V. modos para convencerse: treinta y un años de vida militar me han enseñado también lo que un soldado debe á su honor; mas en las circunstancias que V. se encuentra, pienso ha hecho bastante por uno y otro. Al fin, señor comandante, dejaremos nuestras comunicaciones hasta que otras circunstancias nos las hagan volver á tomar. Os ruego de agradecer, señor comandante, las nuevas pruebas de mi consideración. El general de división = Sarru»