miércoles, 20 de enero de 2010

L'Aceña nº 29


UN TURISMO QUE SABE A POCO
El hecho de que Alba de Tormes esté cerca de la capital condiciona un turismo más o menos estable. Quienes a la villa se acercan lo hacen como si de una escapada se tratase: vienen de mañana y regresan a Salamanca a la hora de la comida; o vienen por la tarde y están en la ciudad universitaria a la hora de tomarse una caña.
Es cierto que a pueblos más alejados, como pueden ser la Alberca o Candelario, “se va por el día”, sin que signifique que lo que en ellos se ofrece sea mejor que lo que nosotros podamos ofertar. Si en esos lugares juega a su favor la distancia, nosotros hemos de arreglárnoslas con otros factores que sujeten al visitante. No todo debe reducirse al turismo religioso, que por otro lado se ve en poco tiempo y a muchos hasta le marea el olor de las velas. Y no todo debe centrarse en un turismo cultural, en una época en la que la cultura resbala.
Bien están los dos, pero no podemos olvidar que hoy, querámoslo o no, el gusto sigue estando en la boca. Y Alba se presenta huérfana de una gastronomía “típica” que llame la atención. No nos equivoquemos: para un salmantino atrae más el vino de El Perdigón o los garbanzos de Tamames que el castillo de los Duques. Lo bueno es que una y otra cosa son compatibles.

Con este editorial reivindicando una diversificación de la oferta turística de Alba de Tormes abría sus páginas el número 29 de la revista L’Aceña que hoy recuperamos en versión digital y en el que, además de sus habituales secciones incluía una recopilación de los “Recuerdos de niñez” de Sánchez Rojas así como diversos artículos entre los que nos ha llamado especialmente la atención el titulado “De galgos y liebres” firmado por Diego Patrocinio.

miércoles, 13 de enero de 2010

Enero 1973. El Trece nº 17

Corría el mes de enero de 1973 y ya a estas alturas, El Trece alcanzaba a su número 17, parecía haberse granjeado el afecto de la mayoría de los albenses. Así al menos se desprende del escrito remitido a su redacción por la Comisión de festejos y la Sociedad de Amigos de Alba en el que reconocen los valores del informativo al que brindaban su colaboración.
cuando
En cuanto a los contenidos de esta edición destacamos, por un lado, la sugerencia de atribuir a algunas calles nombres más relacionados con nuestra historia de los que por entonces (y actualmente) tenían; por otro, las reseñas relativas a la solidaridad demostrada con los damnificados por el terremoto de Managua, a cuyo beneficio se recaudó un montante superior a las 35.000 Pts., de las que 11.000 se lograron en las dos horas escasas que duró la “ronda” que en la mañana del día de Navidad efectuó, por las calles de la villa, la tuna recientemente creada; y por último, su “Radiografía” dedicada, en esta ocasión, a Jesús Acevedo, decidido impulsor del deporte en Alba de Tormes y cuya semblanza me produce un emotivo recuerdo.

jueves, 7 de enero de 2010

Año nuevo, revista nueva


Y llegó el 2010, y con él apenas estrenado, nos encontramos con la sorpresa y la satisfacción de una nueva publicación periódica en Alba de Tormes:
Alba Verde, revista bimensual del Taller de Empleo del mismo nombre, que con un contenido variado y una orientación pedagógica edita la Escuela Taller Signo XXV de Santa Marta de Tormes, y que hoy, 7 de enero, ha sacado a la luz su número 1 que ya incorporamos los fondos de nuestra Hemeroteca digital.
Desde estas páginas virtuales de Entre el Tormes y Butarque felicitamos a los promotores de la nueva publicación, al tiempo que nos congratulamos por su nacimiento y hacemos votos por su continuidad.

lunes, 4 de enero de 2010

Otra vez Alba del revés

Efectivamente, de nuevo Alba del revés.
Así la vimos en una instantánea que recoge un momento del rodaje de la película El Fotogénico publicada en el libro programa de fiestas de octubre 2007, y que con el titulo de Así no fue la película presentamos en nuestra sección de Curiosidades en septiembre de 2008; y así la volvemos a ver en esta nueva fotografía con la que me he encontrado mientras buscaba documentación sobre Alba de Tormes, y que fue publicada en el diario ABC en su edición correspondiente al 8 de octubre de 1922.
Parece que en ambos casos los duendes jugaron una mala pasada y aplicaron a la publicación de las dos fotografías un efecto espejo que distorsiona por completo su perspectiva.


viernes, 1 de enero de 2010

jueves, 31 de diciembre de 2009

José Sánchez Rojas. "In memoriam"

Para conmemorar el aniversario del fallecimiento de unos de nuestros más ilustres coterráneos, José Sánchez Rojas, acaecido un 31 de diciembre, como hoy, del año 1931, incorporamos a estas páginas electrónicas el obituario que con este motivo, y firmado por el que fuera su director, Antonio G. de Linares, publicaría el 10 de enero de 1932 la revista madrileña Crónica.

“In memoriam”
José Sánchez Rojas

Entró en mi despacho la otra mañana, como entraba casi todos los días, sin anunciarse, sin pedir permiso, apareciendo de pronto ante la mesa de trabajo y tendiendo por encima de ella un brazo esquelético y una mano alargada, inerte y fría, recogida en si misma como esas cortezas de árbol que se abarquillan al desprenderse del tronco: una mano muerta.
— ¡Hola, maestrito!
Era su saludo de siempre.
Arrojó sobre la mesa un ejemplar de Los elogios, de Maragall, diciéndome:
— Este es mi regalo de fin de año.
Luego, sin dejarme tiempo de contestar ni de darle las gracias, anunció de un tirón, con la impaciencia y el alborozo de un niño a quien llevaran de viaje por primera vez:
— Me voy a Salamanca. Pasaré allí las Pascuas. Luego marcharé a Galicia, para dar algunas conferencias en Santiago, en La Coruña, en Vigo.
— ¿Y esa salud?
Bien
— ¿Se acostó usted temprano, anoche?
— Si. A las cuatro de la madrugada.
— ¡Pero hombre!
— No me riña, maestrito. Voy a enmendarme. Se lo prometo. Ya ve que me he comprado este traje y que le cepillo casi todos los días. Y vengo afeitado, peinado, casi elegante.
— Si; pero me han dicho que anoche, con varios grados bajo cero, salió usted del Ateneo sin abrigo, y así estuvo paseándose en busca de otra pulmonía como la del año pasado.
— iQuiá! Este traje es muy fuerte.

◊ ◊ ◊ ◊ ◊

Se fue, dejándome sobre la mesa tres artículos para publicar durante su ausencia, el libro de Maragall que me ofreció como regalo de fin de año y el montoncito de ceniza del último cigarrillo que le vi fumar.
— Adiós, Rojas. Buen viaje. Cuídese mucho. Salude, en mi nombre, a Mary.
— Mire usted su último retrato.
— ¡Muy hermosa y, lo que es mejor, muy buena!
— ¡Hombre! Más que buena, santa.
Volvió el retrato de Mary a la cartera de Rojas; a la cartera que nunca supo de otros tesoros que no fueran los retratos y las cartas de Mary.
Y la mano inerte y fría, la mano muerta, volvió a tenderse por encima de la mesa:
— ¡Adiós, maestrito!
— ¡Adiós, Rojas!
Creímos que en aquel instante nos separaba únicamente la trivialidad de una jornada más, en la vida. Pero entre nosotros estaba ya Nuestra Señora la Muerte, indecisa todavía en la elección de uno de los dos para la suprema cita. Ahora, el elegido ha sido él… Pero mañana, al decir adiós á otro buen amigo, pensando volver a verle, el elegido y el eterno ausente seré yo.

◊ ◊ ◊ ◊ ◊

Mary fue en la vida de Rojas el hada buena que incansablemente se esforzó por deshacer los maleficios de las hadas malas: de esas hadas crueles que dotaron Rojas de un rostro de insuperable fealdad, para que ese rostro fuera máscara tras de la cual poca gente acertara a percibir el alma insuperablemente bella que ocultaba. Alma de niño, abierta siempre a la bondad, al optimismo y al amor; alma que en un cuerpo apolíneo hubiera irradiado encanto y seducción, atrayendo a las almas femeninas con poderoso imán; alma que, prisionera de su envoltura casi monstruosa, ofrecía en vano sus tesoros a la mujer, eternamente deseada y eternamente fugitiva.
De Mary, el hada buena de Rojas, yo sólo supe que era, y es, una señorita de la mejor sociedad de Salamanca; una señorita que admiraba al hombre de talento y de cultura excepcionales que era Rojas, y se apiadaba de sus miserias, de sus flaquezas y de sus desgracias. «Mi sobrina Mary», la llamaba Rojas. Pero más que la sobrina, era la hermana del alma: la que prevenía, la que aconsejaba y la que en las horas malas prodigaba ayuda y consuelo.
Más de una vez, en días señalados —el de su santo, el de su cumpleaños, la víspera de Nochebuena—, Rojas llegó a mi despacho mostrándome una carta certificada que acababa de recibir, con el sobre escrito a maquina, y en su interior, prendidos a un pliego en blanco, algunos billetes.
Rojas declaraba:
— No se quién me manda este dinero, maestrito. Pero llega como enviado por el cielo. ¡Estaba ya sin un cuarto!
Yo examinaba los matasellos. La carta venia siempre de Salamanca. Y sobre el pliego en blanco, donde nadie había trazado signo alguno, yo leía siempre, con inmensa ternura, el nombre del hada buena y discreta, de la hermana del alma: de Mary.
En los telegramas que refieren la muerte y el entierro del pobre Rojas se habla de las coronas de flores que cubrían el ataúd. Y se dice que una de ellas llevaba en las cintas esta dedicatoria: «A Pepe Sánchez Rojas, con mucho cariño. Mary Santiago Vidal»
Por vez primera leo los apellidos del hada buena; de esta Mary que iluminó con dulce y pura luz las tinieblas del bohemio y triste poeta; de esta Mary a quien no conozco, y que, sin embargo, desde hace mucho tiempo, y por el bien que hizo al gran amigo común, tiene un altar en mi corazón.

◊ ◊ ◊ ◊ ◊

Don Francisco de Asís Cambó hizo cuanto pudo por salvar a Rojas; por salvarle no solamente de la muerte, sino también de la vida absurda y mortal que era la suya.
Le encargó trabajos literarios, pagados espléndidamente. Quiso llevarle consigo en un largo viaje de placer por el próximo Oriente. Y cuando, hace ahora un año, cayó Rojas enfermo, con los pulmones destrozados ya, y estuvo próximo a morir, Cambó le envió algunos miles de pesetas, con la orden de recluirse en un sanatorio de altura y la prohibición de salir de allí, en tanto que no estuviese completamente curado. Cambó pagaba todos los gastos. Rojas obedeció, y durante algunos meses cuidó, al fin, de su salud. Pero la proclamación de la República le llenó de ilusiones y de afanes. Quería colaborar en la obra de renovación española. Quería ver de cerca los acontecimientos. Quería entrar de lleno en el hervor y la inquietud de los tiempos nuevos. Y un día, faltando a la promesa que había hecho a don Francisco de Asís Cambó, José Sánchez Rojas huyó del sanatorio, vino a Madrid, se lanzó a la corriente, volvió a las malsanas tertulias de café, pasó las noches en los cabarets y en la calle, olvidó toda precaución y todo régimen, y de día en día perdió la poca vida recobrada durante los meses de prudente retiro. Cayó en Salamanca, como hubiera caído en Madrid. Y él, que amaba tanto las bellezas de la vida, no supo ahorrar una sola hora de su existencia, como no supo jamás ahorrar una peseta, cuando, dueño de algunos centenares de ellas, las gastaba en una noche, o en un día, para ver en torno suyo un poco de alegría, verdadera o fingida, sin pensar que algunas horas después volvería a encontrarse, solo y misero, frente al problema de no tener con qué pagarse una humilde comida de taberna.

◊ ◊ ◊ ◊ ◊

Rojas era un altísimo poeta que escribía en prosa para librar de todo artificio y de toda esclavitud su exquisita y libérrima poesía.
Y era Rojas un bohemio irredimible, incapaz de previsión, de cálculo, de orden y, en suma, de cualquiera de esas cualidades indispensables para «saber vivir» con arreglo a la ciencia correcta y fría del egoísmo.
Rojas era quizá el último verdadero poeta, en estos días en que los rimadores miden sus versos calculando al mismo tiempo la utilidad que pueden reportar.
Y Rojas era, sin duda alguna, el último verdadero bohemio, en estos días en que la falsa bohemia sirve de disfraz a los negociantes del cinismo.
Rojas era... ¡Que triste es hablar de él así, en pretérito! Pero la Muerte, Nuestra Señora, estaba entre nosotros cuando por última vez nos dijimos adiós: un adiós que debía ser, y será, al cabo, «hasta luego».

ANTONIO G. DE LINARES
Crónica, 10 de enero de 1932

martes, 29 de diciembre de 2009

Una institución centenaria.

Casi se nos escapa el año sin hacer mención alguna a una institución albense que en este 2009 que ahora termina alcanza sus 100 años de existencia.

Nos estamos refiriendo al Casino de Alba de Tormes (merecedor, sin duda, de un posterior y más exhaustivo estudio), cuya fundación ya venia siendo objeto de consideración desde noviembre de 1907 por algunos vecinos quienes “desarrollaron la idea, y desde luego acordaron, con el deseo de procurar algún mejoramiento a esta villa, constituir, con las personas que se adhirieran una Sociedad Civil Anónima para la construcción de un edificio capaz para instalarse un Casino y Fonda de nueva planta…”

En el mes de enero de 1909 se materializaría legalmente esta idea con la constitución, ante notario, de la Sociedad Civil Anónima LA UNION, la redacción de sus estatutos, (a los que podríamos considerar como el primero de sus Reglamentos) y la posterior construcción de un nuevo edificio que cambiaría radicalmente el aspecto de nuestro Bulevar (antigua plazuela de la Concepción) que, años más tarde, sería glosado por Antonio Álamo en su Senda Emocional de Alba de Tormes.

«Dos edificios –el “Casino” y el “Palacio de la Vizcondesa”- dan al “Bulevar” todo su aire cosmopolita y romántico: cosmopolita, por sus hechuras y formas elegantemente sencillas y sencillamente elegantes…, por su sincera esbeltez…, por su arrogancia ciudadana; romántico por sus verjas y por sus acacias…»

Lamentablemente ese aire cosmopolita y sobre todo ese aire romántico se perdería definitivamente cuando, en la pasada década de los ochenta, la piqueta reducía a bloques de viviendas estas sencillas y elegantes edificaciones.

Entre tanto el edificio promovido por la Sociedad Civil Anónima La Unión alcanzaría los objetivos que impulsaron su construcción y se convertiría, desde el 4 de enero de 1914, en la sede del Círculo de la Amistad de Alba de Tormes (popularmente conocido como Casino y actualmente alojado en un nuevo edificio levantado sobre el mismo solar) y albergaría a lo largo de su historia distintos establecimientos hosteleros, así como diversas dependencias administrativas (Auxilio Social, Organización Sindical…)


. . . . . . . . . . .
. . Constitución. . . . . . . . ......... . . . . . . . . . . . . Reglamento 1982